Elina y el sexo (I)

Posted August 5th, 2009 by Elina Tonekawa

lolita-new.jpgSara tiene unos muy bien llevados 16 años, una preciosa melena castaña, mirada inocente, sonrisa burlona… y ayer lo hizo por primera vez… GRACIAS A MI ;)

*Nota: ¡Stop! ¡Alto! ¡Suelta ese teléfono! Antes de que denuncies al Defensor del Menor para que cierre este blog y me castre químicamente, déjame que te explique el origen de la historia…

Todo empezó hace un par de semanas, cuando el hijo adolescente de un familiar me asaltó por el messenger para contarme que Sara y él habían decidido empezar a “salir juntos”… ¡Oh, sí, era su primera cita! estaba muy emocionado y necesitaba urgentemente mi consejo sobre cómo proceder en los apasionantes pero siempre difíciles albores de una relación sexual.

MI consejo. Madre mía, menudo aprieto… ¿pero qué se le dice a un adolescente que quiere saber cómo tomar “contacto” con una chica?¿Que vaya de playboy y la acorrale en un picadero con decisión, condones y aparente exceso de confianza? ¿Que se pegue una ducha fría y vaya a confesarle semejantes pensamientos impuros a sus padres (¡y no a mi!)? ¿Que elabore una propuesta de actuación afectivo-sexual a doble espacio y la vote con sus amigos en clase de Educación para la Ciudadanía? ¡¿Qué?! :-O

Y es que, si bien hoy día se presume de liberalidad y educación sexual “abierta y moderna”, yo sigo teniendo la impresión de que aquí a la hora de la verdad cada uno tira por donde sus prejuicios (y sus hormonas) le empujan. Yo al menos tengo muy claro que soy la persona menos indicada para dar consejos sexuales (y así se lo hice saber al muchacho), porque mi vida y la de muchos de mi generación (no sé si os ocurrirá lo mismo) ha estado plagada de mensajes sumamente contradictorios y experiencias deliciosamente irracionales en torno al SEXO.

Lo que sí puedo es compartir con vosotros el relato de algunas de aquellas experiencias, como hice con el jóven aprendiz de Don Juan… esperando que esto ayude a poner en orden mis ideas y que de ellas, luego cada cual saque sus propias conclusiones ;)

*Nota: ¡Sí, amigos!… abróchense los cinturones… en el que probablemente será su último post en Teclarios (debido a la censura que me va a caer encima ;-P) Elina pretende crear una saga de post sobre algunos episodios de su turbulenta y lamentable vida sexual. ¿Qué será lo próximo? ¿Subirnos los videos caseros que grababan sus padres cuando tenía 7 años? :-S En fin, puedo prometer y prometo que volveré al recto camino del saber Teclario… pero por hoy, como es veranito y eso, disfrutad de mis aventuras (que tienen que ver con la Informática más de lo que parece, como se apreciará más adelante)

japonesa-ampliada.JPGEPISODIO 1: ¡¡¡Masturbaos, masturbaos!!!
(o Los Peligros de una Pedagogía Esquizofrénica)

Antes de lanzarme a culpabilizar al mundo, he de reconocer los hechos. Yo YA NACÍ siendo un pervertido sexual
Bueno, al menos un poco :) Recuerdo perfectamente, y lo he corroborado en varias ocasiones, que a la temprana edad de 9 añitos (¡en serio!) ya me pasaba el día rebuscando en las revistas de mi madre a ver si encontraba algunos de esos escotes (o incluso tempranos top-less) que los pícaros publicistas de la época insertaban hasta en la más inocente de las publicaciones… ¡y era porque ya, tan jovencito, albergaba la más perversa de las intenciones que un pre-adolescente puede tener para con una dama retratada en papel couché! (sigh…)

Osea que el Mal estaba ahí, amigos. Oh, sí. Pero la cosa se agravaría con el paso del tiempo y según me fuí juntando con una panda de salidos y frikis de mucho cuidado (mis amigos, un abrazooo…), llegué a ser testigo de episodios dignos de una película de los Porky’s.

A medida que mis hormonas tomaban control sobre mí, pasé bruscamente de ser el empollón recatado al macarra-payaso de la última fila, que se pasaba el día intentando pillar cacho (¡yuju! ¡meto mano y hago reir a las macizas de clase!) pero sumido cada vez más en un pozo de fantasía y onanismo sin salida… ¡y sin novia a la vista, claro! (a diferencia del macarra-no-payaso, que eran esos otros que directamente -sin risas ni hostias- se cepillaban a las macizas).

Sin embargo mi educación y mi vida “externa” tenían una apariencia completamente normal y casta. No diré que explicitamente nos censurasen las gamberradas cargadas de testosterona, pero sí que es cierto que -aunque yo no lo llamaría exactamente “reprimir”- no se hablaba de sexo PARA NADA. El tema parecía no existir, o al menos no despertar el tremendo interés que despertaba en mi. Todas las “cochinas aventuras” en que nos metíamos sencillamente pasaban desapercibidas para nuestros padres y educadores (y así deseábamos que siguiesen por muuuucho tiempo). Amén.

Como nota del ambiente contradictorio que respiraba, recuerdo una anécdota de cierto profesor de filosofía, supuestamente católico, apostólico, romano y conservador a más no poder.

Ese tipo realmente nos tenía acojonados. Era enorme, con el pelo blanco y una cara de loco de las que te entran ganas de echar a correr al verlas. Ya habíamos recibido individual y colectivamente varias broncas en clase y eran realmente aterradoras. Cualquier mínimo equívoco al responder a sus preguntas podía ser interpretado como una burla o un insulto personal hacia él que le haría enrrojecer, salir espuma por la boca y arremeter verbalmente contra quien fuera.
Pues bien… un día, sin venir a cuento (¡ni siquiera estábamos hablando de sexo!, sino de drogas o algún otro “peligro” que la juventud de bien debía evitar) su cerebro hizo “click”. Simplemente se desató. No sé que demonios pasaría por la cabeza de ese hombre en aquel momento pero se puso de pie y nos gritó con furia: ¡¡¡Masturbaos, masturbaos!!! ¡El pecado hay que probarlo por uno mismo, no se puede aprender de los errores de los demás… blah blah blah! ¡¡¡Masturbaos, masturbaos!!! Evidentemente no me acuerdo del discurso completo (estaba demasiado ocupado en contener la risa histérica a la par que no mearme encima del miedo), pero la idea de su doctrina era algo así.

A lo largo de mi vida he escuchado mensajes similares a este de gente de la que no te lo esperarías (por ejemplo, un sacerdote me llegó a explicar que lo insano no eran los actos impuros en sí mismos sino el hecho de que no los realizáramos DE FORMA MÁS CREATIVA XD)… pero aquel episodio del viejo profesor desbocado convocándonos a la masturbación colectiva me marcó de veras y significó el comienzo de mi turbulenta carrera como explorador sexual, empezando -como no- de fracaso en fracaso ;o)

PD: Corto el rollo por ahora, amiguitos, pero creédme: hay mucho material ;-P. Si ha gustado, en próximos episodios hablaré de mis incursiones en el mundo del desarrollo de videojuegos eróticos (“Corría la era de los 8 bits, cuando la Informática y el Porno entraron en mi casa de la mano…” ), de los sabios consejos sexuales de mis amigos más enfermos (“¡Oh, vamos! Todos sabemos que a diferencia del de la mujer el deseo sexual masculino no solo NO se inhibe sino que se POTENCIA con el desprecio) o del desmadre y la lujuria que trajo la red de datos interna y la convivencia con féminas al colegio mayor originalmente masculino -y nominalmente religioso- donde estudié (“¡Bah, otra peli de lesbianas!… tan aburridas como John Woo intentando hacer cine sin pistolas”).

Diálogo en la oscuridad

Posted August 3rd, 2009 by Hugo de Payens

  Querida Kitty,

En mis días por Atlanta, no podía dejar pasar la oportunidad de visitar las, en general, pocas cosas que esta ciudad olímpica nos ofrece.

Una amiga me envió el enlace a diddit, una página Web con la lista de lugares imprescindibles a visitar en diferentes ciudades del mundo (quizá enfocado principalmente en Estados Unidos, porque de Madrid vienen 7, con la FNAC por encima del Palacio Real o el Reina Sofía… y sin rastro de Barcelona, Toledo o Granada…).

El caso es que de Atlanta vienen 10… de los que destacan el “Georgia Aquarium“, el acuario más grande del mundo, situado en la misma plaza (y financiado por, creo) el “Mundo de Coca-Cola“, un museo dedicado a dicha bebida, que fue creada por John S. Pemberton en 1885. También están relativamente cerca el parque de atracciones “Six flags over Georgia” con unas montañas rusas que estoy deseando probar, y el “Stone Mountain Park“, un parque natural montado alrededor de un pedrolo de granito de 251 metros de altura y 8 kilómetros de circunferencia, con el bajorelieve más grande del mundo, de 12.000 metros cuadrados (entre dos y tres campos de futbol). Si unimos a todo esto algunos estadios, el parque olímpico, el Fox theatre y el CNN Center (un inmenso recinto con restaurantes de comida rápida situado entre los edificios de la CNN), la lista llega a 10 con mucho esfuerzo.

Increíblemente, se olvidan del King Center, dedicado a Martin Luther King Jr, que nació y vivió en Atlanta y que sí aparece en muchas otras guías sobre Atlanta. Lo que no aparece en ninguna, sin embargo, es una “exhibición” que aquí en Atlanta va de la mano de la archiconocida Bodies, y que se conoce internacionalmente como Dialogue in the Dark (Dialog in the Dark en Estados Unidos).

Cartel de “Dialog in the dark”

Nos habían hablado bien de ella, a si es que fuimos dos amigos y yo para allá, con nuestras flamantes bicis. Por el camino, tuvimos que preguntar a la que parecía una familia de indios, con los dos padres cercanos a la jubilación y su hijo. Amablemente nos indicaron dónde estaba, y entre alguna que otra vuelta inútil y aparcar las bicis, cuando llegamos a la taquilla nos encontramos a los tres a los que acabábamos de preguntar comprando sus entradas para el mismo sitio donde nosotros íbamos.

Al ir a pagar… su tarjeta de crédito no funcionó, y tuvieron que marcharse a sacar dinero. Mientras, fuimos a sacar nosotros tres la entrada, y se dio la peculiar situación de que… sólo quedaba aforo para 5 personas, y 3 entradas estaban aún bloqueadas por la familia anterior. Por tanto, tuvimos que esperar a que las desbloquearan, y en ese rato, volvieron los tres indios, que religiosamente volvieron a colocarse en la fila detrás de nosotros…

La taquillera les avisó que sólo quedarían dos entradas para ellos, porque sus tres nos las íbamos a llevar nosotros. Y claro… fue un tanto incómodo :-) Además, nosotros también pagamos con tarjeta, a si es que se quedaron ojo avizor a ver si el problema había sido de su tarjeta o del lector y a nosotros tampoco nos funcionaba… Finalmente se dieron por vencidos y dijeron que volverían otro día, mientras, desagradecidos, nosotros nos hacíamos los guiris simulando que no entendíamos.

En cualquier caso, y volviendo a lo importante, al entrar te dan la bienvenida … un  montón de, literalmente, bastones de ciego:

Bastones de ciego a la entrada de “Dialog in the dark”

Cada asistente debe coger uno, asegurarse de dejar en las taquillas cualquier cosa que emita luz (relojes, móviles…) y entrar en una zona en penumbra.

Una vez dentro, nos da la bienvenida una persona que nos dirige a unos asientos cúbicos iluminados por dentro. En un inglés infernal nos cuenta que la exhibición consiste en experimentar actividades cotidianas desde el punto de vista… de un ciego. De modo, que tendremos un guía profesional que nos hará recorrer diferentes lugares, y nos pondrá a prueba. Nos da unas breves instrucciones sobre el uso del bastón, y nos abandona, mientras las luces de los asientos se van difuminando cada vez más hasta llegar a la más absoluta oscuridad.

En ese momento se oye a nuestro guía, con un inglés negro difícil de seguir. No hemos perdido solo el sentido de la vista, sino también prácticamente el del lenguaje…. ¡¿pero dónde aprende a hablar esta gente?!

El caso es que, en la más completa oscuridad, nos va llevando por los diferentes lugares que se recrean en la exhibición: un supermercado, donde podemos tocar y oler la fruta, latas, y otros productos, para terminar pasando por la caja registradora. También paseamos por un parque, con unos bancos que resultan muy difíciles de encontrar, subimos a un barco que se mueve y que casi te marea al no tener referencias visuales, y también a una concurrente calle donde se oyen coches por todos los lados, y un trino salvador que te indica cuando y por dónde puedes cruzar.

La exhibición acaba en un bar, donde tenemos que buscar la barra y nos atiende un amable camarero donde podemos comprar y pagar bebida (de verdad), y luego buscar un lugar donde sentarnos. Hasta este momento, el grupo era de unas 10 personas junto con el guía… que es mucha gente dando palos de ciego, la verdad. En el bar, sin embargo, la cosa se pone peor, porque se juntan otros grupos más que han hecho rutas diferentes, por lo que supone algo más de agobio.

Al final, el grupo inicial acabamos sentados con nuestro guía, conversando, lo que da nombre a la exhibición y su “Diálogo en la oscuridad”. El guía nos cuenta que… de hecho es ciego. Cosa que resulta increíble, porque en algunos momentos algunos terminamos completamente perdidos y el tipo sabía dónde encontrarnos (yo llegué a pensar si tendría algún tipo de gafas de visión nocturna o algo). El diálogo se centra por tanto en preguntas sobre su vida diaria, una vez que todos nosotros hemos experimentado lo que para él es el día a día.

La experiencia es inolvidable y no se puede expresar con palabras la desorientación que se siente. Parece que la idea nació en Alemania a finales de la década de los 80, y desde entonces se ha ido expandiendo y está en varias ciudades alrededor del mundo (a España no ha llegado). Lo verdaderamente bonito es la actividad social que ocasiona, pues da trabajo a un montón de gente ciega que se convierten en guías de videntes, en lugar de necesitar a videntes guía. Una de las asistentes mencionó en el bar (a oscuras) que también en Alemania había surgido una idea similar llamada “Eating in the dark”, consistente en restaurantes en los que se comía completamente a oscuras (también con camareros ciegos). Esto no sólo sirve para mostrar las dificultades, sino también lo que intimida llevarse a la boca algo que no se sabe lo que es, y, sobre todo, dejar que sea el gusto y el olfato el que te guíe y puedas concentrarte en los sabores al no tener imágenes que te despisten.

Por tanto, si en vuestros viajes caéis en en alguna de las ciudades donde se puede asistir a Dialogue in the Dark, os recomiendo que no dejéis pasar la oportunidad de ir. Y ya de paso, preguntad a vuestro guía cómo sueña un ciego, que a nosotros se nos ocurrió demasiado tarde.

Para los que no podáis asistir, os dejo una foto:

Interior de Dialog in the Dark

Lástima que no me dejaran usar el flash.

Mi último helado

Posted July 23rd, 2009 by Hugo de Payens

Fue en un pasillo solitario de un olvidado aeropuerto estadounidense.

Mi último helado

De captchas y gotchas

Posted July 21st, 2009 by Hugo de Payens

Diario de Rorschach, 20 de Julio de 2009:

Me cuentan que en el panorama de las descargas directas hay tres actores principales: MegaUpload, GigaSize y RapidShare. Todos proporcionan un uso gratuito (y limitado) y otro de pago (y sin restricciones). Aunque varía con la localización geográfica, normalmente sólo permiten una descarga simultánea, y algunos tiempos de espera entre descargas. Por ejemplo, los dos primeros te fuerzan a esperar cosa de un minuto antes de poder comenzar la descarga. El último es mucho más estricto: aparte de esa espera, te exige un tiempo de nada más y nada menos que 15 minutos para realizar una segunda descarga.

Como ocurre en estos casos, el amigo de un amigo quería bajarse precisamente de RapidShare (el de los 15 minutos entre descargas) varios ficheros. Con paciencia y unas cañas no hay problema… pero si el número de ficheros asciende a nada más y nada menos que 400, la cosa se convierte en inmanejable. En realidad, si no hay prisa para la descarga, de nuevo, no hay problema por hacerla… pero es demasiado laborioso. Además, mi amigo me contaba que le resultaba muy agobiante tener que andar pendiente de si habían ya pasado los 15 minutos de espera y podía poner el siguiente.

De modo que me pidió ayuda…

De un rápido vistazo es fácil darse cuenta de que RapidShare es el único de los tres que no tiene captcha, esos pequeños retos de letras retorcidas que sirven para averiguar si el solicitante de la página (o servicio) es o no humano. A si es que… gotcha! ¿Habría alguna manera de automatizar las descargas? Dado que no hay prisa (mi amigo no necesitaba esquivar la limitación de los 15 minutos) ¿podría hacerse algún programita para conseguir que los 400 enlaces se bajaran solos?

Con mi sombrero de analizador  de aplicaciones Web y un diccionario de alemán, me cargué de paciencia y empecé…

Cuando se introduce la URL de la descarga directa, RapidShare nos saluda con:

Elección tipo de usuario en RapidShare

Si se analiza el .html veremos que el botón “Free user” está en un formulario, que invoca a una URL de un mirror de RapidShare con el parámetro dl.start=Free. Por tanto, el primer paso de nuestro programilla es ir a la página del enlace original, buscar la URL del formulario (un simple grep servirá), y llamar a la URL usando el método Post de HTTP con el parámetro anterior.

Tras pulsar el botón, un usuario normal,  verá la segunda página:

Espera en RapidShare

En ella se exige una espera determinada, cuya longitud depende del tamaño del fichero solicitado. Si miramos en Matrix (esto… en el html) veremos que toda esta página está programada con JavaScript. Cuanto termina el contador, el html se automodifica y nos deja ver un botón de descarga, e incluso elegir el servidor espejo del que descargárnoslo. El código del botón, y las opciones de los servidores lo tenemos en realidad desde el principio en el .html, por lo que nuestro programilla podría leerlo sin la espera. Sin embargo, los servidores se comunican entre sí, y si nos vamos directamente al servidor del fichero éste nos dirá que necesitamos JavaScript en nuestro navegador al haber podido pulsar el botón sin hacer la espera :)

Por tanto, lo que tenemos que hacer en nuestro programa es sacar el tiempo y esperar. Para eso basta buscar var c= y mirar el valor asignado, que será justo el tiempo inicial de espera en segundos. De nuevo, un grep y un poco de magia de expresiones regulares son suficiente para sarcalo.

Una vez hecha la espera, un usuario normal verá la página completa, para realizar la descarga:

 Boton de descarga en RapidShare

Si se pulsa el “+” a la izquierda de “Advanced download settings” aparecen un grupo de botones de radio para elegir el servidor espejo del que descargarse el fichero, aunque normalmente el marcado automáticamente (elegido por RapidShare) será el que se use.

Nuestro programa debe extraer del .html (y de los botones de radio) la URL para comenzar la descarga. Para eso, lo sacamos de las líneas:

‘<input  type=”radio” name=”mirror” onclick=”… [mirror] … ” >

del formulario de elección del servidor. Si queremos escoger el que RapidShare nos ha propuesto, podemos buscar la cadena checked para saber cual estaba marcado.

Una vez elegido, saltamos a él. Pero, de nuevo, el botón está en un formulario, y la solicitud de descarga debe hacerse con Post. Ahora los parámetros son mirror=on&x=32&y=64 y listo. El servidor nos enviará sin más problemas el fichero.

Ten en cuenta, que en ocasiones la segunda página (la de la cuenta atrás) no nos llega así, sino con un error, bien porque tenemos que esperar 15 minutos hasta la siguiente descarga, bien porque no tenemos “slot de descarga” libre y nos toca esperar dos minutos a ver si hay más suerte la próxima vez. En ambos casos, nuestro programa debería salir limpiamente.

Una vez terminado, es suficiente con invocarlo un montón de veces, uno por cada URL que tengamos. Lo metemos en un script que espere 15 minutos entre invocaciones, y nos vamos a dormir.

Mi amigo me dice que anoche se bajó ya los 30 primeros enlaces.

Involución

Posted June 11th, 2009 by PhD McClain

Tengo 30 palos. Mis alumnos me lo recuerdan cada vez que abren el C++ Builder y me dicen:

“Este compilador es ya muy viejo, ¿verdad?”

A lo que yo les respondo:

“Yo lo usé cuando estudié tercero así que, al menos, tiene 10 años…”

Y en ese momento rueda una lágrima por mi mejilla.
Pero, pensándolo bien, vivimos en un momento muy afortunado para nosotros, gracias a las tecnologías que hoy en día nos rodean: podemos no crecer. Más aún, podemos volver hacia atrás en el tiempo y quedarnos allí.

Antes una película tenía fecha de caducidad: el tiempo que estaba en cartelera de tu cine de barrio más el tiempo que el Morty (que era el tipo de mi videoclub) decidía tenerla en el estante de pelis antes de llevarla al almacén en donde que morían bajo una capa de polvo. Podías comprar las más conocidas en VHS pero la oferta era limitada. Ahora, busca un poco y podrás volver a ver las que más te molaban porque están todas. Vuelve a partirte de la risa viendo a un imberbe Tom Hanks en Despedida de soltero, recuerda lo que te gustaría haber sido uno de Los Exploradores (sobre todo el que se echaba la novia), vuelve a verme con algo de pelo en La jungla de Cristal, o comprueba si ahora pasarías miedo con Re-Animator.

Por norma, los videojuegos que ahora salen al mercado no me gustan. Paso de tener que tener un mapa de teclas a mi lado para saber cómo tengo que mover a un personaje. ¿Qué fue de los juegos controlados con un simple QAOP-Espacio?¿Qué fue de las consolas con 4 flechas y dos botones?. No os preocupéis, tenemos emuladores de Spectrum, de Amstrad y hasta de las máquinas recreativas. ¡Viva! he podido quitarme mi frustración de adolescente y pasarme el Shinobi sin dejarme ni un duro. Y podemos volver a jugar a los de consola on-line. Menudo vicio. Lo divertido que era un monigote de dos colores hecho con cuatro cuadrados.

Pregunta a tus padres qué fue de sus compañeros de colegio. Es muy probable que ni lo sepan. Yo he encontrado a la mitad de ellos a través de Facebook. Nos vemos las caras 12 años después. Pensad en qué es lo que tendríamos que hacer para recuperar el contacto con esta gente: desempolva la chorbagenda, empieza a llamar a los padres de esta gente y reza para que confíen en un desconocido que le pide el teléfono de su hija, que ya está casada y con un churumbel. Ahora, desempolvas la chorbagenda, metes el nombre en el buscador, le pides ser su amigo acompañado de un mensaje que le recuerde quién eres y cruzas los dedos para que tenga la misma curiosidad que tú en ver qué aspecto tienes 12 años después (mira, está más gordo; joder, qué calvo se ha quedado; ¿pero yo me lié con este callo?; ¡¿!pero yo le dije que no a este pibón!?!).

¿Y qué me decís de la TV? Están volviendo todas las series de TV que veíamos. Hasta han hecho remakes de V, de Battlestar Galactica (cómo han cambiado para bien los Zylon), o de El coche fantástico. Y han reeditado todas las demás y puedes comprarlas en cualquier tienda (o descargarlas, por supuesto). O puedes volver a ver sólo aquéllas escenas míticas que te marcaron de por vida o que te descubieron a Tom Jones (nunca volví a bailar igual). Si eres más osado hasta puedes volver a ver esa escena cachonda que tanta gracia te hacía, bailarla en una fiesta, reeditarla y colgarla en Youtube para que alguien como yo te pueda enlazar desde un blog. Incluso tener acceso a la tele de entonces puede hacer hasta que te redescubras: he descubierto en mí un monologuista frustrado gracias a poder volver a ver El club de la comedia

Voy a terminar con la música. Recuerdo que en el radio-casette tenía metida siempre una TDK virgen para poder grabar las canciones que más me molaban. Al final, la mayoría de ellas estaban cortadas porque antes de que terminasen te metían una cuña publicitaria. Muchas de ellas permanecen en casa de mis padres como recuerdo del niño que vivió allí. Ahora ya no sólo puedo escuchar la música de los 80 y de los 90 sino que también puedo ver los vídeos musicales: los pantalones vueltos de los Kriss Kross, las gafas que llevaba en el cole (y que se vuelven a lleva ahora) de Rick Ashley, el pezón de Sabrina o lo linda que era Marisol en el 68 (ups, creo que esta vez he retrocedido demasiado).

Una reflexión: si las nuevas tecnologías nos permiten involucionar hasta nuestra pubertad, ¿nos quedaremos allí estancados o evolucionaremos? Mi opinión: Viva el retro.
¡Yippikayei, Teclarios!

Kindle bueno (pero caro)

Posted May 31st, 2009 by Moriarty

Hace un par de semanas Amazon sacó a la venta la nueva versión de Kindle, su… ¿cómo demonios llamarlo? ¿lector? ¿mostrador? mmmmm, digámosle soporte para libros electrónicos. Se trata de un dispositivo de tinta electrónica que permite mostrar libros y documentos pdf. Las principales kindlenovedades respecto a la versión anterior es que aumenta de tamaño hasta las 9,7″, y de capacidad hasta los 3500 libros (da para almacenar los libros de toda una vida, salvo que seas un lector compulsivo); además, la pantalla rota de forma automática. El nuevo Kindle mantiene la conexión 3G, la cual solo sirve para descargar los libros y los periódicos, y la opción de recitar los libros con su seductora voz (muy útil si añoras los tiempos en los que mamá te leía un cuento antes de irte a la cama). Con este Kindle de mayor tamaño, Amazon pretende ocupar no solo el nicho de los libros de lectura, sino también el de los periódicos, los documentos técnicos y los libros de texto.

Particularmente, creo que me sentiría un poco raro leyendo una novela en un bicho de estos, sin agarrar el libro como Dios manda y sin poder pasar físicamente las páginas. Recuerdo haber leído que un libro tiene el mecanismo de una puerta y que requiere de ti que lo abras y que entres, mientras que la tele es una ventana que muestra cosas, aunque tú no la prestes atención. Con el Kindle esta bonita comparación se va al carajo, porque la puerta sería algo así como sin bisagras y electrónica y no, no, no, ya no sería lo mismo. Soy bastante clásico para estas cosas, lo reconozco. Pienso que los objetos físicos tienen un encanto difícil de batir por sus hermanos electrónicos. Ahora, cuando vas a casa de alguien, ya no tienes rastro de las pelis que ve, ni de los discos que escucha. Si desapareciesen también los libros, ¿qué nos quedaría para fisgar? ¿el disco duro?

En fin, chorradas al margen, donde si veo que este tipo de aparatos son muy útiles para un teclario es para la lectura de los artículos científicos. Ahí sí lo tengo claro: ¡Kindle, te necesito! Soy del todo incapaz de leer un artículo en la pantalla fija del ordenador, sin poder agarrarlo con las manos o acercármelo a la cara (especialmente cuando no entiendo algo). Por ello, acabo imprimiendo un montón de artículos. Muchos casi ni los leo y acaban colapsando los archivadores o levantando montañitas sobre la mesa donde esperan ingenuamente ser retomados. Un dispositivo como el Kindle me simplificaría bastante la vida y me permitiría ahorrarle a la selva amazónica cerca de una hectárea al mes. Sin embargo, tras sopesar los pros y los contras, no me voy a hacer con uno (sorry, Amazonas).

La primera razón es que la gente de Amazon se ha subido a la parra con el precio: 485 dólares!!! Con ello, creo que pueden olvidarse de hacer negocio vendiéndo Kindle como soporte para libros de texto de colegios y universidades. Quizás el alto precio se explique porque Amazon pierde unos tres dólares por cada libro en soporte electrónico que vende, algo de locos. Para abaratar el coste de Kindle, algunos de los grandes periódicos americanos lo venderán a precio reducido junto con la suscripción a la versión electrónica de su diario, pero claro… ¿para qué querría yo suscribirme a The New York Times? Otra razón para descartar la compra del Kindle es que este dispositivo no tendría mucho recorrido en España donde no existen casi libros en formato e-book (aunque sí hay un mundo pirata emergente en formato pdf) y donde los periódicos todavía no tienen su versión en e-book. Y la tercera razón para decirle no al Kindle es que es un dispositivo muy rígido y con pocas funcionalidades para el uso que yo querría darle.

Mi Kindle ideal debería tener pantalla multitáctil y, algo fundamental para la lectura de artículos científicos y libros de texto, debería permitir escribir sobre la pantalla (con reconocimiento de escritura, a ser posible), de forma que las anotaciones se guardasen asociadas al texto que se está mostrando y se pudiesen superponer (o no) en el mismo. Si además el dispositivo incorporase también WiFi y un navegador para acceder a internet cómodamente desde la cama o el sofá (algo así ya existe por menos de 200 dólares), sería prácticamente perfecto y su valor se acercaría más a los 485 dólares que ahora cuesta. El público potencial de este dispositivo, no sólo sería la comunidad teclaria, sino cualquier oficina donde los informes en papel estén a la orden del día (es decir, cualquier oficina). El sueño de trabajar sin papelajos sería un poco menos loco y un poco más real.

Actualmente, aunque existen otras alternativas a Kindle (Sony Reader, Papyre, iRex…), ninguna ofrece, de momento, nada que se aproxime a mi ideal. Por tanto, toca esperar a que el mercado madure. Eso serán unos añitos más sobre el papel, me temo.

P.D. No pude evitar hacer la bromita chorra con el título del post. Alternativas como “Kindle sorpresa” o “Huevo Kindle” tenían peor encaje. ;)

La igualdad y la orientación a objetos

Posted May 15th, 2009 by Hugo de Payens

Cuando vivíamos en el tranquilo mundo de la programación estructurada (incluso con C), era fácil saber que la igualdad era real. Por ejemplo ante la sentencia:

a = b;

Sabremos que el resultado de la expresión del lado derecho se asignará a la variable del lado izquierdo. Si por el camino tienes punteros, te da igual: se asignan los punteros y listo.

Pero cuando llega la orientación a objetos, la igualdad pasa a ser mucho más dudosa. De nuevo, ante el código:

a = b;

asignamos en el atributo a, el objeto b. Pero, ¿lo asignamos realmente? Si cambio el objeto b, ¿cambiará también el objeto a? En Java no soy consciente de los punteros (como lo era en la programación estructurada), y sin embargo, como todos sabemos, si cambio b, también cambia a.

Obviamente, el problema está en si la igualdad hace copia superficial o profunda. Pero, en realidad, no he venido hoy a hablar de eso. He venido a hablar de un tipo de igualdad que hoy está mucho más de moda. Un tipo de igualdad que también ha cambiado en el salto a la orientación a objetos (siendo estrictos, la anterior era asignación, no igualdad).

Y es que, en la programación estructurada, teníamos las variables, y las funciones. Ahora tenemos los objetos, los atributos, los métodos y los interfaces.

En el único sitio donde ellas permanecen es en las clases. Pero, en realidad, es una confabulación para engañarlas y tenerlas contentas. Porque todos seguimos pensando en masculino. Por eso hablamos de la clase padre.

Menos mal que nuestra ilustrísima Ministra de Igualdad no programa. O, al menos, no pasó de Pascal (claro, que si alguna vez aprendió a programar, seguro que lo hizo en Ada).

La misma canción: I hung my head

Posted May 7th, 2009 by Moriarty

Una noche de mediados de la decada de los 90, Gordon Matthew Thomas Sumner tuvo una pesadilla extrañísima. En ella, Gordon cogía el rifle de su hermano y se subía a una colina. Desde allí, divisaba a un jinete solitario y, sin saber muy bien por qué, le disparaba con el rifle. El jinete caía fulminado. Gordon, dándose cuenta de lo que acababa de hacer, lanzaba el rifle a un arroyo y echaba a correr para despertarse de ese mal sueño. Al encontrarle, el sheriff le preguntaba que por qué corría tanto y él, desesperado, confesaba su crimen.  Al juicio asistía todo el pueblo. En él, Gordon, arrepentido de su crimen, pedía perdón, mientras deseaba estar muerto. La sentencia era consecuente con sus deseos: a la mañana siguiente, Gordon moría ahorcado en la colina. En aquel momento, Gordon divisaba al jinete que se acercaba hasta el pie de la horca y le subía a su caballo para cabalgar con él hasta el fin de los tiempos.

Al terminar la pesadilla, Gordon se levantó empapado en sudor y se rascó la cabeza. Aquello no tenía ni pies, ni cabeza. Él era más inglés que el té de las cinco y había tenido un sueño salido de una América profunda habitada por vaqueros. Por si fuera poco, no había disparado un rifle en su vida y se consideraba un pacifista convencido. Gordon, que era cantante, pensó que al menos el sueño podía servirle para escribir una canción. En realidad, a Gordon ni su madre le llama Gordon, así que le llamaremos por el nombre por el que todo el mundo le conoce: Sting. La canción que narra la historia del jinete se llamó I hung my head.

Quiero pensar que las cosas sucedieron o pudieron suceder así. Sea como fuera, I hung my head apareció en 1996 en el sting mercury fallingdisco Mercury Falling de Sting. Como otras muchas canciones de Sting, I hung my head es una canción de pop elegante con aroma reggae y unos arreglitos de saxofón que le dan un toque sofisticado. Sin embargo, es una curiosa anomalía dentro de la carrera de Sting: es una  murder ballad. Un genero de baladas que cuentan asesinatos e historias truculentas, en el que Sting no se había prodigado jamás (ni lo ha vuelto a hacer) y que, para qué engañarnos, le sienta como a un  Cristo dos pistolas. Mercury Falling no pasó a la historia como un buen disco de Sting y I hung my head cayó pronto en el olvido.

Varios años después, el productor Rick Rubin buscaba canciones para Johnny Cash. Rubin Rick Rubinestaba siendo el artíficie de la resurrección artística de un ya sexagenario y bastante cascado Cash. El improbable matrimonio entre el barbudo productor de rap y la crepuscular estrella del country estaba dando a luz a la  magnífica saga de las American Recordings. En ella, Cash acomodaba sus propias composiciones entre una serie de versiones de artistas de muy distinto pelaje (U2, Nine Inch Nails, The Beatles, Will Oldham, Simon y Garfunkel,  Beck, Nick Cave, Depeche Mode…). Rubin era el encargado de proveer a Cash de canciones y éste trabajaba sobre ellas hasta sentirlas como propias.

El buen olfato de Rubin le llevó hasta I hung my head. No era una magnífica canción, pero era una canción desaprovechada, una canción sin suerte. Rubin la desenterró del olvido y se la ofreció a Cash. Éste le sacudió el polvo, le quitó su sofisticado ropaje pop y le puso un bonito y sencillo vestido country. Como el resto  de las American Recordings, I hung my head fue producida de manera espartana: una guitarra, un piano, un órgano y la voz grave de Cash que, a punto de cumplir los setenta y sufriendo un intenso dolor físico, ya no sonaba como un trueno retumbando entre montañas, sino como la voz de un Dios que acumula el cansancio de los siglos. Y nada más… ¿para qué? Pese a lo austero de la producción, la canción luce mucho más bonita así. Como esas chicas que están más guapas sin maquillar.

Johnny Cash

I hung my head no es la mejor canción de las American Recordings, ni siquiera es la mejor canción de la cuarta entrega (ese honor corresponde a The man comes around o a Hurt). Sin embargo, su historia resulta curiosa porque, aunque fue malograda en un principio, tuvo una segunda vida. Sting no se atrevió o no fue capaz de darle a la canción los aires  countries que ésta pedía a gritos. Sin embargo, no podemos culparle porque el country es un género americano y Sting es inglés hasta la médula. Tan inglés que, como el mismo canta, se  siente como un pequeño extraterrestre en Nueva York. No vamos a pedirle peras al olmo.

Mis escuderos de Firefox

Posted April 23rd, 2009 by PhD McClain

Todo aquél que me conoce sabe que soy un tunante: tuneo mi equipo para que se note que es mío. Tengo mi fondo de escritorio, mis iconos, la colocación del Dock, las aplicaciones de inicio… Y, como no, tuneo mi Firefox. Sinceramente, cuando abro un Firefox pelado me faltan cosas. Algunas pueden ser inútiles, otras las uso a diario. Voy a compartir con vosotros, hermanos Teclarios, mis más fieles escuderos de Firefox.

Nada más abrir mi navegador podemos ver al primero de mis escuderos: Fast Dial. Este add-on no es más que una página de inicio en la que aparecen mis páginas “favoritas”, tal vez mejor decir las que más uso.

Una vez dentro me dedico a navegar por las páginas haciendo gestos de ratón gracias a All-in-one Gestures. Pulsando el botón derecho y con simples gestos como un movimiento de derecha a izquierda vuelvo a la página anterior; con un gesto en forma de Z recargo la página actual y con un movimiento hacia arriba abro un enlace en una nueva pestaña. Tengo que reconocer que cada vez uso más las teclas por lo que este escudero está comenzando a pasar a un segundo plano.
Brief es mi feeder RSS. En él tengo mis blogs favoritos. En una sencilla página interactiva puedo ver los resúmenes de las noticias de estos blog y leer completas aquéllas que más me interesen.

Todos mis posts (como este mismo) los escribo desde el propio navegador con ScribeFire, un sencillo y versátil editor. Tiene tanto un modo WYSIWYG como un modo HTML de edición. Se integra razonablemente bien con las APIs de los principales gestores blog y me permite publicar directamente desde aquí en cualquiera de los blogs en los que escribo. Una herramienta muy interesante.

Algunos muy sencillos y conocidos pero para mí indispensables son los diccionarios (tengo instalado el de inglés y el de español y éste último es el activo) que me ayudan a cuidar mi ortografía, y la sempiterna barra de Google. He de reconocer que ésta la uso cada vez menos debido a que las búsquedas suelo lanzarlas desde QuickSilver. Tengo pendiente contaros algo más sobre esta maravilla.

Relacionada con esta última tengo que decir que hace un tiempo me instalé Ubiquity, un add-on experimental que hace las veces de Quicksilver dentro del navegador. Me parece una herramienta que puede resultar interesante… si no tienes Quicksilver, claro :-) Veamos qué es lo que puede hacer Ubiquity contra Quick Search Box, el nuevo hijo de Nicholas Jitkoff, que entró en Google a dar una charla sobre Quicksilver y allí se quedó haciendo “cajitas”.

Algunos de los que más uso pero más desapercibidos pasan son PDF Download, que me permite decidir qué hacer cada vez que me encuentro con un archivo PDF (no más PDF incrustado en el navegador porque sí) y Download Statusbar, para gestionar todo aquello que me desacargo de la Web. Silenciosos e imprescindibles.

Aunque tengo alguna más quiero finalizar con mis dos últimas adquisiciones. La primera es mi sincronizador de marcadores XMarks. Lo uso para tener todos mis marcadores en remoto (existe una página web desde la que puedo acceder a todos ellos desde cualquier lugar) y para sincronizar, por ejemplo, los marcadores entre los Firefox de Mac y Windows. Trabaja en segundo plano, sincronizando tanto los nuevos marcadores que agregues como los obsoletos que borres sin que te des ni cuenta.

Y el último tiene sólo unos pocos días y se llama ScrapBook. Con la saturación de banners que hay actualmente en las páginas web, ¿cuántas veces no hemos echado en falta un enlace a una Versión para imprimir de la página web en la que estamos? Pues bien, SccrapBook te permite guardar el contenido de una página web editándolo antes de guardarlo de forma muy sencilla: tan sólo seleccionas lo que has de borrar o, con un simple click, revisas qué nodos HTML quieres hacer desaparecer. Sorprendente y muy efectiva.

Estos son los principales y más fieles. Si vosotros tenéis algún otro que recomendarme os lo agradeceré.

Yippikayei Teclarios!!

Homo digitalis

Posted March 31st, 2009 by El Mogur

Querido Ndugu,

Soy un teclario. Y como buen teclario me gusta utilizar los cachivaches a mi alrededor para facilitarme el trabajo. Aún recuerdo cuándo mi profesor de Matemáticas allá por el instituto nos decía que si alguno no tenía calculadora, él podía enseñarle a utilizar la tabla de senos para calcular los valores de las funciones trigonométricas. Casi ná.

En realidad eso no quiere decir que esté de acuerdo con que desde los primeros cursos de educación primaria se deba utilizar la calculadora. No señor. Los nenes deben aprender a hacer las operaciones matemáticas básicas por ellos mismos. Para que el panadero no les time. Para que no tenga que volver a escuchar a un alumno de la Licenciatura de Ciencias Físicas preguntarme “¿por cuánto tengo que dividir 33 para que me de 11?”.

Y lo mismo pienso del uso del diccionario. Es un auténtico peñazo eso de buscar en un tomaco lleno de letras la palabra “batiburrillo”, o peor aún, buscar información sobre la revolución de los comuneros en una enciclopedia, porque primero tienes que encontrar el tomo, y luego la entrada. Pero qué queréis que os diga, creo que tampoco viene mal pasar por eso. Supongo que me estoy haciendo mayor.

Pero, como decía al principio, soy teclario. Y eso significa que me gusta utilizar las máquinas para facilitarme el trabajo. Y yo nunca utilicé una tabla de senos ni de logaritmos, sino que le daba siempre a la teclita correspondiente. Y utilizo la calculadora siempre que lo necesito. Aunque no para dividir 33 entre 11.

Lo mismo ocurre cuando quiero buscar información sobre la batalla de Trafalgar o sobre Gödel. Utilizo Internet, Google y la Wikipedia. Pero no siempre fue así. Al principio del todo utilicé Encarta. Para los más nuevos Encarta era la enciclopedia de Microsoft. Una colección de conocimiento guardada en un CD que te instalabas y te permitía encontrar más de lo que necesitabas sobre la revolución de los Comuneros. Una aplicación que había que ir actualizando de vez en cuando con nuevas versiones que incluian datos actualizados. Un programa que contenía todos los datos que Microsoft había tenido a bien dar a sus usuarios, pero no más.

Pues bien, estoy hablando en pasado (”una colección que te permitía encontrar”, “una aplicación que había que ir actualizando”, “un programa que contenía”…) no por simple nostalgia y recurso narrativo sino porque desde ayer, 30 de Marzo de 2009, aquella enciclopedia que hizo más cómoda la elaboración de trabajos de instituto tiene fecha de caducidad: el 31 de Octubre de 2009, a excepción de la japonesa, que terminará el 31 de Diciembre. Y todo porque “La categoría de enciclopedias tradicionales y el material de referencia ha cambiado. Actualmente la gente busca y consume información de una manera considerablemente diferente que hace algunos años”.

Como no podría ser de otra manera, la entrada de “Encarta” en la Wikipedia lo cuenta.

Lo que muchos nos preguntamos ahora es qué ocurrirá con todo ese conocimiento. Desde este pequeño rincor, reivindico que Microsoft debería hacerlo de dominio público bajo una licencia Creative Commons. Así todos ganaríamos.