Nobody sings Dylan like Dylan” rezaba el slogan con el que el sello de Bob Dylan publicitaba a su pupilo en los 60. En esa época las versiones de canciones de Dylan proliferaban y llegaban a ser más populares que las originales. Dylan tenía a su pesar el status de líder generacional y muchas estrellas del momento no dejaban pasar la oportunidad de versionar al gurú. Este fenómeno dio lugar a relecturas míticas como las etéreas y alegres que hicieron los Byrds (de entre las que Mr. tambourine man es la más popular) o el All along the watchtower en el que Jimmy Hendrix hacía aullar su majestuosa guitarra. Muchas de estas versiones suelen copar los puestos altos de las listas de mejores versiones de la historia, pero ninguna tiene las bonitas aristas, ni la urgencia de las canciones originales. Originales que palpitan, que tienen sangre, que están vivas.

nobody sings dylan like dylan

Y es que Bob Dylan no solo es un colosal letrista y compositor (quizás hasta demasiado grande para ese Nobel de Literatura que en los últimos años muchos reclaman para él), también es, pese a su poco dotada voz, un gran intérprete. Su forma de cantar nasal y su peculiar fraseo no se estudiará quizás en las escuelas de canto, pero inyecta en cada canción los sentimientos adecuados en su dosis justa. Por si fuera poco, Dylan también es el principal versionador de sí mismo.

Uno jamas se baña dos veces en el mismo río y aunque el río fuese inmutable, Bob sabe que uno mismo tampoco es igual a aquel que se bañó la vez anterior. Por eso, Dylan reinventa sus propias canciones y las adapta al momento vital y artístico que está atravesando. Esta afición hace que muchos nos vayamos a morir sin oír en directo un Like a Rolling Stone similar al  que está atrapado en los surcos del Highway 61 Revisited, pero nos ofrece el consuelo de poder apreciar las canciones como entes vivos que evolucionan. Esto también permite que los dylanianos más obsesivos se entretengan coleccionando versiones de una misma canción, diseccionándolas y analizándolas con el fin de descifrar en ellas los designios de un dios que, como todos los buenos dioses, suele ser más bien puñetero a la hora de revelar sus intenciones. Y algo así es lo que vamos a hacer en este post, en el que ponemos bajo el microscopio Most of the time, canción que su dylanísima escribió para el disco Oh Mercy de 1989.

Bob Dylan

Most of the time es una canción sobre una ruptura. En ella Dylan nos canta que, aunque ya no está con su chica, se encuentra bien la mayor parte del tiempo. Para dejarlo claro nos suelta una retahíla de argumentos, no porque se los hayamos pedido, sino porque necesita decírselos él. A saber: me encuentro con los pies en la tierra, no cambiaría nada aunque pudiera, no me hago ilusiones de volver con ella… Al final de cada estrofa es más contundente:  ni siquiera pienso en ella, no me importaría no volver a verla nunca más, ni recuerdo cómo eran sus labios sobre los míos… Sin embargo, las estrofas cierran con un most of the time, que nunca es igual que un never y que nos dice que esa herida todavía sangra.

La versión registrada en Oh Mercy es una confesión nocturna y elegante. Si la escuchase su psicólogo seguramente le diría que todo evoluciona favorablemente, que la herida está cicatrizando y que la canción es parte del ritual necesario para exorcizar los fantasmas de su última relación.

En este vídeo escuchamos otra versión distinta de Most of the time y vemos a Dylan guitarra eléctrica en ristre y escoltado por su banda. Bob suena confiado, incluso desafiante, como si tuviese en la cabeza una larga lista de reproches para ella. Seguramente sigue jodido tocado por aquella ruptura, pero ya no se va a derrumbar. Las gafas de sol nos hacen pensar que nos oculta algo, aunque no nos preocupamos mucho. Está casi recuperado.

Sin embargo, en Tell tale signs, un recopilatorio de rarezas publicado en 2008, encontramos una versión de Most of the time que seguramente  (los créditos no lo aclaran) precede a las dos anteriores. Se trata de una versión más desnuda en la que Dylan canta acompañado solamente por su acústica y su armónica.  Pero además de ese sonido de maqueta hay otro detalle que nos hace pensar quTell tale signse la canción fue interpretada cuando la ruptura todavía era demasiado reciente. La clave nos la da el “most of the time” que cierra cada una de las estrofas. Ese “most of the time” que remata lo estupendo que se encuentra sin ella y lo olvidada que la tiene está cantando con la boca pequeña. No suena lo contudente que debería sonar una autoafirmación, sino que suena vulnerable. Esa vacilación nos lleva a pensar en esas otras veces sobre las que no nos está cantando. Esas otras veces en las que sí la echa de menos. Esas otras veces no serán muchas y no titularán la canción, pero la mayor prueba de su existencia es precisamente que no nos habla sobre ellas.

Si nos asomamos a esa grieta que Bob deja deliberadamente al descubierto,  descubrimos una canción distinta. En ella Dylan nos cuenta en realidad lo contrario de lo que canta. Basta con poner en negativo los versos de la canción para darnos cuenta de lo jodidos duros que son esos otros momentos en los que sí se acuerda de ella. Al hacerlo vemos que hay momentos en los que le gustaría volver atrás y cambiar las cosas, o en los que se vuelve loco por hacerse ilusiones pensando que volverán a estar juntos, o en los que por supuesto que recuerda perfectamente cómo era sentir los labios de ella sobre los suyos.

Bob Dylan, el puto amo.

Querido Ndugu,

Ahora que ya quedan apenas unos minutos para que se termine el reto, te voy a contar hasta dónde hemos llegado los teclarios en el reto lanzado en la página web http://canyoucrackit.co.uk/. Cuando leas esto no sé que aparecerá en la página, pero ahora mismo lo que yo veo es esto:

Captura de http://canyoucrackit.co.uk al final del 12/12/2011

con el “time remaining” bajando a un segundo por segundo.

La página me la descubrieron unos alumnos hace algo más de una semana un día de laboratorio en el que ni ellos ni yo teníamos muchas ganas de dedicar tiempo a la práctica de Java que supuestamente tenían que hacer (y yo explicar)…

Así que me puse manos a la obra. Ellos (aspirantes a informáticos, pero también a matemáticos) al ver números ya estaban hablando de hacer un análisis de las apariciones, probabilidades y demás historias. Yo, teclario informático de pro (con afición en las matemáticas, pero nada más) al ver la secuencia de números pensé “estos números son algo en little-endian y tiene la pinta de código máquina”. Así que estuvimos trasteando un rato en el laboratorio; el tiempo dió para poco (además, había que compaginarlo con resolver las dudas a otros alumnos…), pero luego seguí dandole vueltas al asunto. Por motivos que no vienen al caso el año pasado volví a ponerme el gorro de programador de bajo nivel y estuve trasteando con la ingeniería inversa a partir de código máquina, así que dispongo de una licencia del mejor desensamblador que conozco: el IDA Pro.

Con el desensamblador pude entender la mayor parte del código. En realidad no es algo demasiado enrevesado que intente luchar contra la ingeniería inversa: un par de saltos y nop por el medio y un pop esp poco habitual que hace que la rutina no pueda volver. También salta a la vista que la rutina está pensada para ser ejecutada en Linux, porque termina con un int 80h. De todas formas, el resto del código es independiente de Linux o Windows, así que Visual Studio en mano, me puse a ejecutar el código (cargándolo en un Heap creado con derecho de ejecución…), una vez que había comprobado con el IDA que aquello era seguro ;)

Las conclusiones fueron… desconcertantes. El código NO estaba completo. Claramente era una rutina que desencriptaba un mensaje que NO estaba. La rutina esperaba que justo después del último byte publicado:

  • Aparecieran cuatro bytes 0x42 0x42 0x42 0x42.
  • Después cuatro bytes con el tamaño del mensaje a desencriptar.
  • Por último, el mensaje cifrado.

La rutina deja el resultado final… como “variable local” en la pila (tras una tabla de descifrado que construye durante la ejecución).

En fin, Ndugu, una pequeña decepción. ¡Después de la intriga me quedaba sin saberlo! Asumí que el texto “The challenge continues” que aparece en la página significaba que cuando terminara la cuenta atrás aparecería el mensaje cifrado… y me olvidé….

… hasta unas pocas horas después, cuando me di cuenta de que si no daban todos los datos… ¿por qué podías meter la contraseña? Mi mente ya no daba más de sí, así que pedí ayuda a Google, y lo que ví me hizo pensar en la famosa canción del “ey, Manolete, si no sabes torear p’a qué te metes”. Resulta que la página… es de los servicios de inteligencia británicos que la han puesto para buscar futuros trabajadores, a modo de prueba. Un artículo en The Telegraph da los detalles.

Querido Ndugu, eso ya se me viene grande. Yo no tengo pretensiones de ser espía, ni cualidades para lograrlo. De haber sabido al principio de qué iba la historia no habría intentado descrifrar ni siquiera el primer paso para el que mi intelecto sí tenía alcance. Ahora ya sé (por las pistas que da el artículo de The Telegraph) que el mensaje a descifrar está escondido entre los metadatos del PNG que contiene el código. Y lo confirmo, está ahí. Pero su descifrado luego te lleva a una segunda fase, y luego a una tercera hasta dar con la clave. Pero yo me planto antes. Me lo pasé bien haciendo la ingeniería inversa, pero no me ví con fuerzas de mucho más.

Yo no quiero ser espía.

P.D.: Tic, tac, tic, tac, … ya sólo quedan 54 minutos…

Si hay una cosa que me fascina de la Informática, es que moralmente no hay por donde cogerla. Me refiero a que otras disciplinas, como la Medicina, el Derecho o la Filosofía suelen ser fácilmente “etiquetables” (sanar es bueno, la burocracia, un infierno, y las ideas, según de donde vengan, les parecerán a unos la salvación del mundo y a otros su eterna condena)… pero las TICs han hecho nuestra vida tan sencilla y sofisticada a la vez, que uno no sabe si amarlas u odiarlas, si debe abrazarlas con fe ciega o tirarlas decididamente a la basura y apresurarse a prenderles fuego.

En buena medida sospecho que esto se debe a que no sabemos qué hay detrás de las tecnologías que usamos: aparecen y desaparecen tan rápido que apenas tenemos tiempo de aprender a usarlas, y mucho menos de reflexionar sobre las ideas (ideologías, incluso) que subyacen a sus principios de diseño.

Con la muerte de Steve Jobs se desató un clamor en los medios (mayoritariamente positivo, dada la fama del fallecido, aunque también con voces discordantes) que de alguna manera hizo más palpable esta confusión que -creo yo- muchos sentimos en relación a las tendencias tecnológicas. No hace falta leer a Walter Isaacson para comprender que, desde luego, Jobs tuvo que ser un tipo listo, pero… ¿fue su vida la de un generoso creador en busca del Bien y la Belleza universal… o más bien de un codicioso empresario experto en “rentabilizar” al máximo sus productos a cualquier precio? Steve Jobs, amigos: ¿ángel o demonio? Apple, la niña de sus ojos: ¿luz del mundo o semilla del mal?

De entre todos los “ríos de tinta” generados al respecto, yo he escogido seguir el curso de este, una trifulca intrascendente entre dos publicaciones católicas en torno a la figura del citado gurú de la informática de consumo. ¿Modelo de Santidad o Pecador Irredento? ¡Ja!, hasta esos extremos llegan -presuntamente- las posturas de estos padres jesuitas. Pero leed, leed, insensatos… aunque sea “por encima” ;)

A pesar de que se dan pocas ocasiones reales de vincular dos de mis temas favoritos, procuro combinar alusiones a la Religión y a la Informática todo lo asidua y caóticamente que puedo. Lo hago en mis clases, cuando les espeto a mis alumnos barbaridades como “para programar en Java hace falta creer en Object Dios”, “para ser un buen practicante de Java conviene no tener ‘alma’” o “‘instanceof’ es un pecado mortal contra el primer mandamiento de la Ley del DOO“. Mitad para hacerme el gracioso (¡claro!), mitad para provocar su interés y su reflexión, pues aunque soy consciente de la distancia existente entre estos dos mundos (el sentido de la vida y los fundamentos de la programación), no puedo evitar divertirme muchísimo con estas perversas equiparaciones ;) ¡Abrochaos los cinturones, que despegamos en el próximo párrafo!

¿Leísteis lo de Umberto Eco? ¡Ja ja! Un Apple católico frente a un PC protestante, cuasi-calvinista (MS-DOS decía el hombre en el 94)… y lo justifica graciosamente y todo XD. Pues ¿sabéis lo que os digo? que lo he estado pensando y Eco se equivoca totalmente de hemisferio espiritual. Y no, no estoy pensando en el Budismo ni en ninguna otra creencia exótica de las que profesaba el místico CEO (y que contribuyeron a que el cáncer lo devorara con mayor celeridad). Hablo de algo mucho más “temible” para nuestras occidentales y judeo-cristianas molleras.

Apple es monoteismo puro y duro. Apple es obediencia, es sumisión, y también ‘incompatibilidad’ (= abandono de otros ‘dioses’, aunque en los últimos años esto se haya maquillado bastante). El fiel seguidor de la Manzana cree en un Único Producto (a diferencia de las mil y un configuraciones de hardware que puede soportar un Windows o un Android), hardware y software siempre unidos (vida social unida a la espiritual). Y, si no me creen pregúntenle a Google, pero Apple es una ‘religión’ que se impone por ‘via militar’, un sistema que se impone a otros por la fuerza.

En apariencia los fieles lo tienen difícil para ‘entrar’ en la secta, por su alto coste y un cierto ‘estigma’ implícito en la profesión de esta fe, que en principio puede causar rechazo en nuestros semejantes (¿nunca os han llamado pijos por aquello que “enviaste desde tu iPhone”, o te han mirado mal por ese delator logotipo en tu tableta?). Pero ¡ojo! (y lo dice un recién converso como yo), en realidad los fieles lo tenemos muy fácil para adherirnos a este nuevo credo. No requiere bautismo, basta con dar el paso, profesar la fe (anunciándosela a otros), orar a menudo (que se te vea bien, usando el dispositivo, con la cabeza bien alta) y al menos una vez en la vida, visitar una tienda Apple y dejarte allí los cuartos (¿Jailbreaks? ¡Por Dios, eso es pecado mortal! y los periféricos made-in-China, sacrilegio).

Cójanse una enciclopedia y verifiquen: Apple, amigos míos, es el Islam. Y Jobs, su profeta.

¡Preparáos para la Jihad! :) Ya hace algunos años que esta religión se convirtió en la más extendida del mundo, y según percibo en nuestro entorno, Apple va camino de conseguir lo mismo. Ha pasado de verse como un lujo absurdo para librepensadores con gafas de pasta a ser “el pan nuestro de cada día”, ya seas un quinceañero que escucha música en el metro o un ejecutivo que quiere una máquina ligera y elegante que llevarse de congreso… Apple es lo más. Y es que ¿quien coño quiere salvarse al estilo de la Iglesia Católica? ¡Ni Dios! (con perdón). Años de catecismo, con sus respectivos sacramentos, confesión frecuente, misa y comunión, santos de todo pelaje a emular, desde los más misticos a los más densos doctores en filosofía, un Dios que es tres en uno (?), libertad, tentación, pecado, culpa, arrepentimiento, penitencia, perdón… ¡y vuelta a empezar! Así, toooda la vida :(

No, coño, no… demasiado complicado. ¡Me muero por tener un botón que sea a la vez ‘comprar e instalar’! ¡Un sólo botón que haga eso! (a día de hoy son dos clicks, pero todos los usuarios de Apple sabemos que en nuestro mundo vienen a ser sinónimos) y que nadie me pregunte mi puta clave de nada, ni mi VISA. Sencillez al máximo. Que el Genious ese elija las apps por mi. No quiero “soportar mi cruz” ni tener que gestionar un sistema de ficheros. Quiero que la Web se adapte a mi navegador y no al revés… y si los demás no acatan eso, pagaré por descargarme aquellas páginas que me interesen, ¡oh sí! y las llamaré apps, y estarán en mi escritorio (con un icono precioso de esquinas redondeadas) y todo se podrá tocar y deslizar suavemente con el dedo… y me sentiré bien. Al morir no quiero ver a San Pedro, ni chuparme el purgatorio, ni que me hagan un juicio (¡¿un examen?!) final. Quiero morir por Apple… ir al iParaíso, estar desnudo, volver a tener 30 años y con 72 redondeadas vírgenes follar, entre jardines y viñedos… ¿tan dificil es de entender? ¡¿Pero qué coño es un pincho USB?!, ¡¿Que excremento fósil proveniente del paleolítico es eso?! Yo os lo diré: un foco de virus, un ambiguo, confuso y pecaminoso puerto metálico de una máquina que JAMAS debería quedar al descubierto por fuera de su carcasa, no sea que tiente al hombre a manipularla y hacerla suya, cayendo ambos en pecado… ¡NO!, déjame lo que sea en Dropbox, hombre. O en Evernote. O en iCloud mismo, ¡en manos de Alá! :-O

No quiero tener que saber cómo funciona mi interior para salvarme, como no quiero tener que saber cómo funciona una máquina para usarla (ahí está la clave). Prefiero ser un esclavo feliz, a un hombre libre que debe enfrentarse cada día al puto Office. Cada puto día usar las mismas plantillas y transiciones por defecto del PowerPoint que has visto mil veces. Yo os digo: únicamente existe aquello que se venda en la AppStore. Lo que hay más allá es Dar al-Harb (reino de los ateos, infieles y malditos), ¿Cómo va a ser posible que Dios sea uno de nosotros? ¿Es acaso Jobs uno de nosotros? ¡Vamos, hombre! Apple… Apple sí que nos hace a todos iguales: si te peta el Safari ya puedes saber la hostia de informática que te jodes IGUAL. ¿Para qué sirven los mensajes de error? ¿eh? ¿para qué? Es pecado, joder… pecado pretender con nuestras indigno lenguaje representar el estado interno de una máquina de Apple (salvo si se usan formas geométricas abstractas, así muy icónicas, preferiblemente con bordes redondeados), porque el conocimiento de Dios no está (ni estará nunca) al alcance de los hombres. Admitidlo de una vez, malditos infieles: Flash es para jugar juegos de mierda y ver videos porno… pero Alá nos dice: “Vosotros, mis fieles, no caigais en pecado como otras tribus: sed más ‘cool’ que ellos, jugad al Angry Birds y acumular simiente a tope para lo de las 72 vírgenes.”

Salam Aleikum, amigos.
(en la próxima edición, Linux y el credo de los mormones XD)

Nunca antes me había fijado en ese sello de piedra en la calzada. Está en la Casa de Campo, en el carril bici, un poco más allá del Puente de los Franceses. Me ha recordado a ese gran sello que aparece en Indiana Jones y la última cruzada, ese que impedía que el caliz saliese del lugar en el que descansaba, del que no debía salir. Pero hoy lo he visto.

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En Mayo de 2010 nosotros, los pacíficos teclarios, sufrimos un ataque por sorpresa que hizo que tuviéramos que replegarnos rápidamente. El ataque incluso mostró nuestras inmundicias a los seguidores más acérrimos, al aparecer publicados post a medio escribir que teníamos ocultos en la sección de “borradores”. Cabizbajos y derrotados apagamos el servidor y volvimos a casa.

Pero hemos vuelto. Con una cara renovada hoy comienza nuestra segunda cruzada. El teclario administrador dispara la catapulta de salida no sin antes agradecer el desinteresado esfuerzo de cuatro miembros de la hermandad que son los responsables de esta nueva imagen teclaria y de que estemos de nuevo on line. Por orden alfabético son Hugo de Payens, Mogur, Moriarty y PhD McClain.

Como dice PhD McClain: “Nos hemos puesto las túnicas y hemos afilado las espadas. La santa hermandad vuelve para reconquistar lo que había quedado en manos de paganos e infieles. ¡Por la tecla!”

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