Como dirían los Jethro Tull sigo viviendo en el pasado. Estos días me ha dado por pensar que podría ponerle banda sonora a la tesis, me explico. Cada momento de la tesis ha venido marcado por una serie de canciones que han monopolizado gran parte del tiempo que le dedicaba mi pequeño retoño de 180 páginas. Bandas sonoras de películas, clásicos del rock y novedades discográficas varias, se han encargado de proporcionarme la épica necesaria para finalizar tamaña empresa.

Si me retrotraigo a los inicios asaltan mi memoria los Blind Guardia, grupazo de Heavy alemán con canciones épicas donde las haya que me ayudaron a adentrarme en aquellos oscuros primeros papers con el mismo ánimo que la comunidad del anillo lo hizo en Moria.

Junto a este grupazo bandas sonoras de películas como La Roca o la versión desechada de Remember de Titans marcaron los principios musicales de mi investigación.

A medida que la tesis avanzaba me daba cuenta de que mucha de la información que necesitaba se encontraba en papers de los años 60 y 70, por lo que gustosamente me centré en los trabajos clásicos de Salton, S. Robertson, van Rijsbergen, Spark Jones, etc. Paralelamente, y de forma completamente inconsciente, mis tendencias musicales se enfocaron en esos años, Pink Floyd, Led Zeppelin, Jethro Tull, Marmalade, es como si el aurora setentera de los papers que leía  me embriagara hasta el punto de revitalizar mi gusto por los clásicos, pero bueno, al menos no me dió por dejarme el pelo largo y patillas.

Las bandas sonoras tampoco faltaron en este periodo, La caza del octubre rojo, Depredador, Conan el Bárbaro (sin duda el mejor trabajo de Polodouris junto con el octubre rojo), La vida privada de Sherlock Holmes, en fin, música de clásicos del cine que junto con clásicos del rock que me acompañaban mientras leía cuando me cansaba de programar y programaba cuando me cansaba de leer.

Durante la estancia de investigación me dió por buscar cosas nuevas, Bad Company, Zuttons, Keane, viejos rockeros junto con lo más granado del pop actual se alternaban aportando personalidad propia a aquellos meses lejos de casa.

Con la vuelta a casa volvieron las bandas sonoras, Blade Runner, El Nombre de la Rosa, Cyrano de Bergerac, Pesadilla antes de Navidad, todo muy reflexivo, supongo que durante los meses posteriores a la estancia uno necesita una concentración que no es capaz de alcanzar mientras Robert Plant o David Gilmour te gritan al oido.

A este periodo le siguió una época aún más experimental que la de la estancia, donde colmaron mis horas musicales delante del ordenador clásicos como Chick Korea, Paco de Lucia, Al di Meola, Pat Metheny y Miles Davis, vamos, mucho jazz, al que nunca he sido demasiado aficionado, pero que reconozco que es un genero que mantiene, tras sus impenetrables murallas acústicas, verdaderas joyas de la música del siglo XX. Quizás entre todas destacar  Sketches of Spain de Miles Davis, seguramente el mejor disco de Jazz Fusión que he oido jamás, y que ha resultado ser, según la crítica, uno de los mejores 500 albums de todos los tiempos (wikipedia dixit). Tampoco puedo dejar de mencionar You’re Under Arrest también de Davis, el cual le pone un toque jazzistico a los más granado del pop de los años 80.

Los últimos meses, ya metido en la escritura de la memoria se tornaron más obsesivos y repetitivos, como la propia tesis, aquí la banda sonora de Batman Begins, Blade Runner y el Ultimatum de Bourne (recomendación de otro teclario) sonaron una y otra vez mientras escribia a un ritmo medio de 3 a 5 páginas diarias.

Ahora que la tesis se término, lo mejor, musicalmente hablando, de estos últimos 4 años ha permanecido. Led Zeppelin, Jethro Tull y Pink Floyd siguen sonando de forma recurrente en mi amarok y en mi iphone, aunque de vez en cuando se cuelan los Foo Fighters, The Darkness, Sebastian Tellier o Evanescence para recordarme que en el siglo XXI aún se sigue haciendo muy buena música.

Así que esta es la historia musical de mi tesis, seguro que cada uno de nosotros tiene una, por lo que la pregunta final es obligada:

¿Cual fue o está siendo la música de vuestra tesis?

Mis queridos hermanos, llevo una temporadita de los más perra. Depués de la lectura de la tesis me quejo más que de costumbre, lo cual ya es mucho dado que, por regla general, soy bastante quejica. Me faltan fuerzas para ponerme con los artículos, y en general con todo aquello relacionado con el trabajo. Hasta ahora lo había achacado al cansancio y saturación derivado de la conjura cósmica que ha hecho que durante la segunda mitad del año 2008 haya tenido que simultanear el final de la tesis, mi estreno como profesor con 13,5 créditos en un cuatrimestre y sólo un fin de semana para preparar la docencia y la paternidad de mi segundo retoño, que en breve cumplirá 5 mesecitos cada uno de los cuales ha dedicado a engordar, ponerse precioso y no dejarme dormir más de tres horas seguidas.

Pero el caso es que esta convergencia de sucesos parece no ser la única causa de mi apatía y falta de energía, ya que al comentar mi estado de ánimo con algunos allegados, también doctores, resulta que es bastante común caer en un estado de apatía y falta de entusiasmo una vez finalizada la condena doctoral a la que todos nos sometemos voluntariamente.

Así que mi pregunta es la siguiente ¿Existe la depresión post-tesis?. A partir de mi reducido muestreo parece que si, y resulta un contrasentido que uno se deprima justo cuando es liberado de su Guantanamo particular, pero ¿le ha pasado lo mismo al resto de teclarios?. Ahí es donde mi muestreo falla, ya que los hiperenergéticos doctores de teclarios, se van de estancia nada más terminar la tesis, mientras preparan acreditaciones y publican JCRs a pares, es increible la energía que teneis muchachos, incluso algunos en situación similar a la mía, sacan fuerzas de flaqueza a partir de tan sólo las amables palabras de sus alumnos ;-)

Hermanos, darme alguna muestra de humanidad, pues a mi depresión post-tesis no le viene bien el complejo añadido de ser el único teclario que al acabar la tesis se hunde en la pena y la desesperación.

No obstante, como dudo de vuestra condición de seres humanos, más dignos de aparecer en Heroes, con poderes tales que asombrarían al mismisimo Silar, he decidido que digais lo que digais, me voy a tomar unas severas vacaciones científicas hasta que vuelva a encontrar el placer de leer y escribir sobre ciencia.

Eso si, para todo aquello que no sea trabajo ya sabeis donde estoy :-)

Hoy ha sido la cena del departamento. Lo hemos pasado bien.

Pero nada más acabar la cena nos hemos tenido que ir pronto (otra teclaria y yo). Por el trabajo. Ahora son las 2 de la madrugada y hay trabajo pendiente de hacer antes de dormir. Hay que terminar la tesis doctoral, y eso es un camino cuesta arriba que a veces parece imposible de superar, y que requiere sacrificios que poca gente entendería (incluidos nosotros mismos). La verdad es que es un trabajo duro.

Y pensamos que es por culpa de la tesis, pero luego no mejora mucho (o se vuelve peor) Yo mismo he estado 3 años dedicado completamente a la investigación, sin apenas pensar en la docencia. Aunque la vida de beclario era sacrificada (sobre todo a final de mes, cuando soñaba con llegar a mileurista), no puedo negar que profesionalmente era muy beneficiosa. Podía dedicar mi atención a diversos proyectos, trabajar con gente (estudiantes, otros becarios) e involucrarme en muchas actividades de mi grupo.

Gracias a todas estas actividades, hace 3 meses conseguí una plaza de Ayudante Doctor que me daba acceso a la docencia (y me hacía pasar de mileurista). Acceder a esa misma docencia que a todo el mundo le parece algo fácil, que apenas les quita un poco de tiempo. Menos a mí. Tal vez sea un problema de inseguridad, pero el caso es que necesito muchísimas horas para preparar cada clase. Con menos no me vale, salgo al estrado hecho un flan y cometo muchísimos errores. Por otro lado, después de haber entrado en la dinámica de “estar en todos los fregaos” es muy difícil salir y “centrarse un poco más en la docencia”.

El resultado es que desde mediados de octubre he entrado en una dinámica de trabajo en la que empiezo cada día a las 9:30, sigo hasta las 9:30, me voy a casa, ceno e intento sacar 2-3 horas más. Duermo 5-6 horas y vuelvo a empezar. Y hoy, día de la cena del departamento, a las 2 de la madrugada, escribo un post en teclarios porque no me quedan fuerzas para trabajar.

Este trabajo está muy mal pagado, supuestamente a cambio de una gran libertad. Lo malo es que la libertad es un arma de doble filo e, igual que soy libre de no ir un día a trabajar, soy libre de pasar una noche trabajando sin dormir. Entonces, si la tesis es tan dura, la post-tesis peor y no pagan mucho, ¿por qué estamos aquí? ¿merece la pena el esfuerzo?

El viernes una alumna de primero me dijo que estaba un poco decepcionada con la carrera y que había pensado en dejarlo. Pero que había descubierto que mi asignatura le gustaba, que estaba aprendiendo mucho y que por eso había decidido seguir adelante.

Yo ya tengo la respuesta a mi pregunta. ¿Y vosotros?

Curación de un ciegoDos ciegos seguían a Jesús, gritando: “Ten compasión de nosotros, hijo de David”. Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: “¿Creéis que puedo hacerlo?” Contestaron: “Sí, Señor” . Entonces les tocó los ojos, diciendo:  “Que os suceda conforme a vuestra fe”. Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: “¡Cuidado con que lo sepa alguien!” Pero ellos al salir, hablaron de él por toda la comarca. (Mateo 9, 27-31)

No es para menos. La visión es el más desarrollado y característico de nuestros sentidos, y los que nacemos con cierto defecto ocular que lo limita terriblemente, estamos deseando contarle a todo el mundo que hemos vuelto a “ver”, ¡¡¡que por fin hemos sido sanados!!! :)

Pero para ser testigo del milagro lo primero, como nos enseña el Evangelio, es tener Fe. En mi caso, Fe en la Cirugía Refractiva Láser (concretamente en la famosa técnica LASIK).

A grandes rasgos (que me disculpen el atrevimiento los oftalmólogos) esta técnica consiste en levantar provisionalmente una lámina de la córnea del ojo para después “esculpir” un nivel más profundo de la misma vaporizando fragmentos diminutos a base de rayos láser “excimer”. Una vez remodelada toda esta “lente” del ojo se vuelve a poner en su sitio la lámina de la córnea que fue cortada y, pasadas unas semanas la herida cicatriza y… ¡tachán! ¡se consigue una visión igual de buena como la que puedes tener con tus gafas o lentillas!.

Esta técnica fue inventada hace más de 50 años por un español, y hoy día es la “gran alternativa” al uso de gafas y lentillas para mucha gente (con un 92-98% de pacientes satisfechos) por tratarse de una operación completamente indolora, que se realiza con el paciente consciente y sin tapar los ojos (sólo se anestesia la superficie ocular) y cuya recuperación es casi inmediata (nada más operarte ves con un 90% de nitidez y en un par de días cesan casi todas las molestias).

Pero vamos a lo que importa ¿qué hay que poner en la balanza a la hora de considerar esta operación?

Por supuesto lo primero que hay que hacer es visitar a un especialista en el tema para que estudie nuestro caso particular (¡nuestros ojos, únicos e irrepetibles como nuestra personalidad!) y nos aconseje. Normalmente la consulta es totalmente gratuita, sin compromiso alguno de operarse, y uno puede (y debe) ir libremente a tantas clínicas como desee a contrastar toda esa información.
***DISCLAIMER: Este post, por supuesto, sólo tiene carácter divulgativo y no puede sustituir en ningún caso a la información que nos proporcione el médico :) ***

En segundo lugar está el tema del dinero ($$$). El precio en “la capital” depende ampliamente de la clínica donde nos operen y viene estando entre 1000 y 1200 euros (siempre haré referencia a precios por un solo ojo), aunque en mi ciudad natal (tal vez por que apenas hay una clínica en toda “la comarca”) se subían a la parra con 1400 euros. Aún así, como veremos después, si uno quiere probar todas y cada una de las “novedades tecnológicas” que ya se están introduciendo en algunas clínicas, el coste de la operación puede ser mucho mayor.

Lo tercero, y más importante que el dinero, es conocer los riesgos de la operación. El porcentaje de éxito es altísimo (se calcula que sólo un 0′01% de los pacientes pierden visión, y sólo un 18% necesitan ser re-operados para alcanzar la visión esperada) y los peligros a considerar no son del todo “terribles”: sequedad en el ojo (necesidad de usar lágrima artificial durante mucho tiempo), hipersensibilidad a las luces nocturnas (ver “halos” de gran tamaño que dificultan la visión), tener que re-operarse (de gratis, por supuesto) y poco más… bueno, también debes tomar toda clase de precauciones para evitar roces en el ojo que puedan “desplazar o arrancar” el trozo que está aún sin cicatrizar, que no molaría nada… pero vamos lo que quiero decir es que la ceguera, la muerte súbita y la abducción extraterrestre no entran entre los riesgos asociados directamente con la operación ;)

Operación Lasik

Imagino lo que estáis pensando… si os ponéis a buscar a fondo en Internet (¡cosa que más vale no hacer antes de ninguna decisión importante en tu vida! :P ) encontraréis, por supuesto, gente que desaconseja la operación y nos recuerdan -con voz de alarma- que existen casos extremos de fracaso (ojo seco crónico, imposibilidad de conducir de noche por los deslumbramientos, múltiples reoperaciones y sin visos de mejorar, cicatriz y molestias en el ojo a largo plazo, etc.) pero “lo normal” es: que el paciente deba estar unos tres meses con lágrima artificial, note ciertos “halos” nocturnos (efecto óptico al parecer inevitable, especialmente en los que tenemos la pupila enorme) y se quede bastante bien a la primera (con una cicatriz para siempre, sí, pero imperceptible).

Supongo que lo más interesante de esto puede ser conocer cómo vive uno la experiencia en primera persona. Lo contaré como si de un FPS (First Person… Surgery) se tratara:

El día de la operación entro en la sala de espera, acompañado de mi familia como si me despidieran para un largo viaje (?) y espero pacientemente a que me llamen. Cuando me toca el turno la cosa va bastante rápida: me echan unas gotas de anestesia en los ojos (actúan enseguida y dicen que me pueden picar, pero no noto nada especial…), me ponen un “gorrito de ducha” y unos “patutos” para pasar al quirófano, saludo al personal médico presente, me tumbo completamente en una camilla, me relajo (en la medida de lo posible) y empieza la fiesta. Tengo al cirujano sentado detrás de mi cabeza, quien va colocando las maquinas sobre mi cara (a veces inclinándome la cabeza o moviendo la camilla con ruedas).

La primera máquina es la que te “chupa” los ojos y realiza el corte. Me dicen que mire a la luz verde del fondo y que mantenga siempre la mirada muy muy quieta y relajada. Es difícil. Noto como se emborrona poco a poco la vista y al final veo como a través de un plástico blanco (osea, nada). Pero en unos segundos vuelvo a “ver” (las luces de la maquinaria confusa que tengo delante, claro). Cuando operan un ojo la enfermera mantiene siempre el otro tapado con un parche, así que tras acabar con el ojo derecho toca cambiar el parche y repetir con el izquierdo. Durante la operación te pregunta “¿qué tal?” y puedes contestarles, pero yo me limito a responder “sí” o “bien”… que me conozco y si me pongo a rajar gesticulo más de la cuenta ;)

Luego viene la parte divertida: me ponen bajo la segunda máquina, la del láser excimer. El cirujano me coloca una especie de “celo” en las pestañas, unas pinzas para forzarme a tener los párpados bien abiertos y luego con su instrumental me “engancha” y levanta (doblando por completo) el trozo de córnea que habia recortado la primera máquina… como si mi ojo fuera una lata de sardinas, vamos. Yo no puedo “ver” realmente lo que hace, por supuesto, tan sólo siento como si urgaran sobre un plástico insensible que estuviese apoyado sobre tus ojos, que no forma parte de tu cuerpo… a veces haciendo que mis ojos miren involuntariamente en otras direcciones. Lo único que noto firmemente apoyadas sobre mi frente son las muñecas del cirujano mientras trabaja.

Ya levantado el colgajo del ojo, el láser excimer tiene vía libre para disparar su “fuego multicolor”… huele un poco a quemado. Me insisten en que me relaje y mantenga fija mi mirada en el infinito, aunque si me moviera sé que el láser está programado para seguir mi ojo o incluso detenerse por completo, lo que me tranquiliza… pero eso sí, me concentro en estarme quieto durante el proceso (cuanto más quieto estés, antes termina). El sonido de estos aparatos es como el de una grabadora tostando CDs, con algún “bip” que otro y una voz enlatada y femenina que dice cosas chulas como “eye-suction on” o “safe distance” de vez en cuando. El “fuego multicolor” tampoco me causa especial deslumbramiento, aunque cuesta mantener la mirada fija.

Finalmente, vuelta a poner el colgajo en su sitio (de vez en cuando me echan líquido refrescante en el ojo, además de limpiármelo con una “escobilla”) y a colocar la lentilla protectora. Una vez hecho esto me quitan las pinzas de los párpados, los celos… y repetimos con el otro ojo.

Al acabar la operación, veo borrosillo y tengo los ojos mojados y “aturdidos”… en total he estado como 20 minutos en esa camilla, pero me levanto por mi propio pie, doy las gracias al equipo y salgo a un cuartito con poca luz a relajarme un rato, antes de que el optometrista compruebe mi visión y haga pasar a mis padres y a mi mujer que me miran espectantes como intentando encontrar las “siete diferencias” :)

En mi caso, tengo que aclarar que hubo algunas diferencias con respecto a la operación “estándar”:

  1. El corte de la córnea no me lo hicieron “a cuchilla”, sino usando otro aparato láser diferente. A esta técnica se la conoce como IntraLASIK y tiene la ventaja de hacer un corte más “limpio y predecible” en la córnea, aunque se realiza de una forma algo más lenta y añade casi 500 euros más a la operación (repito: siempre hablo de precios POR ojo).
  2. El láser excimer utilizado fue programado para tener en cuenta la forma irregular particular del fondo de mis ojos (gracias a un estudio aberrométrico previo), lo que permite un “tallado” más personalizado, con idea de minimizar el efecto indeseable de los “halos” nocturnos. Otros 500 euros, así a lo tonto.
  3. Antes de terminar la operación me dejaron puestas unas lentillas terapéuticas, para que la herida cicatrizara mejor (aunque la visión tarda un día más en dejar de ser borrosa). Esto es “baratito”, 30 euros o así.
  4. El fatídico día se conoce que “media Facultad de Medicina” había venido a mirar cómo se realizaban las operaciones, de manera que en el “abarrotado” quirófano seríamos como 10 personas. Afortunadamente lo mío no es el miedo escénico ;) y de hecho hasta me divertí escuchando los comentarios (no lo suficientemente silenciosos) de los aprendices y los consejos de los veteranos (algunos dirigidos “discretamente” al cirujano que me operaba.. ejem ejem).
  5. Yo me había estudiado a conciencia los panfletos de la operación, había visto imágenes y además durante la operación tuve a una enfermera relatándome todo el proceso… osea que sabía perfectamente lo que ocurría en cada momento y estaba realmente tranquilo y relajado. Aunque repito, es que realmente en la vista en “primera persona” uno se pierde lo más interesante ;)

Mis conclusiones son:

  • Hacerse las pruebas y saber si eres candidato a la operación no cuesta nada, así que se lo recomiendo a quien esté dudando. Antes de empezar a darle vueltas al asunto, visitad una clínica de confianza.
  • La operación es breve, completamente indolora y no es una experiencia especialmente desagradable. Eso ya va en lo aprensivo que sea cada uno, pero (mi mujer me matará por este comentario…) os aseguro que yo lo he pasado peor con un empaste ;)
  • La operación es cara, la verdad… aunque yo soy incapaz de poner precio a las cosas de la salud :( Lo que sí merece la pena es considerar la posibilidad de prescindir de los extras (sobretodo lo del IntraLASIK, o “corte láser”) si no va a suponer una mejora en términos de visión… en mi caso (pupila muy grande) al parecer lo del estudio aberrométrico para minimizar los “halos” nocturnos tenía bastante sentido… las novedades como es lógico siempre te las venden como “mejoras”, pero otra cosa distinta es si la diferencia en cuanto a resultados es lo suficientemente significativa.
  • Por mucho que insinúen algunos, no te hagas ilusiones: ni efecto WOW ni ves el mundo en Full HD… sencillamente ves como si llevaras lentillas pero sin llevarlas. Para los que hemos vivido infinidad de años con gafas y lentillas y hemos acabado hartos de las dos, es una ventaja… pero las cosas lejanas se siguen viendo peor que las de cerca, de noche todos los gatos son pardos (y con un ligero “halo”) y la ropa de las mujeres sigue sin volverse invisible, por mucho que te concentres ;)

Esto ha sido todo sobre mi aventura láser, mozalbetes :) Tan sólo añadir que en la clínica me pidieron el consentimiento para grabar toda la operación y… en fin, los teclarios nos debemos a la Ciencia ¿no?, así que ¡¡¡preparad un buen bol de palomitas y a disfrutar!!!

… les diré barbaridades a las mujeres hermosas…
Esta misma mañana me ha llegado la viñeta de ese pozo de sabiduría que es PhD Comics:

Como aquí dice, somos los invisibles que vagamos por la facultad, sin estatus oficial, atrapados en una realidad hasta que nos llamen para el otro mundo. Os puede parecer de coña pero en parte es así. Durante los últimos años te has dejado caer por una pendiente llamada tesis. Te has encontrado que a veces te has quedado parado y has tenido que pegar un pequeño empujón para seguir rodando. Pero siempre llevabas una cierta inercia. Bajabas a regañadientes o, en ocasiones, despotricando. Pero bajabas, siempre bajabas.
Pero, amigo mío, lees, te llevas al tribunal de farra y has llegado al valle. Estás contento porque has llegado. Has alcanzado la meta. Estás orgulloso de lo que has hecho pero…¿y ahora qué?
Has terminado tan harto de tu tesis que estás deseando que llegue la noche de San Juan para que arda en el fuego purificador. Pero todos sabemos que, una vez concluida, hay que aprovechar los esfuerzos finales que has metido en ella. Hay que rentabilizar con alguna publicación extra el trabajo de tantos años. Aún no has acabado con ella.
Y en Informática quien más y quien menos tiene una aplicación, un sistema, un banco de pruebas sobre el que ha ejemplificado su trabajo. Y generalmente faltan flecos que terminar. Y terminaste tan harto de escribir en Latex que ahora estás dispuesto a dedicar el mismo tiempo a implementar. Te pican los dedos por escribir párrafos que {empiecen  y terminen por llaves} y por pulsar F9 para que el compilador te diga “Type Mismatch“. Y te pones a ello. Pero sabes que eso tiene una duración finita porque eso no escribe artículos, el carbón de nuestra maquinaria laboral. Como decía aquél mítico diálogo:

- Bonitos abdominales.
- Sí, pero esos no follan.

Y te preguntas: ¿de verdad quiero continuar con este tema? Algunos sí. Otros necesitan nuevos aires. Y te pones a leer como un loco, a rebuscar en esa carpeta donde ibas guardando todos esos artículos de temas que te interesaban mucho más que tu maldita tesi pero que tu conciencia, también maldita, te decía: “déjalo para después de la tesis, que ahora sólo te distraerá”. Y vuelves a estar como hace cinco años. Leyendo un artículo que se expandirá exponencialmente con tantas ramas como referencias interesantes tenga. Y buscando ideas con las que… ¿escribir otra tesis? No, gracias.
Y propongo una última alternativa (aunque para vosotros seguro que habrá alguna más): te buscas un padawan. Sí, sangre fresca, aire nuevo, alguien que todavía esté inmaculado y con la fuerza del que empieza. Alguien con quien proyectar un futuro, que leerá algunas de esas infinitas ramas, que te ayudará con el carbón, que te dejará tiempo para implementar (o al que le pasarás el marrón, si usted Teclario es un teórico), al que tendrás que sacar de la desesperación y con el que avanzarás hacia ese “otro mundo” del que empezamos hablando.
¿Y ahora qué? De momento seguiré escribiendo en este blog.
¡Yipikayei, Teclarios!

© 2011 Teclarios Suffusion theme by Sayontan Sinha