Archive for the ‘Vivencias’ Category

Integración

Monday, June 23rd, 2008

Buscamos la integración de las teorías físicas en una única teoría.
Buscamos la integración de inmigrantes.
Buscamos la integración de alumnos con dificultades especiales.
Tenemos la integración definida y la indefinida.
Tenemos la integración entre Java y C++.
Tenemos integración contínua y la económica.
Tenemos la integración entre Subversion y Mantis.
Tenemos integración de paneles solares en ventanas, de muebles viejos en decoración moderna, e incluso de electrodomésticos en la cocina.
Tenemos integración de una consola en el escritorio, o de un video en Flash.
Tenemos la integración de Riemann y la integración de Lebesgue.
Tenemos la integración de la Wikipedia en un blog.
Tenemos la integración de LaTeX en emacs, y de MSBuild en Visual Studio.

Pero ¿qué hacemos estos días con la integración de los no futboleros?

Burocracia vs. investigación vs. docencia

Monday, May 26th, 2008

Querido Ndugu,

No sé si te lo he dicho alguna vez, pero supongo que por los otros escritos míos y de otros teclarios habrás deducido que los caballeros de la Santa Tecla que por aquí pasamos estamos relacionados con la Universidad, bien como “personal docente” o como bec[L]arios. Y, por cierto, el uso de “personal docente” en lugar de “profesor” no es por casualidad, pues resulta que la figura docente “Ayudante” es ayudante a secas, y no “profesor ayudante”.

Pero bueno, que me voy por las ramas…

Ya hemos hablado alguna vez sobre lo que nos cuesta (en dinero) hacer algunas cosas; en particular, ya comentamos lo que cuesta una tesis e incluso lo que cuestan nuestros artículos, pero hoy vengo a hablar de otra cosa: la burocracia. Y, matizando más, no voy a hablar de los papeleos que tenemos que hacer cuando tenemos que enviar un artículo a un congreso, inscribirnos en él, buscar vuelos y hoteles, pedir permisos de desplazamiento y bolsas de viaje o justificar los gastos. No. Tampoco vengo a hablar de la creación de fichas docentes, rellenado y firmado de actas de notas, solicitud de alta en la Wifi de la Universidad, solicitud del complemento retributivo, solicitud de compra de libros a la biblioteca, memoria de actividades, o PDA. No. Vengo a hablar de la burocracia con mayúsculas. Vengo a hablar de la ACAP a la que ya hemos nombrado alguna vez.

Logotipo de la ACAP

Bajo estas siglas se esconde la “Agencia de Calidad, Acreditación y Prospectiva de las Universidades de Madrid”. Para los profanos a esto, la ACAP es una agencia externa que evalúa al aspirante a formar parte del “personal docente” de una Universidad, o a los que, estando ya dentro, aspiran a cambiarse a una categoría profesional mejor. La idea es la siguiente: si quieres optar a una plaza convocada por una Universidad la ACAP debe haberte evaluado favorablemente para esa figura; si no, no puedes optar a ella. Para terminar la explicación, diré que la ACAP es prima-hermana de la ANECA, siendo la mayor diferencia que la primera atañe únicamente a la Comunidad de Madrid, mientras que la segunda es nacional (es decir, si la ACAP te permite presentarte a una figura concreta, sólo lo podrás hacer en las Universidades de la Comunidad de Madrid; si quieres optar a una plaza en otra comunidad, tendrás que tener el permiso de la Agencia Nacional, o de la “agencia local”, si es que existe).

Bien, pues hoy se acababa el plazo para solicitar la evaluación. Y eso es lo que he hecho esta mañana. He estado en el registro donde he entregado una descripción de toda mi vida desde que entré a estudiar Informática, con una cabeza plagada de sueños y los bolsillos llenos de juventud. Y como lo tengo reciente aquí van mis reflexiones.

En principio, la solicitud es básicamente una hoja en la que pones tus datos personales y qué solicitas (figura para la que quieres la evaluación). Después de la hoja, viene tu Curriculum Vitae. Cuando salí de la carrera, creía que un CV era utilizar el asistente del Word y poner ahí las cuatro cosas que tenías. Pero no. En la ACAP hay que rellenar un curriculum normalizado, en el que fijan exactamente qué cosas les interesan de tí (tus entradas en este blog no les importan, por ejemplo; tu título de grado inicial de música tampoco).

Hasta ahí, lo veo razonable. Los evaluadores así tendrán uno montón de solicitudes, pero todas ellas con el mismo formato. La convocatoria, además, da unos baremos en los que aparece cuántos puntos (como máximo) se pueden dar por cada línea que pongas. Es casi como corregir un exámen tipo test.

El currículum, aparentemente sencillo de rellenar, esconde un agujero negro: la columna “Justificante Número“. Tienes que dar justificantes de todos los méritos que pongas, numerarlos y entregarlos ordenaditos. Porque:

  • No te vale decir que eres doctor. Tienes que justificarlo fotocopiando el título o el impreso de haber pagado.
  • No te vale indicar qué asignaturas has impartido. Tienes que proporcionar un certificado firmado por el Decano o Secretario de la Facultad a la que pertenece la asignatura. Y si has dado clase en tres Facultades distintas, tendrás que molestar a los tres Decanos/Secretarios.
  • No te vale decir que das clases en un máster. Tienes que adjuntar un certificado firmado por el Vicerrector responsable del título propio que lo acredite. Para que éste lo haga, tendrás que llevarle un certificado del director del máster que es, al fin y al cabo, el que sabe cuántas clases has impartido.
  • No te vale con decir que has dado N asignaturas con sustancial diferencia de programas entre ellas. Tienes que adjuntar las fichas docentes de todas (aunque las impartieras hace 5 años), firmadas o selladas por la Secretaría de Alumnos o algún otro poseedor de sello oficial.
  • No te vale decir que has dirigido algún trabajo. Tienes que dar un certificado firmado por Secretario/Decano o Vicerrector responsable del título en el que lo has dirigido.
  • No te vale decir que has estado involucrado en un Proyecto de Innovación Educativa. Tienes que dar un certificado firmado por el Vicerrector asociado.
  • No te vale decir que has estado en un proyecto de investigación. Tienes que adjuntar un certificado firmado por el investigador principal, y una copia de la carta de concesión del proyecto.
  • No te vale decir que has escrito un artículo en una revista (con o sin índice de impacto), libro docente, traducción, capítulo de libro o ponencia en un congreso. Tienes que adjuntar la portada del libro/revista, el índice y la primera y última página del artículo. Además, si añades información que refleje cuán importante ha sido esa contribución para el mundo, la cantidad de prestigio que tiene esa revista y/o lo duro que son los revisores, más posibilidades tendrás de que la puntuación final de esa línea de tu CV se acerque al máximo que te pueden dar dentro de la horquilla del baremo.

La lista sigue incansable por todos y cada uno de los puntos del currículum, involucrando no solo tu trabajo en la búsqueda de toda esa información, sino también molestando a las “manos que firman” para que te hagan los certificados oportunos, de los que, menos mal, únicamente el certificado de notas y los títulos cuestan dinero (afortunadamente no hay que entregar los originales…).

Para darle aún más emoción al asunto de rellenar el currículum, resulta que hay que utilizar una aplicación Web para hacerlo. Este año han hecho un manual así que deberíamos estar contentos porque hace dos años la aplicación fallaba tanto que se perdían los datos a cada rato (yo opté por hacer el curriculum a mano…).

En cualquier caso, el uso de esta aplicación Web supone aún más tiempo de dedicación a la elaboración de la solicitud, y tiene infinidad de deficiencias y pegas, algunas de las cuales detallo aquí:

  • Si rellenaste el Curriculum en la convocatoria del año pasado, los datos se conservan, pero “la ACAP advierte que el nuevo Curriculum Vitae no coincide plenamente con el anterior, por lo que cada solicitante deberá revisar que los datos importados corresponden a sus méritos” (¡¿algún trasgu informático?!).
  • La página de entrada no pide contraseña. Estamos metiendo todos y cada uno de nuestros datos, toda nuestra vida profesional, y no estamos protegidos por contraseña. Nuestro usuario es el DNI y fecha de nacimiento, y lo que hace las veces de contraseña es el número de solicitud que, por supuesto, cuando lo rellenas no aparece con los típicos asterísticos de contraseña.
  • La página sólo funciona en Internet Explorer. Cuando en la ACAP te dicen “Optimizado para Internet Explorer” están queriendo decir “Únicamente funciona en Internet Explorer”.
  • La página te da una incorrecta sensación de seguridad. Cuando vas añadiendo líneas al Curriculum, debes pulsar un botón con un símbolo de “Tick” que te hace pensar que la información se ha grabado en sus bases de datos… pero no. Hasta que no le das al botón “Guardar” que hay al final de la página no se graba. Si llevas un buen rato copiando datos dando al Tick, y finalmente das a Guardar, es posible que la sesión haya terminado, y te redirija a la página de “login”, perdiendo todo aquello que tú creías ya a buen recaudo.

Pero lo peor son los números de los justificantes. Si en algún momento, cuando ya estás rellenando el “otros méritos” (la última parte del CV) te das cuenta de que se te ha olvidado añadir un artículo, significa que tienes que añadir una nueva línea en el medio del curriculum. La aplicación te deja hacerlo perfectamente, pero… ¿qué ocurre con el número de justificante? La normativa indica que éstos deben estar ordenados. Eso significa que no vale poner el último número por el que ibas cuando terminaste los Otros Méritos, sino que tienes que poner el número siguiente al de la línea anterior … y hacer un renum cambiando una a una todas las líneas para que tengan bien los números. La otra opción es no numerar los justificantes hasta el final. En cualquier caso, cambiar el número de un justificante implica dar con el ratón tres botones y poner el nuevo número (no va a funcionar el teclado para dar a los botones, no te molestes en preguntar).

Espero que con esto te hagas una idea de lo que supone en tiempo. Tiempo que no dedicamos a investigación. Tiempo que no dedicamos a prepararnos nuestra clases. Tiempo tirado a la basura. Tiempo pagado por el estado. Tiempo perdido que nunca vuelve a encontrarse. En otros méritos me vi tentado a poner como mérito adicional el haber rellenado la solicitud. Al fin y al cabo en ese tiempo podía haber estado investigando para tener una línea (o media, o un cuarto) más en el curriculum, pero ahora no la tengo.

Y a ese tiempo hay que añadir recursos materiales. Mis justificantes han ocupado, entre fichas docentes, BOEs, artículos y certificados, cuatro bonitos tomos de papel que terminará en el mejor de los casos en un contenedor de papel reciclado. Estimo que esta mañana he entregado más de 500 hojas para justificar todo lo que decía haber hecho. A eso hay que añadir todas las que he “desaprovechado” en el proceso, imprimiendo copias temporales del Currículum, para comprobar si estaba todo bien, BOEs con baremos, preguntas frecuentes, explicaciones sobre los baremos, currículums anteriores, etc.

Y ahora multiplicad esos gastos de tiempo y recursos, por todos los becarios, Ayudantes, Ayudantes Doctores y Colaboradores de la Comunidad de Madrid que hayan solicitado la evaluación (según las publicaciones de la ACAP en 2004 fueron 3844, en 2005 3129 y en 2006 1671). Tiempo que no se ha dedicado a mejorar la forma en la que damos las clases, o a la investigación. Dinero que se ha tirado por la borda.

Y ahora queda la otra parte, la que ya los solicitantes no vemos. Toca establecer los comités que nos evaluarán, la gestión de todos esos Currículums que ya están viajando hasta la sede central en Gran Vía, el propio proceso de evaluación… La ACAP reconoce en las mismas publicaciones que los gastos e inversiones que ha tenido que hacer han sido de 133.050€ en 2004, 134.550€ en 2005 y 99.600€ en 2006. Encima, los documentos no aclaran si eso sólo ha sido los costes directos de los evaluadores, o también el resto de costes…

Y ahora queda la ANECA.

La nueva de Indiana Jones: una valoración

Friday, May 23rd, 2008

Aviso a navegantes: En este post están mis impresiones recién vista la última peli de Indiana Jones. El post no desvela mucho de la trama, pero si no has visto la peli y quieres llegar lo más virgen posible al momento clave (al de ver la peli, digo), deja de leer aquí.

Indiana

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! Me ha decepcionado Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal y, creedme, no quería que eso ocurriese. La nueva peli, se mire por donde se mire, no es una digna continuación de sus tres hermanitas. Entiéndaseme bien, no es un completo desastre, pero sí un borrón que mancha el recuerdo mítico de sus tres predecesoras (al menos el mío).

El astuto Lucas, escarmentado del batacazo galáctico, ya se había puesto la venda antes de recibir las críticas de los fans. En esta entrevista nos advertía de que si no nos gustaba la nueva peli, sería culpa nuestra por endiosar a las otras, que, según él, tampoco son para tanto.

Yo discrepo bastante con la tesis de Lucas: Me ha decepcionado la nueva peli porque no es tan divertida, ni tan encantadora como las tres anteriores. He vuelto a ver las tres películas originales hace poco y he comprobado que conservan intacto su poder de fascinación, pese a que han pasado ya 20 años (no solo para ellas, sino también para mí!). En esta nueva peli, la mayoría de los ingredientes de la saga se vuelven a repetir, pero la cosa no sabe tan bien como antes.

Uno de los aspectos donde la cosa ha ido a peor son las escenas de acción. En la última entrega las secuencias de acción son más espectaculares y grandilocuentes que en las películas anteriores. Sin embargo, en pocos casos las igualan en ingenio. Joder, no necesito que Indiana Jones caiga de forma consecutiva por tres cataratas como las del Niágara, me basta con que caiga sólo por una la mitad de grande, si lo hace con gracia.

En algunos momentos, como en la persecución en moto y en las arenas movedizas, sí se recupera el sabor de las antiguas películas. Pero en otros la cosa sobrepasa lo razonable y roza el esperpento. Los ejemplos más sangrantes son: la nevera voladora, el impulso suicida de Marion a la “Thelma & Louise”, y la escenita donde Mutt descubre que no es el hijo de Indiana Jones, sino de Tarzán de los monos.

Me gustaría saber qué opina el resto de teclarios de la peli. A mí la sensación que me ha dejado es que es una oportunidad fallida. Pienso que había buen material y buenas ideas para hacer algo a la altura del resto de la saga. Sin embargo, la cosa se ha malogrado por el camino.

No niego que mi problema ha sido que mis expectativas eran altas. Si esta película fuese una peli de aventuras cualquiera, seguramente hubiese salido contento del cine. Pero siendo Indiana Jones y llevando la firma de Spielberg, me ha quedado un regusto amargo.

Y mira que me jode.

Los orcos de Glasgow

Thursday, May 22nd, 2008

La culpa, como casi todo en esta vida, fue de un funcionario. En Madrid este buen señor nos mandó a paseo, diciéndonos que para finalizar el calvario laboral de Mary teníamos que mandar un fax DIRECTAMENTE desde el Consultado Español en Manchester (ahí al lado). Así que nada, reservamos los billetes de tren y allí que nos fuimos, a pasar lo que pensábamos iba a ser un tedioso trayecto y un día de “permiso” completamente perdido… (por lo menos conoceríamos una nueva ciudad, algo es algo).

Al poco de salir de la estación del Boro, Mary se fijó en un chaval que vestía una camiseta azul y que por la edad debería estar en el cole, y no cogiendo un tren con su padre. Es curioso como allí donde vayas, siempre hay gente haciendo pellas :)

Un par de paradas después subieron un grupo de amigotes que iban pimplándose unas Carlings, hablando a voces, y con unas camisetas azules también… ¡vaya modales!. En algunas camisetas ponía algo así como “Manchester 08″, así que supusimos que serían aficionados que habían pedido el día libre para ver algún partido de la liga inglesa (de la champions?)… ¡mira que poner partido en miércoles! en fin, ya sabemos que el fútbol no es sólo deporte nacional en España.

Según pasábamos por los pueblos nuestro asombro iba en aumento… ¡qué cantidad de “camisas azules”! Cada vez subían más y más… además eran bastante escandalosos, daban voces, reían, canturreaban, comían algo así como precocinados ¿qué coño comían a las 10 de la mañana?… aquello parecía el paseo marítimo de Benidorm en hora punta…

Pero la cosa no había hecho sino empezar… al llegar a York, apareció una manada salvaje de ellos, que enseguida simpatizó con los “azules” que venían en nuestro tren y comenzaron a montar la gran bronca… himnos “ultra” a pleno pulmón, un tío tocando el tambor con el suelo, el techo… ¡e incluso aporreando las ventanas del tren sin descanso! Nosotros, de las pocas personas no-azules del vagón, nos acurrucábamos en nuestros asientos, tratando de disimilar nuestro nerviosismo: ¡oh, Dios, esta gente está fuera de control!

A la altura de Leeds aquello era directamente un tren al infierno… los “azules” eran ya una verdadera horda de orcos descontrolados. En el andén nos esperaba la policía, que “desaconsejaba seriamente” montar a las familias y a la gente mayor. Los agentes pedían por favor que no se golpeara “en demasía” el tren, pero evidentemente los ultras se descojonaban y seguían a lo suyo sin hacer ni caso… fue alucinante ver cómo dos jovencitas, una rubita y una morenita (a la que el chiki-chiki pone muy tontita), intentaban montar alegremente en el tren luciendo mini-minifalda… y claro, fueron recibidas con semejantes pitidos y gemidos de ansia y locura, que se acojonaron y no llegaron ni a pisar el tren (¡sabia decisión por su parte! nosotros habríamos escapado de haber tenido por donde… :,-S)

Tras dos horas y media en la jaula de King-Kong ¡logramos escapar del tren! :-O …para sumergirnos en el caos total de Manchester, una ciudad invadida por la marea azul. Todo estaba lleno de gente, el casco antiguo, las avenidas principales… guiris de todas las edades y con las pintas -de las de vestir- más estrafalarias, incluyendo la tradicional falda escocesa!

Al parecer eramos los únicos seres humanos que no sabíamos donde se estaba celebrando la finalísima de la UEFA: los Rangers de Glasgow contra el Zenit de San Petersburgo. Tsk! Falta de cultura general….

Para que os hagáis una idea de la magnitud del evento: 200.000 escoceses se dieron cita allí (con unas 3 millones de pintas -de las de beber- entre pecho y espalda), 1800 policías movilizados (15 de ellos acabaron seriamente heridos en los disturbios nocturnos… porque encima de brutos, perdieron 0 a 2), cientos de llamadas a ambulancias, decenas de detenidos (6 de ellos por apuñalar vilmente a un pobre aficionado ruso que osaba celebrar la victoria de su equipo)… en fin, el día perfecto para ahorrarse un viaje a Manchester :o]

Finalmente os dejamos un testimonio sonoro (no hubo huevos a grabarles en su cara, sorry) del “ambientazo” que vivimos en el tren. Las imágenes son fotos de la bronca posterior que, gracias a Dios, nos perdimos ;) (ni que decir tiene que resolvimos el papeleo lo más rápido posible y ya estábamos de vuelta para cuando empezaba el partido).

Más info sobre el cataclismo en la prensa local.
¡Salud y buenos alimentos, amigos!

Quizá quieras un caramelo…

Thursday, May 22nd, 2008

Querido Ndugu,

Auditorio Nacional de MúsicaLos seres estirados gustan de ir a las salas de conciertos, para juntarse con otros seres estirados que llevan perfumes caros, corbatas y laca. Eso, además, les permite después en sus tertulias y fiestas de sociedad comentar cómo va envejeciendo año a año tal director, los kilos que ha cogido no se qué tenor o lo bien que suena no se qué orquesta. Desconozco si los seres estirados son capaces de saber cuándo la ejecución de una pieza ha sido magistral o no, aunque tengo la sospecha de que la mayoría de las veces no es así, y simplemente se dejan llevar por el nombre del director, la fama de la orquesta y lo apoteósico del final de la obra para dedicar más o menos aplausos.

A los seres estirados les gusta mirar por encima del hombro a los seres insignificantes que tenemos la osadía de ir a los mismos conciertos, y que nos paseamos en los descansos por sus pasillos donde charlan con otros seres estirados sobre las últimas obras de ballet en las que han estado.

Cuando algún día uno abandona la sala nada más terminar la obra en vez de aplaudir a la espera de una propina (o bis), irremediablemente molesta a alguno de ellos al pasar entre su asiento y la fila de enfrente. Entonces, el ser estirado no puede reprimirse un “¡¿pero qué prisa tienes?!”. No entienden que los seres insignificantes también podamos tener cosas que hacer y que, a pesar de apreciar la ejecución de la obra, debamos irnos corriendo a seguir con nuestras tareas. Supongo que les da igual que tú, abejita atareada, tengas que irte sin disfrutar del posible bis, y que lo único que les importa es que les hagas apartar sus orondas rodillas para dejarte paso.

Pero lo que me tiene más intrigado de los seres estirados es su moralidad; uno no sabe si detrás de esa carcasa de hipocresía se esconde un corazoncito que se apiada de los seres insignificantes cuando éstos tienen algún problema. Porque si algún día te asalta la tos en medio de un concierto, no faltará un ser estirado cercano que te acerque un caramelo. En ese momento entiendo la afirmación de Unamuno “todo acto de bondad es una demostración de poderío”. A veces, el ser estirado al tocarte en el hombro llega a hacerlo con tal fuerza que te clava sus uñas, rompiendo la concentración que tenías para no estallar en un alarido de toses que molestarían al más pintado.
En ese momento, tú te das la vuelta y, amable, le das las gracias. Entonces vuelves a mirar hacia la orquesta preguntándote si el ser estirado lo hizo de buena fe o porque le molestaba hasta más allá de lo soportable tu ruido. Y te da miedo volver a toser porque se supone que tienes el caramelo y ya no deberías hacerlo…

Homenajeando a Mozart con una aventura

Tuesday, April 29th, 2008

Mozart murió joven. Según cuentan algunos, al prever su final, compuso el Ave Verum Corpus (que puede escucharse siguiendo la partitura aquí). Es una obra muy corta, compuesta menos de seis meses antes de morir y en la que se respira paz y religiosidad; al ser de escasa duración (a penas tres minutos) es habitual en los repertorios de corales y coros (yo mismo la he cantado y acompañado al piano). Gusta creer que es la pieza que Mozart compuso pensando que no le daría tiempo a componer un Requiem.

La realidad es que meses antes de firmar la partitura, había recibido, precisamente, el encargo de componer un Requiem. El encargo venía de un misterioso caballero que no dio su identidad, lo que hizo pensar a Mozart, sensible a lo sobrenatural, que era un mensajero del Destino, y que el Requiem sería para su propio funeral.

Desgraciadamente, no le dio tiempo a terminarlo, por lo que fue su ayudante, Franz Xaver Süssmayr quien lo terminó.

Aún recuerdo aquella clase de música en el bachillerato, donde el profesor nos indicó el punto exacto en el que Mozart había dejado de componer. Mientras sonaba el Lacrimosa en el viejo radiocasete, Manolo iba marcando los compases, y cuando comenzó el séptimo, nos indicó que de ahí para adelante la música ya no era obra del gran genio salzburgués.

Yo, emulando a mi otrora profesor y ahora amigo Manolo, voy a hacer lo mismo, aunque con algo mucho más mundano. Un texto que narra una aventura que he vivido hace unas pocas horas y que he escrito mientras sucedía. La aventura ha terminado felizmente, aunque con el texto sin completar. Mientras lo lees, lector carísimo, quiero que pienses que tienes a una persona al lado, marcando el compás. Cuando llegues a la marca “[COMPAS 7]” debes interpretarlo como el final de la aventura; el resto del texto fue escrito con posterioridad, no por mi ayudante, sino por mí mismo, eso sí una vez a salvo y en casita. No he querido cambiar nada del texto escrito in situ, para ser fiel a lo escrito en ese momento, por lo que perdona las faltas que en éste mi hijo vieres:


Me acabo de quedar atascado en el ascensor. Y cuando digo que me he quedado atrapado, digo que estoy atrapado. Escribo estas líneas sentado en el ascensor, con el portátil que afortunadamente tenía conmigo, mientras escucho pitidos del sistema de alarma. Espero que las últimas líneas de este post las escriba ya tranquilamente en casita…

Me siento como Jose Luís López Vázquez en el glorioso corto de La Cabina. Todo empezó cuando me dio por subir en ascensor los cinco pisos desde el garaje hasta el tercero. Llevo una semana subiendo andando, por aquello de la forma física, pero fíjate que hoy me había vuelto vago, y había decidido subir en ascensor. Al menos el ascensor no ha iniciado su ascenso; eso tranquiliza bastante pues sabes que por muy mal que vayan las cosas, no me esperan varios metros de caída libre.

El sistema de alarma que tiene este ascensor es curioso, aunque creo que podría funcionar un poco mejor a estas alturas de siglo. Le he dado a la campana que todos hemos visto en los ascensores y que yo, hasta la fecha, no había tenido que utilizar nunca. El sonido que ha hecho ha provocado que una vecina que andaba por el portal lo haya oído. A gritos me ha dicho que al darle a la campana me deberían contestar los del servicio técnico, pero al indicarla que no me habían contestado ha ido a llamarlos por teléfono.

Al poco de irse, ha contestado una amable señorita del servicio técnico de Otis haciéndome una serie de preguntas según, supongo, el protocolo que tienen ellos establecido.

Tengo que tranquilizar a la gente que piense que puede verse en una situación parecida a ésta que estoy yo viviendo ahora mismo: las preguntas no son demasiado complicadas. Te preguntan si estás atrapado (a esa, mejor que contestes que sí), te preguntan tu nombre (esa también la sabía) y te dicen si tienes algún teléfono donde puedan llamarte (tengo, pero además de tenerlo como siempre con poca batería, no hay aquí abajo y aquí dentro cobertura…). Yo creía que ya no me iban a pillar, y estaba desprevenido cuando ha llegado la pregunta más complicada, con diferencia. Me han preguntado… atención… la calle y el número.

Sí, señores, sí. De lo anterior se deducen dos cosas:

  • El sistema de alarma de la empresa de los ascensores no tiene identificación de la llamada: eso significa que si en un momento de estos de tensión lo último que haces antes de caer desmayado es darle al botón, supuestamente salvador, para que vengan a por ti, no van a venir.
  • No me sé mi dirección: tal cual, señores. Llevo ya el suficiente tiempo viviendo aquí como para sabérmela, pero la urbanización tiene bastantes portales, y siempre me lío entre ellos.

Como he tenido la intuición de que esa era la pregunta más importante para que puedan venir a rescatarte, le he dicho un número casi a voleo. Tengo la esperanza de haber acertado, y si no lo he hecho yo, al menos espero que la vecina sí sepa donde vive.

La señorita me ha dicho que iba a enviar a un técnico y que en un rato volvería a contactar conmigo (de ahí lo de si tenía teléfono) utilizando el mecanismo de comunicación “de la cabina”. Al poco tiempo de eso, ha empezado a sonar el timbre el solito. Y en ese momento es cuando piensas lo estúpido que has sido por no preguntar a la amable señorita de antes si para poder volver a hablar con ella (iniciar la comunicación), había que darle a algún botón…

Llevo ya veinte minutos aquí atrapado, y todavía no tengo respuesta a esa pregunta. El timbre ha empezado a sonar ya varias veces. En algunas de las ocasiones le he dado al botón de la campana, y otras veces le he dejado que suene. Y sin ninguna correlación aparente, algunas veces me ha salido una señorita, y otras veces se ha callado el timbre solo.

Ahora mismo solo me preocupan dos cosas… que luego comentaré porque ahora lo más importante que tengo que decir es que me acaba de decir una voz al otro lado “estamos aquí, ¿vale?”, así que el técnico viene al rescate. No obstante, por completar el post, continuaré con lo que decía que me preocupaba:

  • La duración de la batería del portátil. Ya tiene su tiempo, y no dura mucho.
  • Que la vecina hubiera acertado en la dirección. En una conversación posterior con otra señorita, me ha preguntado si era yo la persona atrapada en una dirección concreta… en la que el número que yo la dije no coincidía.

Coño; ahora me [COMPAS 7] preocupa también otra cosa: de repente oigo sonidos fuertes en el techo; se ha debido subir el técnico para rescatarme, pero la sensación que da es que va a brir un boquete y se me va a plantar en medio. Sobre todo porque es justo en medio donde estoy yo sentado con mi portátil.

De repente, la puerta se empieza a abrir. Se nota que no es de forma automática, porque va dando tirones, como si alguien la estuviera empujando. Se para de abrir, aunque aún queda la mitad. Veo el pasillo que me da acceso a la libertad, pero sigo con el portátil encendido y en el suelo. De repente oigo una voz que viene desde arriba que dice “ya puedes salir”. Me levanto y salgo, mirando hacia arriba, donde veo al técnico encaramado al techo del ascensor asomándose por la rendijita. Le doy las gracias y me voy.

Moraleja: antes de entrar en un ascensor, ten bien claro en qué calle y número te encuentras. Recuerda, tú puedes ser el próximo.

Lo que cuesta una tesis

Tuesday, April 1st, 2008

Querido Ndugu,

Ya otro teclario ha contado lo complicado que es llevar a buen término una tesis. A la ardua labor de investigación, de picar la piedra del problema que tienes enfrente hasta que encuentras la veta, se le suma toda la burocracia que hay que realizar para, finalmente, superar el último y más alto escalón de nuestro sistema educativo.

Para completar el relato anterior, aquí va lo que en el curso 2007-2008 el aspirante a dar ese último paso tiene que desembolsar. Primero viene la tutela de la tesis que técnicamente debería haber ido pagando todos y cada uno de los años que le costó terminarla. Una vez hecho, se deben pagar los derechos a exámen, con los que consigues que los de conserjería te abran la Sala de Grados y pongan unas botellitas de agua para el tribunal y para el doctorando. Pero mucho antes de que eso ocurra, habrás tenido que imprimir y encuadernar la tesis en el formato que se merece; el mínimo son 8 copias (5 para cada miembro del tribunal, una para la biblioteca, una para el rectorado de la Universidad, y otra para el director de la tesis), aunque qué menos que hacer otra para tí mismo. Una vez terminada la lectura, hay que invitar a todos los miembros del tribunal a una comida decente para agradecerles haber aceptado el marrón de leerse el truño. Y por fin, cuando ya está todo terminado, tienes que pasar por secretaría para pedir el título…

Resumiendo:

  • Matrícula de tutela de tesis: 89′18 €
  • Derechos de exámen para poder leer la tesis: 121′82 €
  • Impresión y encuadernación de ejemplares de la tesis para el tribunal, director, biblioteca y rectorado: ~400€
  • Comida de celebración para tribunal y director: ~300€
  • Solicitud del título de doctor: 195′61 €

Tener el título de doctor: no tiene precio.

Cómo funciona la mente

Friday, November 2nd, 2007

Neurona

Este es el ambicioso título de un libro de Steven Pinker que acabo de terminar. El autor es psicólogo y lingüística, profesor en Harvard y anteriormente en el MIT, y yo lo conocía por un libro anterior que considero bastante bueno: El instinto del lenguaje.

Como comprenderéis, el tema del libro es tan denso y complejo que me cuesta horrores contenerme para no crear un post gigantesco e imposible de digerir. Por lo que iré al grano, dando mi resumen y mis recomendaciones, centrándome en decir qué me ha gustado y qué no me ha gustado del libro. El debate lo dejo para la hora de la comida ;)

El libro expone la visión evolucionista y computacional de la mente que tiene el autor. El evolucionismo psicológico postula que la mente humana es un órgano modelado por selección natural a lo largo del tiempo, por lo tanto genéticamente adaptado para que seamos seres de aptitud óptima para la vida y la reproducción en nuestro contexto biológico “reciente”. Esta es a mi juicio la gran clave del libro, postulado del que el autor incluso llega a abusar en algunos momentos. Por otro lado la teoría computacional de la mente nos dice que la mente humana es una gran red neuronal organizada -de forma difusa, compleja e imperfecta- en un conjunto de módulos especializados en resolver distintas tareas de representación y procesamiento de la información. En nuestro mundillo informático esta idea está tan asumida (¿cuales son las alternativas? :-S) que apenas he conseguido identificarla entre las afirmaciones del libro, también porque el autor considera que las características computacionales de la mente son el producto natural de la evolución biológica, y por tanto todo el peso del libro recae en realidad sobre dicho postulado evolucionista.

Mi principal conclusión es que el libro puede interesar a los que quieran saber más sobre psicología cognitiva y toparse con muchas ideas bastante bien razonadas y documentadas que le obliguen a replantearse la forma de ver la vida cotidiana. Sin embargo esto no significa que este libro deba tener prioridad absoluta por encima de muchísimas otras lecturas (también “teóricas” o más prácticas) que existen por ahí, y que seguro también son muy buenas :)

Cosas que me han gustado.

El autor es un buen científico en el sentido de que disfruta argumentando cada idea, y además las argumenta con gracia, ilustrando ciertas cosas con ejemplos y anécdotas interesantes. Además el libro contiene apéndices con muchísimas notas bibliográficas que documentan perfectamente cada punto que trata el autor. Si uno no ve esos apéndices podría pensar que el autor está inventandose (o incluso apropiándose) las referencias a otros trabajos, por la naturalidad con la que habla de ellos :)

Sin duda este señor es un gran lingüísta y científico experimental. Las mejores partes son aquellas en las que habla sobre el lenguaje (no muchas, dado que para eso tiene otro libro sobre el tema) y en las que menciona experimentos realizados por él y sus colegas. Desde mi punto de vista los experimentos son la mejor arma para argumentar en aquellas cuestiones de la mente que sí pueden ser estudiadas desde un punto de vista empírico.

Hay un montón de cosas curiosas que aprender sobre cómo funciona nuestra mente y teorías muy originales que tratan de explicar el porqué nos comportamos de una cierta manera… aunque algunas no estén lo suficientemente comprobadas, creo que es positivo leer sobre ellas y mirar la vida con otros ojos, analizando lo que sucede a nuestro alrededor de acuerdo a unos criterios distintos a como lo veníamos haciendo hasta ahora :)

Muchas de estas ideas son terriblemente polémicas y las trata con normalidad, algunas incluso coinciden con mis intuiciones al respecto, por lo que me alegré mucho al ver que han sido comprobadas científicamente (diferencias entre hombres y mujeres, comportamiento ante parientes y amigos, desarrollo psicológico de los niños, etc.). Uno además se entera de qué es lo que pita ahora mismo en psicología, de cuales son los enemigos que este hombre tiene dentro de su mundillo académico (sorprende ver lo mucho que combate las tesis feministas, lo políticamente correcto hoy día, y la forma en que deliberadamente evita entrar en detalle con la cuestión de la homosexualidad).

Cosas que no me han gustado.

En ocasiones el libro se vuelve demasiado denso y aburrido, los capítulos de autómatas finitos me resultaron obvios y los que hablan de teoría de la visión tridimensional me parecieron tediosamente detallados (aunque eso puede que sea cuestión de intereses y gustos).

La traducción estoy convencido de que es pésima. Si el tema ya de por sí resulta complejo, al traducir de forma esotérica términos muy populares en Informática (como “demones” en vez de demonios de un sistema operativo) hay partes que resultan irritantemente ilegibles. Mi ejemplar es una primera edición de Ediciones Destino y la impresión está también plagada de erratas y páginas enteras donde faltan caracteres.

Lo más importante: la idea fundamental del libro, la mente como un producto de la selección natural, también es el punto flaco. Y es que el autor parece “forzar” a que esa explicación, razonablemente válida para la mayoría de los supuestos que propone, encaje en todas partes, viendose obligado a explicar el Arte, el Humor, la Conciencia, la Filosofía, la Religión, etc. en relación a la evolución biológica de nuestra especie.

Y no es que Pinker crea realmente que no existe otra explicación más allá de la genética (habla del importante factor de la cultura, el aprendizaje, las experiencias individuales de cada uno… e incluso de enigmas sin descrifrar todavía en la psicología humana), pero de alguna forma la genética es lo único de lo que él tiene datos y por tanto la única hipótesis que puede ir contrastando con todo para ver si encaja. ¿Porqué no dejar claro desde un principio que la evolución es un factor importante a la hora de explicar cómo funcionan nuestras mentes pero NO EL ÚNICO, y así no derrochar esfuerzos en comprobaciones futiles?

Creo que el problema radica en el materialismo de fondo que impregna las ideas del autor. Como muchos sabios de nuestro tiempo, Pinker adolece de un prejuicio peligroso: cree que existe una falsedad absoluta, a saber: lo que existe más allá de la leyes de la Física es falso. El no tener la mente abierta a la existencia de realidades metafísicas, hace que -por ejemplo- en unas pocas páginas al final del libro y de un plumazo se ventile la Filosofía como algo “útil en la medida en que de vez en cuando identifica problemas sí resolubles por el método científico”, el Arte como un “subproducto adaptativo relacionado con nuestra lucha contínua por aumentar nuestro prestigio social” o la Religión (vista como una mera superstición animista) como “una dañina cultura promovida por los ancianos y los clérigos para su propio beneficio”.

Según estas ideas y los datos que el propio Pinker aporta, es inmenso el número de personas que viven engañados por otros o tratando de buscar verdades para las que, según el autor mismo reconoce, nuestra mente podría no estar capacitada para reconocer. Nosotros los científicos no formamos parte de esa equivocada mayoría, por supuesto :) Uno de sus argumentos más poderosos dice que “a lo largo de la Historia no ha habido progreso en cuestiones éticas, morales o religiosas, mientras que sí lo ha habido -y mucho- en el ámbito científico”.

No estoy de acuerdo con esa afirmación, y aunque me llevaría mucho tiempo y estudio estar completamente preparado para refutarla, intuyo que esa apreciación proviene del hecho de que nuestra cultura ACTUAL (contexto que influye terriblemente en nuestra forma de pensar) es muy escrupulosa en cuanto a la conservación y explotación de verdades científicas, en la medida en que estas prometen acumular mucho bienestar, placer y comodidades para nosotros, miembros de las clases dominantes de la sociedad global; mientras que se muestra poco o nada interesada en (probablemente también incapaz de) conservar y explotar las verdades de otra naturaleza -interna, humanista, espiritual…- que prometen un camino ético exigente y rigurosamente individualizado e independiente hacia la felicidad trascendente pero inmaterial de cada persona.

He dicho :)

Caja Madrid desea contrastar con Vd. algunas operaciones…

Wednesday, October 10th, 2007

Hace un momento he recibido en mi teléfono móvil el siguiente mensaje: “Caja Madrid desea contrastar con Vd. algunas operaciones realizadas con su tarjeta 555555****555*. Por favor, llame al 902 2 4 6 8 10 lo antes posible.” Remitente: 5080.

Dado lo “alarmista” del mensaje y los muchos rumores y noticias sobre fraudes bancarios que usan el móvil o el teléfono fijo como medio para embaucar al cliente, me extraño bastante.

Comprueba el estado de mi cuenta por Internet: en principio todo correcto y sin que se reflejen operaciones con la VISA. El caso es que los números de la tarjeta (que yo he sustituido aquí por cincos) son correctos… y el teléfono del mensaje es también el que aparece anunciado en la web de Caja Madrid. Eso me ¿tranquiliza? un poco. Voy a llamar.

Tras pasar el menú del banco y acceder a un operador me preguntan si ha habido algún movimiento extraño en la cuenta, distinto a mi actividad normal, intervenga o no mi VISA. Umm… ¡ahora caigo! Recientemente me han ingresado un dinero que me debían (cuantioso, pero inferior a mi nómina mensual, para que os hagáis una idea), podría ser eso, aunque se trate de un ingreso a mi favor y nada tenga que ver con mis tarjetas. Me dicen que sí, que no me preocupe, que seguramente sea eso… que se trata de una alerta que se dispara automáticamente al advertir movimientos infrecuentes en la cuenta, un servicio que en Caja Madrid antes era de pago y ahora no…

En fin; no me dan más pistas… asumo que la operadora no debe tener acceso al dato que disparó la alerta (¡que es el que interesa!) así que doy por buena mi suposición. Me pregunto cómo tendrán implementado el algoritmo, si este será capaz de calibrarse mejor para no volver locos a los muchos clientes cuya irregular vida obligadamente registra movimientos irregulares (¡bastante más irregulares que el mío!) en el banco… la operadora nos dejó otra pista: “Uf, imagínese: en verano no nos deja de llamar la gente, que si pagan el hotel, el viaje, algún gasto extraordinario…“.

¡Menuda prueba de fuego para el machine learning! :)

*** POSMORTEM *** Creo que por culpa de cierta teleoperadora ecuatoriana nunca lo sabré a ciencia cierta, pero hoy he realizado una compra con la VISA y me la han denegado por superar el límite de gastos acumulados en meses anteriores. A mi me parece que “facturas procedentes de Tailandia e Indonesia que agotan el límite de una tarjeta de créditoSÍ encaja mejor con una posible descripción de movimiento bancario sospechoso que “ingresos irregulares en la cuenta corriente“… pero en fin :)

El oficio más antiguo del mundo

Tuesday, August 7th, 2007

Mi búsqueda sobre la verdad en la orientación a objetos me ha hecho tropezarme con el chiste que paso a contaros a continuación. Siento haber defraudado las expectativas de todos aquellos que buscábais aquí otro oficio probablemente más antiguo:

Un médico, un ingeniero civil y un informático discutían sobre cuál era el oficio más antiguo del mundo. El médico fue el primero en intervenir: “Bien, por todos es conocido que Dios creo a Eva usando una costilla de Adán. Por tanto, era imprescindible unos conocimientos en cirugía, de lo que podemos concluir que la mía es la profesión más antigua del mundo”.
El ingeniero civil le interrumpió: “Pero mucho antes, en el libro del Génesis, se menciona que Dios creo los cielos y la Tierra a partir del caos. Claramente se trató de la primera y más espectacular aplicación de ingeniería civil. Debemo entonces considerar que la mía es la profesión más antigua”
El informático se recostó en su asiento y esgrimiendo una sonrisa dijo: “Ah, pero ¿quién creen ustedes que creo el caos?”

Extraído del libro Object-Oriented Analysis and Design with Applications, de Grady Booch