Apoyo la cabeza atrás, cierro los ojos y toco inútilmente el asiento delantero con la mano, como si lo sujetara. El avión despega y mi cabeza parece arder: me late la frente y los ojos, los siento como dos huevos cocidos. No es por volar, es por falta de sueño. Demasiadas noches seguidas durmiendo un número horas que siempre puedo contar con la mano. Mierda. Al final me subió la fiebre… justo el dia en que me voy de congreso :-(

Hay dos fenómenos que irremediablemente acompañan a mis procesos febriles: enormes ganas de comer dulce… y absoluto descontrol a la hora de pensar guarradas. Curiosamente, aunque el cuerpo no acompañe, mi cerebro incrementa su grado de perversidad habitual en un 300%. Me pongo escatológico total. Esa azafata rubia y modosita encorsetándose un sucísimo chaleco salvavidas me daría pie para escribir otro American Psyco.

Sorprendentemente me defiendo bastante bien en el evento. Logro aguantar hasta mi charla sin desmayos, suelto mi charleta de videojuegos, y encima, parece que gusta. Dos o tres psicopedagogas cuarentonas me abordan a la salida para proponerme colaboraciones, hacerme preguntas… lo típico. Pero hay algo que no funciona: cómo las hablo, cómo las miro, cómo las sonrío… ¡las estoy “considerando”! (entiéndase, en términos sexuales). Vale que con la fiebre esté algo más salido, pero creedme, amigos: para mi una mujer que tiene -de manera tan evidente- más edad que yo es un yogur caducado. Y yo, encima, como que soy de los paranoicos que revisan periódicamente su nevera… Para colmo, a tiro de piedra hay dos objetivos altamente prioritarios: sendas becarias argentinas, a cual más jamona, que ejercen como dóciles siervas de las investigadoras cuarentonas. Una morena, de pelo rizado y ojazos verdes, y una rubia de curvas imposibles a lo Jessica Rabbit… ¡y las dos me sacan una cabeza! [Inciso: si hay algo que me mata de morbo son las féminas que me superan en a) inteligencia o b) tamaño ... y aunque ambos requisitos son relativamente débiles, el segundo se detecta de inmediato... ¡ojo, no hablo de GORDAS! Gordas no way. Me refiero a tías-buenas-de-proporciones-estándar, pero que han sido escaladas en los tres ejes un poco más de la cuenta, con el único fin de provocar].

Bueno, que me lío… que las argentinas estaban muy buenas pero yo seguía pendiente de las cuarentonas. ¿Donde está el problema? En la apreciación de méritos, amigos. Estar maciza con 20 años no tiene NINGÚN, pero que ningún mérito. Pero mantenerte los siguientes 20 años en forma, con una piel decente, desprendiendo elegancia y feminidad en el vestir, en el maquillaje (que maximiza tu “belleza madura”, pero sin pretender falsear tu edad, que queda fatal), etc… en fin, todo eso como que sí que tiene mucho mérito, y de alguna forma lo que me pasa es que cada vez lo estoy valorando más (suspiro). Me despido de ellas antes de que esto vaya a mayores, pues parece que hasta hacemos amistad y no estoy yo hoy para hacer amigos… (nota de mi cerebro: “Aunque sea con tus últimas fuerzas, me debes una paja pensando en la rubia cuando llegues al hotel. ¡Pórtate como un hombre!”).

Por la noche, tras un largo día de chuparme charletas, subo una cuesta infernal hasta mi hotel, que está a tomar por culo (aproximadamente) de la sede del congreso. Voy despacio, casi jadeando, porque apenas puedo con mi alma. La fiebre hace que constantemente tenga ganas de hacer pis. No lo he dicho antes, pero estoy en un pueblo costero de esos colonizados por los guiris. Veo pequeñas mansiones de pudientes noruegos, suecos y alemanes por todos lados. Nadie en la calle que me pudiera ayudar si la enfermedad puede conmigo y caigo rodando cuesta abajo.

Al aproximarme al hotel me espera un espectáculo insólito: música y luces de colores por todas partes. Hay un fiestón de cuidado. Mi cerebro fantasea: el hotel es la residencia temporal de un séquito de supermodelos noruegas que están celebrando su éxito en la Madrid Fashion Week. Le están dando al alcohol y a las drogas duras, y bailan desesperadas, braga en mano, esperando a que aparezca un ejemplar de macho ibérico en escena para avalanzarse sobre él y dejarlo seco.

Parece que no, pero con esta fantasía las piernas me responden de otra manera. Gracias, cerebro.

Cuando por fin llego al hotel y entro en el hall, descarto mi anterior hipótesis: los que están de fiesta son un montón de abueletes del IMSERSO, que gracias a su condición de jubiletas pueden permitirse estar cualquier día, de cualquier época del año, en un resort de la Costa Blanca escuchando atronadores hits de Chayanne y David Bustamante hasta la hora que haga falta… bailando y riendo juntos, en una bacanal sin fin. No en vano, y por terminar de ubicaros, estoy muy cerquita de Benidorm.

Me quedo absorto mirándoles. Casi todas son mujeres (viven más que los hombres, sí) y ahí las tengo, con sus rebecas de lana, sus peinados teñidos y estropajosos, sus meneitos lentorros pa’lante-pa’trás haciendo con que bailan, pero que realizan sin esfuerzo (por lo que la oscilación podría eternizarse como en los péndulos de los mercadillos)… y sobretodo: sus sonrisas de felicidad absoluta. A nadie les importa lo que hagan y por eso, precisamente por eso, son los dueños del hotel. ¡Todo está ahí para ellos! La discoteca, la zona de bar, el SPA… todo para su exclusivo uso y disfrute. Son la razón de ser de este hotel… no yo, que vengo y apenas piso por la habitación para dormir en ella.

Los dueños del complejo y algunos empleados -tampoco lo he dicho- son noruegos. Y el hotel en sí, también tiene cierto diseño extranjero. Me fijo en los detalles, algo pobres, de la decoración del baño mientras hago mis necesidades sentado en el váter. Casi me duermo. Pero no, de vez en cuando me espabilo y me sigo limpiando, aunque sin recordar muy bien si he terminado… [Inciso: os hago saber que hay cuatro escuelas diferenciadas de usuarios de papel higiénico, a saber: a) Voy a lo kamikaze, de quien se limpia rápido con un poco de papel y sin mirar los resultados, se enfunda el gayumbo y sigue como si nada. ¡Esto es una guarrada, señores!, luego viene la zurraspa en to’l calzoncillo ¿y que hacemos?. b) El marrón: repetición, pero de lo amarillo tolero un poquillo. De quien utiliza un bucle do-while donde la condición es encontrar el papel suficientemente limpio, aunque se admite una ligera tonalidad amarilla en la última pasada. -No, no es un efecto de la luz del baño: ¡TODAVÍA sale amarillo, cabrón! Levántate si tienes prisa… pero, por favor, sé honesto y no te engañes a ti mismo-. c) El algodón no engaña. Este soy yo, un maniático compulsivo de la limpieza, que no tiene inconveniente en gastar todo el rollo con tal de que no haya RESTO NINGUNO que pueda distinguir la higiene existente en la comisura de mis nalgas, de -pongamos por ejemplo- mis sobacos. And finally d) La delgada linea roja. Si al mirar el papel compruebas que has llegado a este estadío… te has pasado limpiándote, amigo :-( Sufrirás las consecuencias… en silencio (WARNING! este estadío es fácilmente alcanzable si no conoces de antemano la calidad del papel de baño a utilizar… cuando vas por ahí, no es como en casa, hay lugares donde lo que sirven es directamente papel de lija).

Pero bueno ¿de qué coño estamos hablando? ¿por donde iba?… Ah sí, estaba terminando de limpiarme el culo. Tiro de la cadena y… ¡¡¡DIOS, por poco rebosa todo entero!!! Resulta que he usado taaanto papel higiénico en mis sucesivos despertares y limpiezas, y que el desague del váter noruego de diseño es tan estrecho que ahora se ha formado un tapón acojonante y no hay manera de que eso “trague”. La escobilla no hace más que empeorar la situación. Dantesco. El espectáculo que tengo ante mis ojos es dantesco. Dada mi situación de extrema vulnerabilidad física y pocas ganas de ver a nadie, decido recurrir al arte del escaqueo y lidiar con el “marrón” a la mañana siguiente. “Podré dormir con eso ahí, tengo suficiente sueño” me digo para mi mismo y mi cerebro añade: “Que mañana lo limpie la chacha noruega… ¿te divierte que las hipermodelos de tu país no quieran follar conmigo, ehhh? ¡¡Pues limpia esto, cabrona!! HA HA HA-HA-HAAA!!!”.

Perdonad, creo que deliro. Me tiro en la cama y ni siquiera me desvisto.

Por la noche la fiebre hace de las suyas y sueño (o pienso medio dormido) más cosas raras. El ruido de la fiesta llega, aunque muy atenuado a mi habitación. La puerta se abre (¡olvidé poner el cartel de No Molestes!) y entran mujeres a mi cuarto. Pero no son las modelos noruegas, ni las becarias argentinas… son las viejas españolas, bailando todavía con ese ritmillo cansino y su sonrisa perenne. No me dejan dormir, pero no me importa. Alguna, al ver que me sobresale el culo por las sábanas, me lo fustiga con los tubitos del chaleco salvavidas. Están de guasa, no pasa nada, y la verdad es que tener el culo al aire me estaba dando frío.

Las contemplo feliz, desde dentro de mi edredón. Pienso que lo han conseguido: han envejecido muy bien, han llegado a disfrutar del retiro, con salud. ¿Quien sabe si nosotros lo conseguiremos? Son unos ganadores, cada día que les queda será orgía, bacanal sin sentido… comilonas, SPA y discoteca… así, ciclando de resort en resort, de viaje organizado en viaje organizado, por los siglos de los siglos. Amén.

Pienso en lo que han hecho estos viejos por nosotros y casi me emociono, chavales: han trabajado toda su vida, han aportado pasta al sistema… ¡gracias a su esfuerzo ahora millones de españoles pueden ir tirando de cobrar un paro!… y para colmo ahora son también el motor de la economía (el turismo de los viejos europeos, ¡y el auto-turismo de los españoles! ¡claro!). Le dan trabajo a los hoteles, a los camareros, a Bisbal y a Chenoa (son sus fieles adeptos), a la SGAE… en fin. Si supieran usar Internet, seguro que habrían impedido que cerraran hasta MegaUpload.

No seais pudorosos, amigos… yo he sido el primero en reconocerlo, pero después de mi habrán de venir otros que lo repitan: España, nuestra querida patria… “me la están levantando” los viejos.

  Querida Kitty,

En mis días por Atlanta, no podía dejar pasar la oportunidad de visitar las, en general, pocas cosas que esta ciudad olímpica nos ofrece.

Una amiga me envió el enlace a diddit, una página Web con la lista de lugares imprescindibles a visitar en diferentes ciudades del mundo (quizá enfocado principalmente en Estados Unidos, porque de Madrid vienen 7, con la FNAC por encima del Palacio Real o el Reina Sofía… y sin rastro de Barcelona, Toledo o Granada…).

El caso es que de Atlanta vienen 10… de los que destacan el “Georgia Aquarium“, el acuario más grande del mundo, situado en la misma plaza (y financiado por, creo) el “Mundo de Coca-Cola“, un museo dedicado a dicha bebida, que fue creada por John S. Pemberton en 1885. También están relativamente cerca el parque de atracciones “Six flags over Georgia” con unas montañas rusas que estoy deseando probar, y el “Stone Mountain Park“, un parque natural montado alrededor de un pedrolo de granito de 251 metros de altura y 8 kilómetros de circunferencia, con el bajorelieve más grande del mundo, de 12.000 metros cuadrados (entre dos y tres campos de futbol). Si unimos a todo esto algunos estadios, el parque olímpico, el Fox theatre y el CNN Center (un inmenso recinto con restaurantes de comida rápida situado entre los edificios de la CNN), la lista llega a 10 con mucho esfuerzo.

Increíblemente, se olvidan del King Center, dedicado a Martin Luther King Jr, que nació y vivió en Atlanta y que sí aparece en muchas otras guías sobre Atlanta. Lo que no aparece en ninguna, sin embargo, es una “exhibición” que aquí en Atlanta va de la mano de la archiconocida Bodies, y que se conoce internacionalmente como Dialogue in the Dark (Dialog in the Dark en Estados Unidos).

Cartel de “Dialog in the dark”

Nos habían hablado bien de ella, a si es que fuimos dos amigos y yo para allá, con nuestras flamantes bicis. Por el camino, tuvimos que preguntar a la que parecía una familia de indios, con los dos padres cercanos a la jubilación y su hijo. Amablemente nos indicaron dónde estaba, y entre alguna que otra vuelta inútil y aparcar las bicis, cuando llegamos a la taquilla nos encontramos a los tres a los que acabábamos de preguntar comprando sus entradas para el mismo sitio donde nosotros íbamos.

Al ir a pagar… su tarjeta de crédito no funcionó, y tuvieron que marcharse a sacar dinero. Mientras, fuimos a sacar nosotros tres la entrada, y se dio la peculiar situación de que… sólo quedaba aforo para 5 personas, y 3 entradas estaban aún bloqueadas por la familia anterior. Por tanto, tuvimos que esperar a que las desbloquearan, y en ese rato, volvieron los tres indios, que religiosamente volvieron a colocarse en la fila detrás de nosotros…

La taquillera les avisó que sólo quedarían dos entradas para ellos, porque sus tres nos las íbamos a llevar nosotros. Y claro… fue un tanto incómodo :-) Además, nosotros también pagamos con tarjeta, a si es que se quedaron ojo avizor a ver si el problema había sido de su tarjeta o del lector y a nosotros tampoco nos funcionaba… Finalmente se dieron por vencidos y dijeron que volverían otro día, mientras, desagradecidos, nosotros nos hacíamos los guiris simulando que no entendíamos.

En cualquier caso, y volviendo a lo importante, al entrar te dan la bienvenida … un  montón de, literalmente, bastones de ciego:

Bastones de ciego a la entrada de “Dialog in the dark”

Cada asistente debe coger uno, asegurarse de dejar en las taquillas cualquier cosa que emita luz (relojes, móviles…) y entrar en una zona en penumbra.

Una vez dentro, nos da la bienvenida una persona que nos dirige a unos asientos cúbicos iluminados por dentro. En un inglés infernal nos cuenta que la exhibición consiste en experimentar actividades cotidianas desde el punto de vista… de un ciego. De modo, que tendremos un guía profesional que nos hará recorrer diferentes lugares, y nos pondrá a prueba. Nos da unas breves instrucciones sobre el uso del bastón, y nos abandona, mientras las luces de los asientos se van difuminando cada vez más hasta llegar a la más absoluta oscuridad.

En ese momento se oye a nuestro guía, con un inglés negro difícil de seguir. No hemos perdido solo el sentido de la vista, sino también prácticamente el del lenguaje…. ¡¿pero dónde aprende a hablar esta gente?!

El caso es que, en la más completa oscuridad, nos va llevando por los diferentes lugares que se recrean en la exhibición: un supermercado, donde podemos tocar y oler la fruta, latas, y otros productos, para terminar pasando por la caja registradora. También paseamos por un parque, con unos bancos que resultan muy difíciles de encontrar, subimos a un barco que se mueve y que casi te marea al no tener referencias visuales, y también a una concurrente calle donde se oyen coches por todos los lados, y un trino salvador que te indica cuando y por dónde puedes cruzar.

La exhibición acaba en un bar, donde tenemos que buscar la barra y nos atiende un amable camarero donde podemos comprar y pagar bebida (de verdad), y luego buscar un lugar donde sentarnos. Hasta este momento, el grupo era de unas 10 personas junto con el guía… que es mucha gente dando palos de ciego, la verdad. En el bar, sin embargo, la cosa se pone peor, porque se juntan otros grupos más que han hecho rutas diferentes, por lo que supone algo más de agobio.

Al final, el grupo inicial acabamos sentados con nuestro guía, conversando, lo que da nombre a la exhibición y su “Diálogo en la oscuridad”. El guía nos cuenta que… de hecho es ciego. Cosa que resulta increíble, porque en algunos momentos algunos terminamos completamente perdidos y el tipo sabía dónde encontrarnos (yo llegué a pensar si tendría algún tipo de gafas de visión nocturna o algo). El diálogo se centra por tanto en preguntas sobre su vida diaria, una vez que todos nosotros hemos experimentado lo que para él es el día a día.

La experiencia es inolvidable y no se puede expresar con palabras la desorientación que se siente. Parece que la idea nació en Alemania a finales de la década de los 80, y desde entonces se ha ido expandiendo y está en varias ciudades alrededor del mundo (a España no ha llegado). Lo verdaderamente bonito es la actividad social que ocasiona, pues da trabajo a un montón de gente ciega que se convierten en guías de videntes, en lugar de necesitar a videntes guía. Una de las asistentes mencionó en el bar (a oscuras) que también en Alemania había surgido una idea similar llamada “Eating in the dark”, consistente en restaurantes en los que se comía completamente a oscuras (también con camareros ciegos). Esto no sólo sirve para mostrar las dificultades, sino también lo que intimida llevarse a la boca algo que no se sabe lo que es, y, sobre todo, dejar que sea el gusto y el olfato el que te guíe y puedas concentrarte en los sabores al no tener imágenes que te despisten.

Por tanto, si en vuestros viajes caéis en en alguna de las ciudades donde se puede asistir a Dialogue in the Dark, os recomiendo que no dejéis pasar la oportunidad de ir. Y ya de paso, preguntad a vuestro guía cómo sueña un ciego, que a nosotros se nos ocurrió demasiado tarde.

Para los que no podáis asistir, os dejo una foto:

Interior de Dialog in the Dark

Lástima que no me dejaran usar el flash.

…aunque no sea el mío.

En su Última Lección, Randy Pausch hablaba de la importancia de hacer realidad nuestros sueños de la infancia. Personalmente, yo nunca he tenido muy claros los míos. Quitando la posibilidad de viajar al espacio, que parece más bien irrealizable (hablo del espacio de verdad, en este plan y no en éste), miro hacia atrás y no veo grandes obsesiones.

En cambio, mi amiga Dácil si tiene sueños y obsesiones. Una de ellas, era emular a los grandes exploradores antárticos de principios del siglo XX, como Scott o Amundsen. La conquista de los polos es un tema que le fascina, como atestigua la importante colección de libros sobre el polo sur que tiene en casa. Desafortunadamente, una periodista que trabaja en un medio de comunicación conservador centrado en noticias de economía sin que esto ayude mucho a su propia economía, tiene muy pocas posibilidades de cumplir un sueño como viajar a la Antártida.

Pero, contra todo pronóstico, resulta que precisamente éste trabajo le va a permitir cumplir su sueño. Hace unos meses, en su empresa le preguntaron si estaría dispuesta a viajar al Polo Sur durante un mes para elaborar una serie de reportajes. Desde entonces, ha vivido como en un sueño, sin terminar de creérselo. “No me lo creeré hasta que no me vaya”, decía. Pues bien, el miércoles se fue rumbo a la Antártida.

Si a alguno os gustan los viajes exóticos, os interesa la exploración o simplemente os atrae el Polo como a ella, os invito a seguir la experiencia en su blog Al Sur del Sur.

Entre tanto, yo seguiré esperando. Tarde o temprano, alguiense dará cuenta de que es imprescindible que me vaya a Alfa Centauri a enseñar a sus habitantes cómo aprender jugando.

Querido Ndugu,

En el Discovery Channel hay un programa bastante entretenido llamado “mythbusters” o “Cazadores de mitos”. En cada episodio eligen un “mito” o creencia ampliamente extendida, e intentan averiguar si realmente es cierto o no.

Por ejemplo, en su largo historial de programas, han comprobado si una gasolinera puede explotar por utilizar el móvil mientras se reposta, si el Hindenburg pudo realmente incendiarse debido al hidrógeno o si el color rojo atrae de verdad a los toros.

El otro día veía un episodio donde comprueban si algunas de las escenas que vemos en las películas son en realidad posibles o no. En concreto, probaban si es posible realizar los robos que en algunas ocasiones ocurren en películas. Primero comprobaban si se puede subir cautelosamente por un conducto de ventilación utilizando imanes para ir escalando, después si se puede pasar por una habitación llena de sensores con láseres, y por último, si se puede engañar a una vitrina con control de presión, quitando el objeto a robar sustituyéndolo por otro.

Son tres buenos mitos que vemos habitualmente en el cine, pero yo echaba en falta uno mucho más mundano y que ocurre muchas más veces: ¿de verdad es tan fácil romper las barreras de aparcamientos, peajes o aduanas con un coche? Porque en la vida real parecen bastante robustas como para poderse romper de esa forma…

… así que aprovechando que estoy pasando una temporadita en Estados Unidos, decidí ponerme el sombrero de Cazador de Mitos y probar por mí mismo si es posible o no (Aviso, no intentéis lo que viene en casa…).

Lo primero era localizar una barrera contra la que lanzarme. Camino al sitio donde juego al squash hay un aparcamiento casi perfecto para el experimento. En el camino de ida hay dos entradas para coches con barreras. Una de las barreras falta (¿algún otro cazador de mitos?), pero la otra está casi siempre bajada. No es ideal para el experimento, pero puede valer. El problema es que la entrada es cuesta arriba, lo que limita la velocidad del golpe, pero no encontré nada mejor.

Lo segundo era encontrar un vehículo. Aquí no tengo coche así que el experimento tendría que hacerse con mi flamante bicicleta de saldo. Hacer la prueba con una bicicleta lo hace aún más complicado, porque la velocidad con la que puedes golpear la barrera es mucho menor, máxime cuando encima hay una cuesta arriba para llegar a ella.

Lo tercero, por lo tanto, era un duro entrenamiento para poder llegar con una velocidad adecuada al golpe. Llevo más de un mes cogiendo la bicicleta todos los días para prepararme.

Lo cuarto era intentar maximizar mi seguridad. No sabía a lo que me enfrentaba, así que conseguí un casco para minimizar las bajas.

Y por último, lo más importante, elegir el día. El mejor momento, sin duda alguna, es un fin de semana. El aparcamiento está situado en la zona del campus de la universidad en la que estoy, por lo que los fines de semana apenas hay coches ni gente por ahí. Y si el día era lluvioso, mejor; menos probabilidad de encontrar algún curioso por los jardines de alrededor.

Y después de toda esta preparación, llegó el día. Para tener coartada, cargué la mochila con mi raqueta de Squash, haciendo como si fuera al gimnasio. E inicié mi camio hacia allí. Al abordar la cuesta, bajé la cabeza, miré hacia el suelo (para ir con el casco por delante), y puse todo mi empeño en coger velocidad, esperando el golpe que pondría fin a todas mis dudas.

Se rompen. Se rompen fácilmente. Sorpendentemente enclenques, mis queridos teclarios. Ni un simple rasguño en la bicicleta, el casco o en mí mismo, intéprido curioso, y la barra partida perfectamente en la parte del mecanismo. Al menos la del experimento estaba hecha de simple contrachapado que no resistió un golpe de un exhausto ciclista.

Para disimular un poco (creo que hay cámaras por la zona), me bajé de la bici, coloqué la barra en vertical al lado del mecanismo, saqué el móvil, hice como si buscara un teléfono apuntado en algún sitio, encontré un interfono, le dí al botón de llamada que, como era Domingo, no tuvo ningún efecto, y al poco, al ver que no podía hacer nada más, seguí mi marcha.

Así que, mito confirmado: las barreras se rompen fácilmente.

La culpa, como casi todo en esta vida, fue de un funcionario. En Madrid este buen señor nos mandó a paseo, diciéndonos que para finalizar el calvario laboral de Mary teníamos que mandar un fax DIRECTAMENTE desde el Consultado Español en Manchester (ahí al lado). Así que nada, reservamos los billetes de tren y allí que nos fuimos, a pasar lo que pensábamos iba a ser un tedioso trayecto y un día de “permiso” completamente perdido… (por lo menos conoceríamos una nueva ciudad, algo es algo).

Al poco de salir de la estación del Boro, Mary se fijó en un chaval que vestía una camiseta azul y que por la edad debería estar en el cole, y no cogiendo un tren con su padre. Es curioso como allí donde vayas, siempre hay gente haciendo pellas :)

Un par de paradas después subieron un grupo de amigotes que iban pimplándose unas Carlings, hablando a voces, y con unas camisetas azules también… ¡vaya modales!. En algunas camisetas ponía algo así como “Manchester 08″, así que supusimos que serían aficionados que habían pedido el día libre para ver algún partido de la liga inglesa (de la champions?)… ¡mira que poner partido en miércoles! en fin, ya sabemos que el fútbol no es sólo deporte nacional en España.

Según pasábamos por los pueblos nuestro asombro iba en aumento… ¡qué cantidad de “camisas azules”! Cada vez subían más y más… además eran bastante escandalosos, daban voces, reían, canturreaban, comían algo así como precocinados ¿qué coño comían a las 10 de la mañana?… aquello parecía el paseo marítimo de Benidorm en hora punta…

Pero la cosa no había hecho sino empezar… al llegar a York, apareció una manada salvaje de ellos, que enseguida simpatizó con los “azules” que venían en nuestro tren y comenzaron a montar la gran bronca… himnos “ultra” a pleno pulmón, un tío tocando el tambor con el suelo, el techo… ¡e incluso aporreando las ventanas del tren sin descanso! Nosotros, de las pocas personas no-azules del vagón, nos acurrucábamos en nuestros asientos, tratando de disimilar nuestro nerviosismo: ¡oh, Dios, esta gente está fuera de control!

A la altura de Leeds aquello era directamente un tren al infierno… los “azules” eran ya una verdadera horda de orcos descontrolados. En el andén nos esperaba la policía, que “desaconsejaba seriamente” montar a las familias y a la gente mayor. Los agentes pedían por favor que no se golpeara “en demasía” el tren, pero evidentemente los ultras se descojonaban y seguían a lo suyo sin hacer ni caso… fue alucinante ver cómo dos jovencitas, una rubita y una morenita (a la que el chiki-chiki pone muy tontita), intentaban montar alegremente en el tren luciendo mini-minifalda… y claro, fueron recibidas con semejantes pitidos y gemidos de ansia y locura, que se acojonaron y no llegaron ni a pisar el tren (¡sabia decisión por su parte! nosotros habríamos escapado de haber tenido por donde… :,-S)

Tras dos horas y media en la jaula de King-Kong ¡logramos escapar del tren! :-O …para sumergirnos en el caos total de Manchester, una ciudad invadida por la marea azul. Todo estaba lleno de gente, el casco antiguo, las avenidas principales… guiris de todas las edades y con las pintas -de las de vestir- más estrafalarias, incluyendo la tradicional falda escocesa!

Al parecer eramos los únicos seres humanos que no sabíamos donde se estaba celebrando la finalísima de la UEFA: los Rangers de Glasgow contra el Zenit de San Petersburgo. Tsk! Falta de cultura general….

Para que os hagáis una idea de la magnitud del evento: 200.000 escoceses se dieron cita allí (con unas 3 millones de pintas -de las de beber- entre pecho y espalda), 1800 policías movilizados (15 de ellos acabaron seriamente heridos en los disturbios nocturnos… porque encima de brutos, perdieron 0 a 2), cientos de llamadas a ambulancias, decenas de detenidos (6 de ellos por apuñalar vilmente a un pobre aficionado ruso que osaba celebrar la victoria de su equipo)… en fin, el día perfecto para ahorrarse un viaje a Manchester :o ]

Finalmente os dejamos un testimonio sonoro (no hubo huevos a grabarles en su cara, sorry) del “ambientazo” que vivimos en el tren. Las imágenes son fotos de la bronca posterior que, gracias a Dios, nos perdimos ;) (ni que decir tiene que resolvimos el papeleo lo más rápido posible y ya estábamos de vuelta para cuando empezaba el partido).

Más info sobre el cataclismo en la prensa local.
¡Salud y buenos alimentos, amigos!

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