Silvia fue una de mis profesoras durante la carrera. Creo que no llegué a tener muchas clases con ella, tal vez sólo parte de un laboratorio, pero la recuerdo perfectamente. Jorge -mi eterno compañero de prácticas- y yo estábamos “enamorados” de ella. Vale que en esos años sólo con ser joven y mujer, una profesora ya tenía medio camino recorrido para encandilarnos… pero además ella era guapa, rubia, amable, simpática… err, joven (¿he mencionado ya que apenas nos sacaba 5 añitos?) y bueno, lo reconozco… con unos “rasgos femeninos” que no pasaban inadvertidos ;)

Sin embargo no puedo decir que tuviese mucho trato con ella, y a pesar de haber coincidido tantos años trabajando en el mismo edificio, lo cierto es que nunca llegamos a intercambiar más que algún saludo o comentario intrascendente en el ascensor. Recuerdo, eso sí, haber visto su fotografía en Facebook en varias ocasiones, en la sección de “Personas que quizá conozcas”. Y a pesar de que soy bastante promiscuo en lo que a redes sociales se refiere, lo cierto es que nunca me atreví a abordarla. Si hubiera sido LinkedIn (suspiro)… pero no, Facebook ya forma parte de la vida privada de cada uno, y cuando agregas a alguien que no conoces bien, no sabes exactamente qué le estas pidiendo que comparta contigo. Aunque muchos nos lo tomamos a la ligera, hay quien ha hecho de Facebook su rinconcito en este mundo, y guarda fotos de toooda su vida, comentarios muy íntimos “solo para sus amigos”, y hasta pistas que podrían desvelar secretos de esos que jamás confesaría en público (ni en persona). Hace falta cierta confianza para dar ese click, eso o un total desapego emocional por la posibilidad de ser rechazado… y yo no tenía ni lo uno ni lo otro con Silvia.

En septiembre del año pasado volví a encontrármela por la red. Me detuve un buen rato cautivado por su sonrisa, aquel brillo tan familiar de sus ojos, los recuerdos de mis años de estudiante… reconsideré seriamente la opción de agregarla (“Umm… ¿tendrá fotos en bikini?” :o P “No, no, que lo mismo con las gafas ni le suena mi cara de la Facultad, o me confunde con un alumno y voy a quedar fatal…” :-/)… pero me mantuve firme y la ignoré. Como vivo pendiente de otras cosas, fui de los últimos en enterarme de que Silvia había fallecido en verano. Una noticia -como su enfermedad- que resultó fulminante, incluso para los que no éramos íntimos suyos.

Hoy, tras recibir la entrañable noticia de que a instancia de sus amigos se ha creado un Premio al Compañerismo que lleva su nombre, he corrido a buscarla en la red social. Su perfil ya no estaba allí, o al menos yo no he acertado a encontrarlo :-( En un intento desesperado y absurdo de mostrarle mi sincero deseo de iniciar esa amistad que nunca tuvimos, me he pasado la noche buscándola por todas partes… he viajado incluso en el tiempo. Pero no he conseguido ni tan siquiera una simple fotografía suya que me sirva de consuelo. Ni rastro de ella… de su persona, digo… de algo que vaya más allá de las frías huellas que dejaremos todos en el DBLP y en las páginas institucionales.

A veces pienso en qué será de mis perfiles cuando muera. No creo que mi mujer (ni nadie) tenga ganas de indagar en mi disco duro para buscar las contraseñas y liarse a darme de baja de todas partes ¿no?. Además, pienso que ¿para qué?… seguro que es cuando recibo los mensajes más hermosos, hasta de aquellos que considero mis “peores” amigos. No quisiera que dichos mensajes les fueran devueltos a nadie. A veces, cuando doy vacaciones a mi egocentrismo, pienso incluso en los perfiles de Facebook de todos los demás. En los perfiles de aquellos que ya están muertos, me refiero. ¿Cuántos habrá, Dios mío?… ¿cuántos llegará a haber?

Una vez escuché a alguien decir que Mark Zuckerberg se ocupa personalmente de los registros de aquellos usuarios que han fallecido. Desde 2005 dirige un equipo que se encarga de contactar con los familiares para conocer sus últimos deseos sobre el destino de todos los datos personales del difunto, de su información vital, y les ayudan a recuperar, buceando en su gran base de datos, todos aquellas notificaciones no leídas por el difunto o comentarios escritos que por algún error no se llegaron a enviar. Escuché a alguien decir que Zuckerberg nunca ha permitido que se destruya ninguno de esos registros, y que ha creado incluso una red social paralela en la que los guarda uno a uno, conectados con él -que de alguna forma les vincula a nosotros- y conectados también todos con todos entre sí. Como tiene medios y tiempo libre, el creador de Facebook dedica un rato cada noche a completar algunos de los campos que estos usuarios dejaron vacíos, les etiqueta en todas las fotos donde aparecen, y les mantiene sus cuentas a cero, siempre limpias de spam.

Hay quien me ha dicho que es de estúpidos tragarse una historia así, pero yo creo que es verdad. ¿Cómo podría vivir pensando que el día en que me muera mi perfil será eliminado sin más? ¿Para qué entonces esforzarme en generar y compartir tantas experiencias? Fotos, videos, chistes reenviados cientos de veces, miles de comentarios a lo que dicen otros, millones y millones de “me gustas”… Si todo esto va a desaparecer, ¿qué sentido tiene entonces Facebook? En serio. Prefiero pensar que algún día, cuando yo muera y la gente -incluso mi pobre mujer- se haya olvidado de mi perfil, nadie lo borrará. No, Zuck no lo permitirá. En vez de eso, estoy convencido de que me llevará a la otra red, junto a todos los demás, y una vez allí, conectado a un solo grado de separación de todos aquellos que habitaron alguna vez la Web, sentiré paz y alivio. Silvia, tú y yo seremos, al fin… “amigos”.

Querido Ndugu,

Ahora que ya quedan apenas unos minutos para que se termine el reto, te voy a contar hasta dónde hemos llegado los teclarios en el reto lanzado en la página web http://canyoucrackit.co.uk/. Cuando leas esto no sé que aparecerá en la página, pero ahora mismo lo que yo veo es esto:

Captura de http://canyoucrackit.co.uk al final del 12/12/2011

con el “time remaining” bajando a un segundo por segundo.

La página me la descubrieron unos alumnos hace algo más de una semana un día de laboratorio en el que ni ellos ni yo teníamos muchas ganas de dedicar tiempo a la práctica de Java que supuestamente tenían que hacer (y yo explicar)…

Así que me puse manos a la obra. Ellos (aspirantes a informáticos, pero también a matemáticos) al ver números ya estaban hablando de hacer un análisis de las apariciones, probabilidades y demás historias. Yo, teclario informático de pro (con afición en las matemáticas, pero nada más) al ver la secuencia de números pensé “estos números son algo en little-endian y tiene la pinta de código máquina”. Así que estuvimos trasteando un rato en el laboratorio; el tiempo dió para poco (además, había que compaginarlo con resolver las dudas a otros alumnos…), pero luego seguí dandole vueltas al asunto. Por motivos que no vienen al caso el año pasado volví a ponerme el gorro de programador de bajo nivel y estuve trasteando con la ingeniería inversa a partir de código máquina, así que dispongo de una licencia del mejor desensamblador que conozco: el IDA Pro.

Con el desensamblador pude entender la mayor parte del código. En realidad no es algo demasiado enrevesado que intente luchar contra la ingeniería inversa: un par de saltos y nop por el medio y un pop esp poco habitual que hace que la rutina no pueda volver. También salta a la vista que la rutina está pensada para ser ejecutada en Linux, porque termina con un int 80h. De todas formas, el resto del código es independiente de Linux o Windows, así que Visual Studio en mano, me puse a ejecutar el código (cargándolo en un Heap creado con derecho de ejecución…), una vez que había comprobado con el IDA que aquello era seguro ;)

Las conclusiones fueron… desconcertantes. El código NO estaba completo. Claramente era una rutina que desencriptaba un mensaje que NO estaba. La rutina esperaba que justo después del último byte publicado:

  • Aparecieran cuatro bytes 0x42 0x42 0x42 0x42.
  • Después cuatro bytes con el tamaño del mensaje a desencriptar.
  • Por último, el mensaje cifrado.

La rutina deja el resultado final… como “variable local” en la pila (tras una tabla de descifrado que construye durante la ejecución).

En fin, Ndugu, una pequeña decepción. ¡Después de la intriga me quedaba sin saberlo! Asumí que el texto “The challenge continues” que aparece en la página significaba que cuando terminara la cuenta atrás aparecería el mensaje cifrado… y me olvidé….

… hasta unas pocas horas después, cuando me di cuenta de que si no daban todos los datos… ¿por qué podías meter la contraseña? Mi mente ya no daba más de sí, así que pedí ayuda a Google, y lo que ví me hizo pensar en la famosa canción del “ey, Manolete, si no sabes torear p’a qué te metes”. Resulta que la página… es de los servicios de inteligencia británicos que la han puesto para buscar futuros trabajadores, a modo de prueba. Un artículo en The Telegraph da los detalles.

Querido Ndugu, eso ya se me viene grande. Yo no tengo pretensiones de ser espía, ni cualidades para lograrlo. De haber sabido al principio de qué iba la historia no habría intentado descrifrar ni siquiera el primer paso para el que mi intelecto sí tenía alcance. Ahora ya sé (por las pistas que da el artículo de The Telegraph) que el mensaje a descifrar está escondido entre los metadatos del PNG que contiene el código. Y lo confirmo, está ahí. Pero su descifrado luego te lleva a una segunda fase, y luego a una tercera hasta dar con la clave. Pero yo me planto antes. Me lo pasé bien haciendo la ingeniería inversa, pero no me ví con fuerzas de mucho más.

Yo no quiero ser espía.

P.D.: Tic, tac, tic, tac, … ya sólo quedan 54 minutos…

Si hay una cosa que me fascina de la Informática, es que moralmente no hay por donde cogerla. Me refiero a que otras disciplinas, como la Medicina, el Derecho o la Filosofía suelen ser fácilmente “etiquetables” (sanar es bueno, la burocracia, un infierno, y las ideas, según de donde vengan, les parecerán a unos la salvación del mundo y a otros su eterna condena)… pero las TICs han hecho nuestra vida tan sencilla y sofisticada a la vez, que uno no sabe si amarlas u odiarlas, si debe abrazarlas con fe ciega o tirarlas decididamente a la basura y apresurarse a prenderles fuego.

En buena medida sospecho que esto se debe a que no sabemos qué hay detrás de las tecnologías que usamos: aparecen y desaparecen tan rápido que apenas tenemos tiempo de aprender a usarlas, y mucho menos de reflexionar sobre las ideas (ideologías, incluso) que subyacen a sus principios de diseño.

Con la muerte de Steve Jobs se desató un clamor en los medios (mayoritariamente positivo, dada la fama del fallecido, aunque también con voces discordantes) que de alguna manera hizo más palpable esta confusión que -creo yo- muchos sentimos en relación a las tendencias tecnológicas. No hace falta leer a Walter Isaacson para comprender que, desde luego, Jobs tuvo que ser un tipo listo, pero… ¿fue su vida la de un generoso creador en busca del Bien y la Belleza universal… o más bien de un codicioso empresario experto en “rentabilizar” al máximo sus productos a cualquier precio? Steve Jobs, amigos: ¿ángel o demonio? Apple, la niña de sus ojos: ¿luz del mundo o semilla del mal?

De entre todos los “ríos de tinta” generados al respecto, yo he escogido seguir el curso de este, una trifulca intrascendente entre dos publicaciones católicas en torno a la figura del citado gurú de la informática de consumo. ¿Modelo de Santidad o Pecador Irredento? ¡Ja!, hasta esos extremos llegan -presuntamente- las posturas de estos padres jesuitas. Pero leed, leed, insensatos… aunque sea “por encima” ;)

A pesar de que se dan pocas ocasiones reales de vincular dos de mis temas favoritos, procuro combinar alusiones a la Religión y a la Informática todo lo asidua y caóticamente que puedo. Lo hago en mis clases, cuando les espeto a mis alumnos barbaridades como “para programar en Java hace falta creer en Object Dios”, “para ser un buen practicante de Java conviene no tener ‘alma’” o “‘instanceof’ es un pecado mortal contra el primer mandamiento de la Ley del DOO“. Mitad para hacerme el gracioso (¡claro!), mitad para provocar su interés y su reflexión, pues aunque soy consciente de la distancia existente entre estos dos mundos (el sentido de la vida y los fundamentos de la programación), no puedo evitar divertirme muchísimo con estas perversas equiparaciones ;) ¡Abrochaos los cinturones, que despegamos en el próximo párrafo!

¿Leísteis lo de Umberto Eco? ¡Ja ja! Un Apple católico frente a un PC protestante, cuasi-calvinista (MS-DOS decía el hombre en el 94)… y lo justifica graciosamente y todo XD. Pues ¿sabéis lo que os digo? que lo he estado pensando y Eco se equivoca totalmente de hemisferio espiritual. Y no, no estoy pensando en el Budismo ni en ninguna otra creencia exótica de las que profesaba el místico CEO (y que contribuyeron a que el cáncer lo devorara con mayor celeridad). Hablo de algo mucho más “temible” para nuestras occidentales y judeo-cristianas molleras.

Apple es monoteismo puro y duro. Apple es obediencia, es sumisión, y también ‘incompatibilidad’ (= abandono de otros ‘dioses’, aunque en los últimos años esto se haya maquillado bastante). El fiel seguidor de la Manzana cree en un Único Producto (a diferencia de las mil y un configuraciones de hardware que puede soportar un Windows o un Android), hardware y software siempre unidos (vida social unida a la espiritual). Y, si no me creen pregúntenle a Google, pero Apple es una ‘religión’ que se impone por ‘via militar’, un sistema que se impone a otros por la fuerza.

En apariencia los fieles lo tienen difícil para ‘entrar’ en la secta, por su alto coste y un cierto ‘estigma’ implícito en la profesión de esta fe, que en principio puede causar rechazo en nuestros semejantes (¿nunca os han llamado pijos por aquello que “enviaste desde tu iPhone”, o te han mirado mal por ese delator logotipo en tu tableta?). Pero ¡ojo! (y lo dice un recién converso como yo), en realidad los fieles lo tenemos muy fácil para adherirnos a este nuevo credo. No requiere bautismo, basta con dar el paso, profesar la fe (anunciándosela a otros), orar a menudo (que se te vea bien, usando el dispositivo, con la cabeza bien alta) y al menos una vez en la vida, visitar una tienda Apple y dejarte allí los cuartos (¿Jailbreaks? ¡Por Dios, eso es pecado mortal! y los periféricos made-in-China, sacrilegio).

Cójanse una enciclopedia y verifiquen: Apple, amigos míos, es el Islam. Y Jobs, su profeta.

¡Preparáos para la Jihad! :) Ya hace algunos años que esta religión se convirtió en la más extendida del mundo, y según percibo en nuestro entorno, Apple va camino de conseguir lo mismo. Ha pasado de verse como un lujo absurdo para librepensadores con gafas de pasta a ser “el pan nuestro de cada día”, ya seas un quinceañero que escucha música en el metro o un ejecutivo que quiere una máquina ligera y elegante que llevarse de congreso… Apple es lo más. Y es que ¿quien coño quiere salvarse al estilo de la Iglesia Católica? ¡Ni Dios! (con perdón). Años de catecismo, con sus respectivos sacramentos, confesión frecuente, misa y comunión, santos de todo pelaje a emular, desde los más misticos a los más densos doctores en filosofía, un Dios que es tres en uno (?), libertad, tentación, pecado, culpa, arrepentimiento, penitencia, perdón… ¡y vuelta a empezar! Así, toooda la vida :(

No, coño, no… demasiado complicado. ¡Me muero por tener un botón que sea a la vez ‘comprar e instalar’! ¡Un sólo botón que haga eso! (a día de hoy son dos clicks, pero todos los usuarios de Apple sabemos que en nuestro mundo vienen a ser sinónimos) y que nadie me pregunte mi puta clave de nada, ni mi VISA. Sencillez al máximo. Que el Genious ese elija las apps por mi. No quiero “soportar mi cruz” ni tener que gestionar un sistema de ficheros. Quiero que la Web se adapte a mi navegador y no al revés… y si los demás no acatan eso, pagaré por descargarme aquellas páginas que me interesen, ¡oh sí! y las llamaré apps, y estarán en mi escritorio (con un icono precioso de esquinas redondeadas) y todo se podrá tocar y deslizar suavemente con el dedo… y me sentiré bien. Al morir no quiero ver a San Pedro, ni chuparme el purgatorio, ni que me hagan un juicio (¡¿un examen?!) final. Quiero morir por Apple… ir al iParaíso, estar desnudo, volver a tener 30 años y con 72 redondeadas vírgenes follar, entre jardines y viñedos… ¿tan dificil es de entender? ¡¿Pero qué coño es un pincho USB?!, ¡¿Que excremento fósil proveniente del paleolítico es eso?! Yo os lo diré: un foco de virus, un ambiguo, confuso y pecaminoso puerto metálico de una máquina que JAMAS debería quedar al descubierto por fuera de su carcasa, no sea que tiente al hombre a manipularla y hacerla suya, cayendo ambos en pecado… ¡NO!, déjame lo que sea en Dropbox, hombre. O en Evernote. O en iCloud mismo, ¡en manos de Alá! :-O

No quiero tener que saber cómo funciona mi interior para salvarme, como no quiero tener que saber cómo funciona una máquina para usarla (ahí está la clave). Prefiero ser un esclavo feliz, a un hombre libre que debe enfrentarse cada día al puto Office. Cada puto día usar las mismas plantillas y transiciones por defecto del PowerPoint que has visto mil veces. Yo os digo: únicamente existe aquello que se venda en la AppStore. Lo que hay más allá es Dar al-Harb (reino de los ateos, infieles y malditos), ¿Cómo va a ser posible que Dios sea uno de nosotros? ¿Es acaso Jobs uno de nosotros? ¡Vamos, hombre! Apple… Apple sí que nos hace a todos iguales: si te peta el Safari ya puedes saber la hostia de informática que te jodes IGUAL. ¿Para qué sirven los mensajes de error? ¿eh? ¿para qué? Es pecado, joder… pecado pretender con nuestras indigno lenguaje representar el estado interno de una máquina de Apple (salvo si se usan formas geométricas abstractas, así muy icónicas, preferiblemente con bordes redondeados), porque el conocimiento de Dios no está (ni estará nunca) al alcance de los hombres. Admitidlo de una vez, malditos infieles: Flash es para jugar juegos de mierda y ver videos porno… pero Alá nos dice: “Vosotros, mis fieles, no caigais en pecado como otras tribus: sed más ‘cool’ que ellos, jugad al Angry Birds y acumular simiente a tope para lo de las 72 vírgenes.”

Salam Aleikum, amigos.
(en la próxima edición, Linux y el credo de los mormones XD)

… como gritaban los soldados cuando veían aparecer a Pantaleón Pantoja con su compañía de Visitadoras.
Después de mucha rumorología finalmente se ha presentado una de los gadgets más esperados de Apple: El iPad (arrodillaos ante él, hijos de Jorel).
Bromas aparte, el iPad parece, a simple vista, un iPhone/iPod Touch de pantalla grande. Recuerdo que la primera vez que cayó un Tablet en mis manos fue toda una impresión. Sin embargo, al ver las imágenes y vídeos de este iPad no me ha sorprendido. Debe de ser que tanto iPhone en manos de todo el mundo me ha inmunizado. Además, aunque tiene su propio kit de desarrollo, en el iPad se pueden ejecutar todas las aplicaciones tanto de iPod Touch como de iPhone. De ahí también su parecido al iPhone, eso sí, de 9,7 pulgadas de pantalla multitouch. Continúa leyendo »

Hace un par de semanas Amazon sacó a la venta la nueva versión de Kindle, su… ¿cómo demonios llamarlo? ¿lector? ¿mostrador? mmmmm, digámosle soporte para libros electrónicos. Se trata de un dispositivo de tinta electrónica que permite mostrar libros y documentos pdf. Las principales kindlenovedades respecto a la versión anterior es que aumenta de tamaño hasta las 9,7″, y de capacidad hasta los 3500 libros (da para almacenar los libros de toda una vida, salvo que seas un lector compulsivo); además, la pantalla rota de forma automática. El nuevo Kindle mantiene la conexión 3G, la cual solo sirve para descargar los libros y los periódicos, y la opción de recitar los libros con su seductora voz (muy útil si añoras los tiempos en los que mamá te leía un cuento antes de irte a la cama). Con este Kindle de mayor tamaño, Amazon pretende ocupar no solo el nicho de los libros de lectura, sino también el de los periódicos, los documentos técnicos y los libros de texto.

Particularmente, creo que me sentiría un poco raro leyendo una novela en un bicho de estos, sin agarrar el libro como Dios manda y sin poder pasar físicamente las páginas. Recuerdo haber leído que un libro tiene el mecanismo de una puerta y que requiere de ti que lo abras y que entres, mientras que la tele es una ventana que muestra cosas, aunque tú no la prestes atención. Con el Kindle esta bonita comparación se va al carajo, porque la puerta sería algo así como sin bisagras y electrónica y no, no, no, ya no sería lo mismo. Soy bastante clásico para estas cosas, lo reconozco. Pienso que los objetos físicos tienen un encanto difícil de batir por sus hermanos electrónicos. Ahora, cuando vas a casa de alguien, ya no tienes rastro de las pelis que ve, ni de los discos que escucha. Si desapareciesen también los libros, ¿qué nos quedaría para fisgar? ¿el disco duro?

En fin, chorradas al margen, donde si veo que este tipo de aparatos son muy útiles para un teclario es para la lectura de los artículos científicos. Ahí sí lo tengo claro: ¡Kindle, te necesito! Soy del todo incapaz de leer un artículo en la pantalla fija del ordenador, sin poder agarrarlo con las manos o acercármelo a la cara (especialmente cuando no entiendo algo). Por ello, acabo imprimiendo un montón de artículos. Muchos casi ni los leo y acaban colapsando los archivadores o levantando montañitas sobre la mesa donde esperan ingenuamente ser retomados. Un dispositivo como el Kindle me simplificaría bastante la vida y me permitiría ahorrarle a la selva amazónica cerca de una hectárea al mes. Sin embargo, tras sopesar los pros y los contras, no me voy a hacer con uno (sorry, Amazonas).

La primera razón es que la gente de Amazon se ha subido a la parra con el precio: 485 dólares!!! Con ello, creo que pueden olvidarse de hacer negocio vendiéndo Kindle como soporte para libros de texto de colegios y universidades. Quizás el alto precio se explique porque Amazon pierde unos tres dólares por cada libro en soporte electrónico que vende, algo de locos. Para abaratar el coste de Kindle, algunos de los grandes periódicos americanos lo venderán a precio reducido junto con la suscripción a la versión electrónica de su diario, pero claro… ¿para qué querría yo suscribirme a The New York Times? Otra razón para descartar la compra del Kindle es que este dispositivo no tendría mucho recorrido en España donde no existen casi libros en formato e-book (aunque sí hay un mundo pirata emergente en formato pdf) y donde los periódicos todavía no tienen su versión en e-book. Y la tercera razón para decirle no al Kindle es que es un dispositivo muy rígido y con pocas funcionalidades para el uso que yo querría darle.

Mi Kindle ideal debería tener pantalla multitáctil y, algo fundamental para la lectura de artículos científicos y libros de texto, debería permitir escribir sobre la pantalla (con reconocimiento de escritura, a ser posible), de forma que las anotaciones se guardasen asociadas al texto que se está mostrando y se pudiesen superponer (o no) en el mismo. Si además el dispositivo incorporase también WiFi y un navegador para acceder a internet cómodamente desde la cama o el sofá (algo así ya existe por menos de 200 dólares), sería prácticamente perfecto y su valor se acercaría más a los 485 dólares que ahora cuesta. El público potencial de este dispositivo, no sólo sería la comunidad teclaria, sino cualquier oficina donde los informes en papel estén a la orden del día (es decir, cualquier oficina). El sueño de trabajar sin papelajos sería un poco menos loco y un poco más real.

Actualmente, aunque existen otras alternativas a Kindle (Sony Reader, Papyre, iRex…), ninguna ofrece, de momento, nada que se aproxime a mi ideal. Por tanto, toca esperar a que el mercado madure. Eso serán unos añitos más sobre el papel, me temo.

P.D. No pude evitar hacer la bromita chorra con el título del post. Alternativas como “Kindle sorpresa” o “Huevo Kindle” tenían peor encaje. ;)

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