Hola amiguitos,
para evitar que a la sección de “La misma canción” le pase como a la de “Las aventuras de un beclario en Boston“, aquí va la segunda entrega. Trata sobre Always on my mind, una canción que ha tenido múltiples reencarnaciones a lo largo de los años y que es esencialmente una canción de arrepentimiento en primera persona. La historia que cuenta la canción es la siguiente: la persona que canta no ha prestado atención a su amante y quizás (no queda claro) le ha sido infiel, ahora lamenta su error, dice que, aunque no lo demostrase, siempre pensó en él (o en ella), y pide una nueva oportunidad.
La primera versión de Always on my mind fue grabada por Brenda Lee, quien, según cuenta la wikipedia, fue una niña prodigio que en los 60 copó las listas de éxitos de EEUU. Para entendernos: una Marisol a la americana. Cuando grabó la canción en 1972, Brenda Lee tenía veintisiete años e intentaba repetir el éxito que tuvo a los quince años (¡quince!) con su canción más famosa: I’m sorry. Las dos canciones lo dejan claro: la chica sabía pedir perdón de forma sincera y dulce, pero su voz cristalina y su pinta de niña buena algo panoli, hacen dudar de que hubiese llegado a romper algún plato en su vida.
En 1972 el matrimonio de Elvis Aaron Presley hacía aguas. Sus continuas infidelidades acabaron por hartar a su mujer que decidió separárse de él. No importaba que, según decían sus amantes, el Rey no estuviera interesado en el sexo, sino en darles conversación (ya se sabe que Dios da pan a quien no tiene hambre), su mujer quería que hablase con ella y con ninguna más. En esa época, Elvis también estaba dejando atrás los mejores años de su carrera. El joven y delgado Elvis de la cadera eléctrica daba paso al Elvis gordinflas, decadente y alejado de la realidad que moriría cinco años más tarde intoxicado por un cóctel de drogas. Quiero creer que en aquel duro año el Rey escuchó la canción de Brenda Lee y se propuso grabar su propia versión para matar dos pájaros de un tiro: salvar su matrimonio y relanzar su carrera. Lamentablemente, no conseguiría ni lo uno, ni lo otro, pero en el intento dejó una canción sentida y honesta. Uno escucha a Elvis y sabe que se arrepiente, no pondría la mano en el fuego asegurando que no lo volverá a hacer, pero sabe que, si está mintiendo, lo hace diciendo la verdad.
En los ochenta, los Pet Shop Boys grabaron su propia versión de Always on my mind para un programa especial sobre Elvis. Los chicos de la tienda de animales estaban en su mejor
momento y llevaron la canción a su terreno con insultante facilidad. Fuera arreglos de cuerda, orquesta y piano. Dentro sintetizadores ochenteros, caja de ritmos y teclados grandilocuentes. La canción original melosa y almibarada quedaba travestida en un hit listo para arrasar en las pistas de baile. Sin embargo, no sólo habian cambiado la canción por fuera, sino también por dentro. Es acojonante asombroso comprobar cómo, sin tocar una sola coma de la letra, la canción ya no expresa arrepentimiento, lamento ni nada por el estilo, sino que es un desafío en toda regla del que el autor se sabe de antemano vecedor. Uno puede imaginarse al novio de Neil Tennant (sí, el cantante de los Pet Shop Boys es gay) corriendo a buscarle a la discoteca para, entre lágrimas, pedirle explicaciones. Neil sin dejar de bailar le dice:
“Me he portado como un cabrón contigo, lo sé, pero pensaba mucho en ti, ¿me vas a dar otra oportunidad o me vas a dejar escapar?”.
Ante lo que el pobre novio baja las orejas y contesta:
“Ok, Neil, te doy otra oportunidad, pero ¿te importaría dejar de menear el culo mientras me dices que te acordabas de mí cuando estabas con otros?”.

