Si hay una cosa que me fascina de la Informática, es que moralmente no hay por donde cogerla. Me refiero a que otras disciplinas, como la Medicina, el Derecho o la Filosofía suelen ser fácilmente “etiquetables” (sanar es bueno, la burocracia, un infierno, y las ideas, según de donde vengan, les parecerán a unos la salvación del mundo y a otros su eterna condena)… pero las TICs han hecho nuestra vida tan sencilla y sofisticada a la vez, que uno no sabe si amarlas u odiarlas, si debe abrazarlas con fe ciega o tirarlas decididamente a la basura y apresurarse a prenderles fuego.
En buena medida sospecho que esto se debe a que no sabemos qué hay detrás de las tecnologías que usamos: aparecen y desaparecen tan rápido que apenas tenemos tiempo de aprender a usarlas, y mucho menos de reflexionar sobre las ideas (ideologías, incluso) que subyacen a sus principios de diseño.

Con la muerte de Steve Jobs se desató un clamor en los medios (mayoritariamente positivo, dada la fama del fallecido, aunque también con voces discordantes) que de alguna manera hizo más palpable esta confusión que -creo yo- muchos sentimos en relación a las tendencias tecnológicas. No hace falta leer a Walter Isaacson para comprender que, desde luego, Jobs tuvo que ser un tipo listo, pero… ¿fue su vida la de un generoso creador en busca del Bien y la Belleza universal… o más bien de un codicioso empresario experto en “rentabilizar” al máximo sus productos a cualquier precio? Steve Jobs, amigos: ¿ángel o demonio? Apple, la niña de sus ojos: ¿luz del mundo o semilla del mal?
De entre todos los “ríos de tinta” generados al respecto, yo he escogido seguir el curso de este, una trifulca intrascendente entre dos publicaciones católicas en torno a la figura del citado gurú de la informática de consumo. ¿Modelo de Santidad o Pecador Irredento? ¡Ja!, hasta esos extremos llegan -presuntamente- las posturas de estos padres jesuitas. Pero leed, leed, insensatos… aunque sea “por encima”

A pesar de que se dan pocas ocasiones reales de vincular dos de mis temas favoritos, procuro combinar alusiones a la Religión y a la Informática todo lo asidua y caóticamente que puedo. Lo hago en mis clases, cuando les espeto a mis alumnos barbaridades como “para programar en Java hace falta creer en Object Dios”, “para ser un buen practicante de Java conviene no tener ‘alma’” o “‘instanceof’ es un pecado mortal contra el primer mandamiento de la Ley del DOO“. Mitad para hacerme el gracioso (¡claro!), mitad para provocar su interés y su reflexión, pues aunque soy consciente de la distancia existente entre estos dos mundos (el sentido de la vida y los fundamentos de la programación), no puedo evitar divertirme muchísimo con estas perversas equiparaciones
¡Abrochaos los cinturones, que despegamos en el próximo párrafo!
¿Leísteis lo de Umberto Eco? ¡Ja ja! Un Apple católico frente a un PC protestante, cuasi-calvinista (MS-DOS decía el hombre en el 94)… y lo justifica graciosamente y todo XD. Pues ¿sabéis lo que os digo? que lo he estado pensando y Eco se equivoca totalmente de hemisferio espiritual. Y no, no estoy pensando en el Budismo ni en ninguna otra creencia exótica de las que profesaba el místico CEO (y que contribuyeron a que el cáncer lo devorara con mayor celeridad). Hablo de algo mucho más “temible” para nuestras occidentales y judeo-cristianas molleras.
Apple es monoteismo puro y duro. Apple es obediencia, es sumisión, y también ‘incompatibilidad’ (= abandono de otros ‘dioses’, aunque en los últimos años esto se haya maquillado bastante). El fiel seguidor de la Manzana cree en un Único Producto (a diferencia de las mil y un configuraciones de hardware que puede soportar un Windows o un Android), hardware y software siempre unidos (vida social unida a la espiritual). Y, si no me creen pregúntenle a Google, pero Apple es una ‘religión’ que se impone por ‘via militar’, un sistema que se impone a otros por la fuerza.
En apariencia los fieles lo tienen difícil para ‘entrar’ en la secta, por su alto coste y un cierto ‘estigma’ implícito en la profesión de esta fe, que en principio puede causar rechazo en nuestros semejantes (¿nunca os han llamado pijos por aquello que “enviaste desde tu iPhone”, o te han mirado mal por ese delator logotipo en tu tableta?). Pero ¡ojo! (y lo dice un recién converso como yo), en realidad los fieles lo tenemos muy fácil para adherirnos a este nuevo credo. No requiere bautismo, basta con dar el paso, profesar la fe (anunciándosela a otros), orar a menudo (que se te vea bien, usando el dispositivo, con la cabeza bien alta) y al menos una vez en la vida, visitar una tienda Apple y dejarte allí los cuartos (¿Jailbreaks? ¡Por Dios, eso es pecado mortal! y los periféricos made-in-China, sacrilegio).
Cójanse una enciclopedia y verifiquen: Apple, amigos míos, es el Islam. Y Jobs, su profeta.

¡Preparáos para la Jihad!
Ya hace algunos años que esta religión se convirtió en la más extendida del mundo, y según percibo en nuestro entorno, Apple va camino de conseguir lo mismo. Ha pasado de verse como un lujo absurdo para librepensadores con gafas de pasta a ser “el pan nuestro de cada día”, ya seas un quinceañero que escucha música en el metro o un ejecutivo que quiere una máquina ligera y elegante que llevarse de congreso… Apple es lo más. Y es que ¿quien coño quiere salvarse al estilo de la Iglesia Católica? ¡Ni Dios! (con perdón). Años de catecismo, con sus respectivos sacramentos, confesión frecuente, misa y comunión, santos de todo pelaje a emular, desde los más misticos a los más densos doctores en filosofía, un Dios que es tres en uno (?), libertad, tentación, pecado, culpa, arrepentimiento, penitencia, perdón… ¡y vuelta a empezar! Así, toooda la vida
No, coño, no… demasiado complicado. ¡Me muero por tener un botón que sea a la vez ‘comprar e instalar’! ¡Un sólo botón que haga eso! (a día de hoy son dos clicks, pero todos los usuarios de Apple sabemos que en nuestro mundo vienen a ser sinónimos) y que nadie me pregunte mi puta clave de nada, ni mi VISA. Sencillez al máximo. Que el Genious ese elija las apps por mi. No quiero “soportar mi cruz” ni tener que gestionar un sistema de ficheros. Quiero que la Web se adapte a mi navegador y no al revés… y si los demás no acatan eso, pagaré por descargarme aquellas páginas que me interesen, ¡oh sí! y las llamaré apps, y estarán en mi escritorio (con un icono precioso de esquinas redondeadas) y todo se podrá tocar y deslizar suavemente con el dedo… y me sentiré bien. Al morir no quiero ver a San Pedro, ni chuparme el purgatorio, ni que me hagan un juicio (¡¿un examen?!) final. Quiero morir por Apple… ir al iParaíso, estar desnudo, volver a tener 30 años y con 72 redondeadas vírgenes follar, entre jardines y viñedos… ¿tan dificil es de entender? ¡¿Pero qué coño es un pincho USB?!, ¡¿Que excremento fósil proveniente del paleolítico es eso?! Yo os lo diré: un foco de virus, un ambiguo, confuso y pecaminoso puerto metálico de una máquina que JAMAS debería quedar al descubierto por fuera de su carcasa, no sea que tiente al hombre a manipularla y hacerla suya, cayendo ambos en pecado… ¡NO!, déjame lo que sea en Dropbox, hombre. O en Evernote. O en iCloud mismo, ¡en manos de Alá! :-O
No quiero tener que saber cómo funciona mi interior para salvarme, como no quiero tener que saber cómo funciona una máquina para usarla (ahí está la clave). Prefiero ser un esclavo feliz, a un hombre libre que debe enfrentarse cada día al puto Office. Cada puto día usar las mismas plantillas y transiciones por defecto del PowerPoint que has visto mil veces. Yo os digo: únicamente existe aquello que se venda en la AppStore. Lo que hay más allá es Dar al-Harb (reino de los ateos, infieles y malditos), ¿Cómo va a ser posible que Dios sea uno de nosotros? ¿Es acaso Jobs uno de nosotros? ¡Vamos, hombre! Apple… Apple sí que nos hace a todos iguales: si te peta el Safari ya puedes saber la hostia de informática que te jodes IGUAL. ¿Para qué sirven los mensajes de error? ¿eh? ¿para qué? Es pecado, joder… pecado pretender con nuestras indigno lenguaje representar el estado interno de una máquina de Apple (salvo si se usan formas geométricas abstractas, así muy icónicas, preferiblemente con bordes redondeados), porque el conocimiento de Dios no está (ni estará nunca) al alcance de los hombres. Admitidlo de una vez, malditos infieles: Flash es para jugar juegos de mierda y ver videos porno… pero Alá nos dice: “Vosotros, mis fieles, no caigais en pecado como otras tribus: sed más ‘cool’ que ellos, jugad al Angry Birds y acumular simiente a tope para lo de las 72 vírgenes.”
Salam Aleikum, amigos.
(en la próxima edición, Linux y el credo de los mormones XD)