…aunque no sea el mío.
En su Última Lección, Randy Pausch hablaba de la importancia de hacer realidad nuestros sueños de la infancia. Personalmente, yo nunca he tenido muy claros los míos. Quitando la posibilidad de viajar al espacio, que parece más bien irrealizable (hablo del espacio de verdad, en este plan y no en éste), miro hacia atrás y no veo grandes obsesiones.
En cambio, mi amiga Dácil si tiene sueños y obsesiones. Una de ellas, era emular a los grandes exploradores antárticos de principios del siglo XX, como Scott o Amundsen. La conquista de los polos es un tema que le fascina, como atestigua la importante colección de libros sobre el polo sur que tiene en casa. Desafortunadamente, una periodista que trabaja en un medio de comunicación conservador centrado en noticias de economía sin que esto ayude mucho a su propia economía, tiene muy pocas posibilidades de cumplir un sueño como viajar a la Antártida.
Pero, contra todo pronóstico, resulta que precisamente éste trabajo le va a permitir cumplir su sueño. Hace unos meses, en su empresa le preguntaron si estaría dispuesta a viajar al Polo Sur durante un mes para elaborar una serie de reportajes. Desde entonces, ha vivido como en un sueño, sin terminar de creérselo. “No me lo creeré hasta que no me vaya”, decía. Pues bien, el miércoles se fue rumbo a la Antártida.
Si a alguno os gustan los viajes exóticos, os interesa la exploración o simplemente os atrae el Polo como a ella, os invito a seguir la experiencia en su blog Al Sur del Sur.
Entre tanto, yo seguiré esperando. Tarde o temprano, alguiense dará cuenta de que es imprescindible que me vaya a Alfa Centauri a enseñar a sus habitantes cómo aprender jugando.
