Apoyo la cabeza atrás, cierro los ojos y toco inútilmente el asiento delantero con la mano, como si lo sujetara. El avión despega y mi cabeza parece arder: me late la frente y los ojos, los siento como dos huevos cocidos. No es por volar, es por falta de sueño. Demasiadas noches seguidas durmiendo un número horas que siempre puedo contar con la mano. Mierda. Al final me subió la fiebre… justo el dia en que me voy de congreso
Hay dos fenómenos que irremediablemente acompañan a mis procesos febriles: enormes ganas de comer dulce… y absoluto descontrol a la hora de pensar guarradas. Curiosamente, aunque el cuerpo Tell me more…

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