Paradoxos
Antes de empezar mis comentarios sobre la “Paradoja divina” de Antonio Vaquero [Vaquero, 2009] , es menester que establezca las premisas en las que están basados:
- Lo que usted crea, estimado lector, sobre la divinidad de su predilección (e.g., Elvis, Maradona, Alá, Buda, Ganesha, el monstruo volador de espagueti, etc.) se sale fuera del ámbito de estos comentarios. No estoy aquí para probar su existencia ni mucho menos para razonar sobre ellas. Mi objetivo general es mostrar que cuando se usa la razón y una de sus herramientas (e.g., la lógica matemática) muchas de las premisas o enunciados sobre estas entidades (sino es que todas) son falsas, verdaderas y falsas al mismo tiempo o paradójicas.
- Fuera de las leyes de las matemáticas el resto de nociones, creencias, etc. debe, por definición, estar sujeto a un proceso continuo de verificación. Para muestra basta un botón: considere usted el modelo Ptolemaico del universo (i.e., duró 1500 años de moda) o las diferentes teorías sobre la evolución de las especies (e.g., la teoría del uso y del desuso de Lamarck).
- Hablaré de lo que es cierto o falso aquí y ahora, no de las posibilidades del futuro. En otras palabras, evitaré decir que tal o cual noción o creencia puede llegar a ser cierta en algún momento.
- Las falacias del creacionismo, el diseño inteligente y sus derivados son fácilmente echadas por tierra en 154 páginas (i.e., ver el libro de [Carmena, 2005] sobre el tema).
- Comento la “Paradoja divina” debido al estilo “ecoso” (i.e., de Umberto Eco) de su creador. En particular Umberto Eco siempre ha dicho que las primeras cien páginas de sus libros son una cuesta que el lector debe subir para llegar a lo mejor de ellos. Si usted no me cree, trate de leer las primeras cien páginas de “El péndulo de Foucault” sin correr a consultar con Google las mil y un cosas que ahí se dicen.
- No, no soy ateo. Simplemente no me creo todo lo que me dicen sin echarle un poco de chicha al asunto.
Entremos pues en el tema de la “Paradoja divina”. En particular una de las primeras cosas que el autor de esta paradoja establece es la siguiente: “la Ciencia estudia el lenguaje; es decir, quiere responder a la pregunta ¿qué quiere decir lo que se dice?, o sea las relaciones entre lenguaje y pensamiento”. Esto no es cosa nueva, matemáticos como Wittgenstein [Norman, 2005] y Ramsey [1931] ya se hacen la pregunta que Antonio Vaquero en su paradoja nos hace: ¿tiene sentido lo que se dice? Sin embargo tanto Wittgenstein como Ramsey van más allá y establecen lo que se puede decir y lo que no se pude decir en general y sobre cualquier tema, utilizando para ello la razón y la lógica matemática.
En particular para Wittgenstein sólo hay 2 tipos de enunciados: a) los descriptivos, también llamados hechos y que incluyen a todos los enunciados científicos y b) las expresiones tautológicas. El resto de enunciados, en particular los filosóficos y teológicos no son, para Wittgenstein, ni verdaderos ni falsos, simplemente no tienen sentido. Esto llevó a Wittgenstein a la siguiente conclusión: “Whereof one cannot speak, thereof one must be silent”. Tiempo después (Ramsey, 1931) nos dice lo mismo de la siguiente manera:
“When we have proposition capable of the two cases truth and falsity we are forced to make it a conjunction, and to have a theory of conjunctions which cannot be expressed for lack of symbolic power […] This is not a conjunction, it is not a proposition at all […] Therefore what we can’t say we can’t say, and we can’t whistle it either“.
Antonio Vaquero hace una afirmación teológica (tomada del credo) que se viene abajo con el uso de la razón, la lógica matemática y un ejemplar de la paradoja de Russell (ver [Vaquero, 2009]). Sus conclusiones son sólidas y representan una verdad tan grande como una catedral. En particular porque todos sabemos que en lógica si el consecuente es falso y el precedente es verdadero entonces toda la proposición es falsa [Luckhardt y Bechtel, 1994]. Sin embargo ¿por qué se sigue rechazando este tipo de verdades y los teólogos siguen escribiendo libros? La respuesta la encontramos en una regla clásica de la lógica: “(p&¬p) entonces q”. En otras palabras de lo imposible se puede deducir cualquier cosa o de premisas falsas se deduce cualquier cosa: “ ex impossibile quod libet consequitur”.
A pesar de esto en la cita que he utilizado de Ramsey se ve que esto no tiene sentido alguno y que además no puede expresarse. Por tanto hay que guardar silencio. José Antonio Marina [2005] nos lo deja muy claro cuando nos dice: “He leído miles de páginas escritas para decir que de Dios no se puede decir nada”. Sin embargo quedarse sin trabajo no es una buena idea. Por tanto para justificar sus incongruencias los teólogos han construido una gigantesca, barroquísima e intransitable catedral conceptual (i.e, una gigantomachia peri tes ousias), que según [Marina, 2005] utiliza jerarquías, mitologías, hipóstasis, mediaciones y emanaciones que originan una literatura absolutamente intragable e incomprensible.
Sin embargo esta manera de explicar a Dios choca directamente con la razón. En este caso con las características de teoría y ley establecidas por Leibniz en su “Discours métaphysique”. En este “Discours” se examina la distinción entre los hechos que admiten alguna ley y los que son irregulares y no atienden a ley alguna. Según Chaitin [2006], la idea de Leibniz es la siguiente:
Una teoría ha de ser más sencilla que los hechos que explica, pues de lo contrario no explica nada. El concepto de ley se torna vacuo si se permite que su complejidad matemática sea arbitrariamente grande: sin esa restricción, siempre se puede construir una ley por muy aleatorios y desestructurados que sean los datos. Recíprocamente, si la única ley que describe ciertos datos es una ley complicadísima, lo que realmente ocurre es que los datos no obedecen a ninguna ley.
Como se puede apreciar las explicaciones teológicas no cumplen con las características establecidas por Leibniz. Esto es comprensible dado que la teología es descendiente directo de la metafísica platónica. Dietrich Schwanitz [2006] nos explica en que consiste esta metafísica:
La clave para comprender la cultura griega, la idea que organiza las relaciones entre experiencia y pensamiento, la categoría central que introduce un sentido mas profundo y de la que dependen todas las demás, la idea evidente por sí misma, es que a la realidad le subyacen unos modelos, unas estructuras o formas esenciales[1] en torno a las cuales se organiza la realidad; y que estas formas esenciales son absolutamente cognoscibles y racionales. Para los antiguos griegos, lo único real eran las ideas o conceptos, pues lo que permite que llamemos, por ejemplo, vaca a una vaca es su idea o concepto, es decir, su forma esencial.
Si reemplazamos el universo ultramundano de las ideas propuesto por Platón por Dios, entonces tenemos que podemos razonar acerca de Dios de la misma manera que según Platón se podía razonar sobre las ideas, aunque de ellas no se supiese absolutamente nada. Pudiese ser así pero paradojas como la de Antonio Vaquero demuestran que esto es falso. ¿No me cree? Entonces probemos suerte con las dos siguientes afirmaciones teológicas tomadas de [Marina, 2005] y [Urmas, 2009] respectivamente:
- “En el Concilio de Nicea los teólogos reconocieron a Jesús como “omoousios” del Padre, como consustancial a Dios, de su misma sustancia. Y poco después, en el transcendental Concilio de Calcedonia, intentaron poner en claro esta definición y acabaron diciendo que en Jesús había dos naturalezas -divina y humana- pero sólo una persona y, que en Dios, que era Uno, había que reconocer una trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu santo”.
- “There exists at least one class of all perfections so that this class of all perfections and the statement that this class is a member of the class of all those classes which are not members of themselves are both true and the statement that a perfection is also a member of the class of all those classes which are not members of themselves is also true“.
¿Podemos afirmar la verdad o la falsedad de las proposiciones teológicas del primer punto? la verdad es que no. Yo en particular no estoy seguro ni de lo uno ni de lo otro. Por tanto, dado que no podemos establecer sus valores de verdad, entonces tal como Wittgenstein y Ramsey nos dicen, debemos guardar silencio. En cuanto a las afirmaciones del segundo punto, (Urma, 2009) nos dice:
“This would add: The most perfect Being has all perfections, existence is a perfection; therefore the most perfect Being exists to the following: A perfection, say, existence is a member of the class of all those classes which are not members of themselves […] which in turn requires: God must be a fact which is neither in nor outside the world”.
Como se puede apreciar, eso no hay quién se lo trague. Además si un hecho es de este mundo se puede hablar de él, pero si no es de este mundo lo mejor es quedarse callado. En boca cerrada no entran moscas, me decía mi abuela cuando me soltaba diciendo tonterías.
Existen también las proposiciones de los apologistas del diseño inteligente, quienes según [Carmona, 2005] dicen lo siguiente: “No puedo creer (o entender, o imaginar) que Z haya ocurrido a causa de Y. Por tanto, debe haber ocurrido a causa de X”. Un ejemplar de esta proposición abstracta es la siguiente: “No puedo creer (ni quiero imaginar, ni me da la gana entender) que este órgano haya podido evolucionar por selección natural. Por tanto, debe haberlo creado un diseñador inteligente.” Estos enunciados no son más que ejemplares del: “ex impossibile quod libet consequitur” que mencioné anteriormente.
En particular estas proposiciones no reflejan una relación objetiva entre lenguaje y pensamiento, sólo un rechazo total a los hechos científicos de los que habla Wittgenstein en su libro. Además cabe preguntarnos si el consecuente de estas proposiciones “debe haberlo creado un diseñador inteligente” se deduce las premisas. Creo que la respuesta es simple: no.
Como indiqué al inicio de estos comentarios estimado lector, usted puede creer lo que mejor le parezca acerca de su divinidad preferida. Sin embargo lo que no puede hacer usted es ir diciendo cosas que son falsas, repartiendo e inculcando más certezas de las que en realidad tiene y negando hechos y conclusiones que no admiten discusión alguna (más allá de su refinamiento).
Se ha calificado la “Paradoja divina” como “un ejercicio intelectual sin mayor interés” pero no lo es. Sobre este tema, Guillermo de Baskerville le dice a Adso en “El nombre de la rosa” algo fundamental y que mi maestro también me ha dicho: “Nunca he dudado de la verdad de los signos, Adso; son lo único que tiene el hombre para orientarse en el mundo”. Substituyamos “los signos” por “la razón” y tendremos el único instrumento que tiene el hombre para orientarse en el mundo.
En base a esto la cosa está más clara que el agua. Si usted no utiliza la espada de la razón (independientemente del instrumento que use para blandirla), entonces puede usted creer cualquier cosa y el absurdo siempre arrojará conclusiones verdaderas. Según [Marina, 2005], en griego conocimiento científico se dice epistéme, lo bien fundado, lo construido en lo sólido y es eso lo que debemos tomar de las religiones (y de todo en esta vida), desechando el resto. Por ejemplo, el cristianismo, que es la única religión que he estudiado, tiene bases muy sencillas y sólidas, alejadas (sorprendentemente) de cualquier pretensión metafísica de verdad (ver el trabajo de [Marina, 2005]).
Por último, si nos salimos del ámbito donde se ha declarado la “Paradoja divina”, también ahí encontramos verdades a partir de premisas falsas. Por ejemplo, considere las siguiente conclusión: “El PIB de China creció el 7,1% en la primera mitad del año”. Esta conclusión se obtiene de las siguientes premisas: a) el consumo de carbón se desplomó un 8,9% y el de petróleo un 2,6% y b) la recaudación fiscal descendió un 6%. De nuevo, pudiese ser así si no fuese porque: a) tradicionalmente, el consumo de energía en China crece alrededor del 7% anual y b) la recaudación fiscal en China solía crecer entre un 17% y el 31%. Lo mismo aplica a la proposición Zapateril que establece: “si le damos un ordenador a cada chiquillo entonces la educación en España mejora”. Como ve estimado lector, hay tela de donde cortar si utilizamos la razón.
Referencias
1. Carmena, E. El creacionismo !Vaya timo! Editorial Laetolo. 2006.
2. Chaitin, G. The Limits of Reason. Investigación y Ciencia. Núm. 356, 2006.
3. Logical Paradoxes. The Internet Encyclopedia of Philosophy.
http://www.utm.edu/research/iep/p/par-log.htm
4. Luckhardt, G. y Bechtel, W. How to do things with logic. Psychology Press. 1994.
5. Marina, J.A. Por qué soy cristiano. Editorial Anagrama. 2005.
6. Müller, J. Pascual, F., Delgado, J. Pardo, P. y Gallego, J. Sesión de tortura a los PIB de EEUU y China.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/29/nodoycredito/1256842545.html
7. Norman, A. Wittgenstein’s Tractatus: an introduction. Cambridge University Press. 2005.7.
8. Ramsey. F.P. General propositions and causality. En “The Foundations of Mathematics and other Logical Essays”. 1931.
9. Schwanitz, D. La cultura. Todo lo que hay que saber. Punto de lectura. 2006.
10. Vaquero, A. Una paradoja divina. Novática 199, año XXV.
http://tedeco.fi.upm.es/docs/novatica199-44.pdf
11. Urmas, S. Wittgenstein’s Tractatus 3.333 and Rusell’S paradox. Trames 2. 2009.
[1] Los griegos las llamaban ideas o conceptos [Schwanitz, 2006].
November 29th, 2009 at 3:08 am
Gracias por el post, Adso. Llevo muchos días deseando poner mis comentarios, allá voy
La afirmación teológica que usa Vaquero en su artículo (”Dios ha creado TODO pero al mismo tiempo Dios no se ha creado a sí mismo”) es evidentemente una paradoja. Nadie lo pone en duda. Lo que yo quería resaltar cuando dije que era un ejercicio intelectual sin mayor interés, es que dicha afirmación NO aparece en el Credo ni forma parte de la creencia de ningún católico. Por lo tando es como realizar la demostración matemática de que el tocino y la velocidad son entes distintos… indudablemente cierto, pero un esfuerzo de poco provecho
Las dos partes del Credo que cita Vaquero eson la de “Dios… creador de todo lo visible y lo invisible” y “Jesucristo… engendrado, no creado”. Y el error consiste en pensar que ambos fragmentos vienen a ser equivalente a la paradoja antes mencionada. No es así: los creyentes creemos en un Dios que ha creado todo, sí… “todo” menos a sí mismo (osea no TODO TODO). El Credo no es un conjunto de proposiciones lógicas, sino un texto en lenguaje natural, y de igual modo que nadie diría que un texto escrito en español está lleno de contradicciones lógicas por, por ejemplo, contener dobles negaciones (ej. “No hay nada”), es absurdo (o es buscarle tres pies al gato) perseguir paradojas en una oración -que no deja de ser una versión poética de lo que los teólogos estudian-.
Donde sí tiene sentido buscar paradojas es en la Teología en sí… y te aseguro que allí no es tan fácil, ya que no todos los teólogos construyen castillos en el aire… ya que muchos de ellos, a lo largo de la historia, han sido científicos de renombre y maestros de la lógica. Sin ir más lejos, el ejemplo de la Trinidad de Dios, que se considera técnicamente un Misterio, a mí siempre me ha parecido que tiene una estructura lógica bien simple, hasta representable en OWL DL si me apuras… ¿será que he conseguido entender algo que ni San Agustín comprendía? :-PPP