To sir, with love

Dedicado a Antonio Vaquero Sánchez,

quien ha sido para mi un verdadero maestro.

Madadayo  [Japon, 1993] fue el testamento fílmico de Akira Kurosawa aunque, hay que aclarar, el “sensei” nipón no eligió a esta historia como su despedida formal pues poco antes de morir estaba preparando su regreso a los sets cinematográficos.

El maestro Hyakken Uehida (Tatsuo Matsumura estupendo) se retira después de varios años de impartir clases. Admirado y venerado por todos, Uehida empezará a ser celebrado en cada cumpleaños con una rumbosa fiesta/ceremonia organizada año tras año, desde mediados de los 40 hasta inicios de los 60. Sus exalumnos se reúnen con él para gritarle, a través del humo del cigarro, el sake y la cerveza: “¿Madakay?” (¿está listo?), sólo para que el socarrón anciano responda, desgañitándose: “!Madadayo!” (!aún no!).


Madadayo es, acaso, la cinta más serena de todas las que realizó Kurosawa en su larguísima carrera como director. Esto se debe, en parte, a que esta es una película dirigida por un anciano. Sin embargo, no solo es la obra de un viejo cualquiera; es el filme de un cineasta, sí,  anciano pero, sobre todo, sabio. A Kurosawa le basta, por ejemplo, mostrar neutralmente, sin mayor intención ni comentario, el último “madadayo” dedicado a Uehida, para dejar muy en claro la profundidad de los cambios sucedidos en el Japón de principios de los 60.

La estructura narrativa de la película –sencilla, episódica– y su propio tono dramático (ingenuo, sentimental, deliciosamente cursi) muestran a un Kurosawa sereno como nunca, seguro de lo que quiere decir y cómo decirlo. Un creador que para llegar a hacer un filme tan sencillo y bello como éste tuvo que ganarse a pulso, película tras película y durante 50 años, esta desarmante libertad creativa. Una libertad tan absoluta que lo mismo lo hizo abrevar de la literatura y el cine occidentales, los géneros hollywoodenses o las vanguardias fílmicas europeas, sin renunciar nunca –como en Madadayo– a un estilo naturalista y contemplativo deudor del otro gran maestro nipón Yasujiro Ozu quien bien pudo haber filmado/firmado esta película –siempre y cuando le extirpáramos el bellísimo sueño con el que finaliza la cinta, sello lírico si lo hubo del ultimo Kurosawa.

Anti-espectacular, cotidiana, con una cámara que funciona como mero testigo de los sencillos o grandes problemas que enfrentan sus personajes –la pérdida de su casa, la derrota en la Segunda Guerra Mundial, el extravío de un gato–, Madadayo es uno de los más conmovedores filmes hechos sobre un maestro. Será porque quien lo hizo fue, antes que nada y después de todo, un auténtico maestro. ¿Estamos listos para olvidarte “sensei” Kurosawa? !Madadayo! ¡Madadayo!

One Response to “To sir, with love”

  1. Elina Tonekawa Says:

    Pero que nivel va cogiendo este blog… entre el musicólogo y ahora los cinéfilos que tenemos, cualquier diría que somos informáticos ;)

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.