Sara tiene unos muy bien llevados 16 años, una preciosa melena castaña, mirada inocente, sonrisa burlona… y ayer lo hizo por primera vez… GRACIAS A MI
*Nota: ¡Stop! ¡Alto! ¡Suelta ese teléfono! Antes de que denuncies al Defensor del Menor para que cierre este blog y me castre químicamente, déjame que te explique el origen de la historia…
Todo empezó hace un par de semanas, cuando el hijo adolescente de un familiar me asaltó por el messenger para contarme que Sara y él habían decidido empezar a “salir juntos”… ¡Oh, sí, era su primera cita! estaba muy emocionado y necesitaba urgentemente mi consejo sobre cómo proceder en los apasionantes pero siempre difíciles albores de una relación sexual.
MI consejo. Madre mía, menudo aprieto… ¿pero qué se le dice a un adolescente que quiere saber cómo tomar “contacto” con una chica?¿Que vaya de playboy y la acorrale en un picadero con decisión, condones y aparente exceso de confianza? ¿Que se pegue una ducha fría y vaya a confesarle semejantes pensamientos impuros a sus padres (¡y no a mi!)? ¿Que elabore una propuesta de actuación afectivo-sexual a doble espacio y la vote con sus amigos en clase de Educación para la Ciudadanía? ¡¿Qué?! :-O
Y es que, si bien hoy día se presume de liberalidad y educación sexual “abierta y moderna”, yo sigo teniendo la impresión de que aquí a la hora de la verdad cada uno tira por donde sus prejuicios (y sus hormonas) le empujan. Yo al menos tengo muy claro que soy la persona menos indicada para dar consejos sexuales (y así se lo hice saber al muchacho), porque mi vida y la de muchos de mi generación (no sé si os ocurrirá lo mismo) ha estado plagada de mensajes sumamente contradictorios y experiencias deliciosamente irracionales en torno al SEXO.
Lo que sí puedo es compartir con vosotros el relato de algunas de aquellas experiencias, como hice con el jóven aprendiz de Don Juan… esperando que esto ayude a poner en orden mis ideas y que de ellas, luego cada cual saque sus propias conclusiones
*Nota: ¡Sí, amigos!… abróchense los cinturones… en el que probablemente será su último post en Teclarios (debido a la censura que me va a caer encima ;-P) Elina pretende crear una saga de post sobre algunos episodios de su turbulenta y lamentable vida sexual. ¿Qué será lo próximo? ¿Subirnos los videos caseros que grababan sus padres cuando tenía 7 años? :-S En fin, puedo prometer y prometo que volveré al recto camino del saber Teclario… pero por hoy, como es veranito y eso, disfrutad de mis aventuras (que tienen que ver con la Informática más de lo que parece, como se apreciará más adelante)
EPISODIO 1: ¡¡¡Masturbaos, masturbaos!!!
(o Los Peligros de una Pedagogía Esquizofrénica)
Antes de lanzarme a culpabilizar al mundo, he de reconocer los hechos. Yo YA NACÍ siendo un pervertido sexual…
Bueno, al menos un poco
Recuerdo perfectamente, y lo he corroborado en varias ocasiones, que a la temprana edad de 9 añitos (¡en serio!) ya me pasaba el día rebuscando en las revistas de mi madre a ver si encontraba algunos de esos escotes (o incluso tempranos top-less) que los pícaros publicistas de la época insertaban hasta en la más inocente de las publicaciones… ¡y era porque ya, tan jovencito, albergaba la más perversa de las intenciones que un pre-adolescente puede tener para con una dama retratada en papel couché! (sigh…)
Osea que el Mal estaba ahí, amigos. Oh, sí. Pero la cosa se agravaría con el paso del tiempo y según me fuí juntando con una panda de salidos y frikis de mucho cuidado (mis amigos, un abrazooo…), llegué a ser testigo de episodios dignos de una película de los Porky’s.
A medida que mis hormonas tomaban control sobre mí, pasé bruscamente de ser el empollón recatado al macarra-payaso de la última fila, que se pasaba el día intentando pillar cacho (¡yuju! ¡meto mano y hago reir a las macizas de clase!) pero sumido cada vez más en un pozo de fantasía y onanismo sin salida… ¡y sin novia a la vista, claro! (a diferencia del macarra-no-payaso, que eran esos otros que directamente -sin risas ni hostias- se cepillaban a las macizas).
Sin embargo mi educación y mi vida “externa” tenían una apariencia completamente normal y casta. No diré que explicitamente nos censurasen las gamberradas cargadas de testosterona, pero sí que es cierto que -aunque yo no lo llamaría exactamente “reprimir”- no se hablaba de sexo PARA NADA. El tema parecía no existir, o al menos no despertar el tremendo interés que despertaba en mi. Todas las “cochinas aventuras” en que nos metíamos sencillamente pasaban desapercibidas para nuestros padres y educadores (y así deseábamos que siguiesen por muuuucho tiempo). Amén.
Como nota del ambiente contradictorio que respiraba, recuerdo una anécdota de cierto profesor de filosofía, supuestamente católico, apostólico, romano y conservador a más no poder.
Ese tipo realmente nos tenía acojonados. Era enorme, con el pelo blanco y una cara de loco de las que te entran ganas de echar a correr al verlas. Ya habíamos recibido individual y colectivamente varias broncas en clase y eran realmente aterradoras. Cualquier mínimo equívoco al responder a sus preguntas podía ser interpretado como una burla o un insulto personal hacia él que le haría enrrojecer, salir espuma por la boca y arremeter verbalmente contra quien fuera.
Pues bien… un día, sin venir a cuento (¡ni siquiera estábamos hablando de sexo!, sino de drogas o algún otro “peligro” que la juventud de bien debía evitar) su cerebro hizo “click”. Simplemente se desató. No sé que demonios pasaría por la cabeza de ese hombre en aquel momento pero se puso de pie y nos gritó con furia: ¡¡¡Masturbaos, masturbaos!!! ¡El pecado hay que probarlo por uno mismo, no se puede aprender de los errores de los demás… blah blah blah! ¡¡¡Masturbaos, masturbaos!!! Evidentemente no me acuerdo del discurso completo (estaba demasiado ocupado en contener la risa histérica a la par que no mearme encima del miedo), pero la idea de su doctrina era algo así.
A lo largo de mi vida he escuchado mensajes similares a este de gente de la que no te lo esperarías (por ejemplo, un sacerdote me llegó a explicar que lo insano no eran los actos impuros en sí mismos sino el hecho de que no los realizáramos DE FORMA MÁS CREATIVA XD)… pero aquel episodio del viejo profesor desbocado convocándonos a la masturbación colectiva me marcó de veras y significó el comienzo de mi turbulenta carrera como explorador sexual, empezando -como no- de fracaso en fracaso ;o)
PD: Corto el rollo por ahora, amiguitos, pero creédme: hay mucho material ;-P. Si ha gustado, en próximos episodios hablaré de mis incursiones en el mundo del desarrollo de videojuegos eróticos (“Corría la era de los 8 bits, cuando la Informática y el Porno entraron en mi casa de la mano…” ), de los sabios consejos sexuales de mis amigos más enfermos (“¡Oh, vamos! Todos sabemos que a diferencia del de la mujer el deseo sexual masculino no solo NO se inhibe sino que se POTENCIA con el desprecio“) o del desmadre y la lujuria que trajo la red de datos interna y la convivencia con féminas al colegio mayor originalmente masculino -y nominalmente religioso- donde estudié (“¡Bah, otra peli de lesbianas!… tan aburridas como John Woo intentando hacer cine sin pistolas”).
X’DDDDD
A ver, por favor, alguien que le ponga a este post este skin http://iwordpressthemes.com/?p=214 …
Estoy deseando que lleguen más episodios
DDDD
Algún día tendrás que explicar cómo se te ocurrió empezar esta serie
Supongo que se fué la cabeza…
(bueno, habrá más, pero más adelante… antes quiero limpiar mi imágen posteando alguna cosa seria
)