Kindle bueno (pero caro)
Hace un par de semanas Amazon sacó a la venta la nueva versión de Kindle, su… ¿cómo demonios llamarlo? ¿lector? ¿mostrador? mmmmm, digámosle soporte para libros electrónicos. Se trata de un dispositivo de tinta electrónica que permite mostrar libros y documentos pdf. Las principales
novedades respecto a la versión anterior es que aumenta de tamaño hasta las 9,7″, y de capacidad hasta los 3500 libros (da para almacenar los libros de toda una vida, salvo que seas un lector compulsivo); además, la pantalla rota de forma automática. El nuevo Kindle mantiene la conexión 3G, la cual solo sirve para descargar los libros y los periódicos, y la opción de recitar los libros con su seductora voz (muy útil si añoras los tiempos en los que mamá te leía un cuento antes de irte a la cama). Con este Kindle de mayor tamaño, Amazon pretende ocupar no solo el nicho de los libros de lectura, sino también el de los periódicos, los documentos técnicos y los libros de texto.
Particularmente, creo que me sentiría un poco raro leyendo una novela en un bicho de estos, sin agarrar el libro como Dios manda y sin poder pasar físicamente las páginas. Recuerdo haber leído que un libro tiene el mecanismo de una puerta y que requiere de ti que lo abras y que entres, mientras que la tele es una ventana que muestra cosas, aunque tú no la prestes atención. Con el Kindle esta bonita comparación se va al carajo, porque la puerta sería algo así como sin bisagras y electrónica y no, no, no, ya no sería lo mismo. Soy bastante clásico para estas cosas, lo reconozco. Pienso que los objetos físicos tienen un encanto difícil de batir por sus hermanos electrónicos. Ahora, cuando vas a casa de alguien, ya no tienes rastro de las pelis que ve, ni de los discos que escucha. Si desapareciesen también los libros, ¿qué nos quedaría para fisgar? ¿el disco duro?
En fin, chorradas al margen, donde si veo que este tipo de aparatos son muy útiles para un teclario es para la lectura de los artículos científicos. Ahí sí lo tengo claro: ¡Kindle, te necesito! Soy del todo incapaz de leer un artículo en la pantalla fija del ordenador, sin poder agarrarlo con las manos o acercármelo a la cara (especialmente cuando no entiendo algo). Por ello, acabo imprimiendo un montón de artículos. Muchos casi ni los leo y acaban colapsando los archivadores o levantando montañitas sobre la mesa donde esperan ingenuamente ser retomados. Un dispositivo como el Kindle me simplificaría bastante la vida y me permitiría ahorrarle a la selva amazónica cerca de una hectárea al mes. Sin embargo, tras sopesar los pros y los contras, no me voy a hacer con uno (sorry, Amazonas).
La primera razón es que la gente de Amazon se ha subido a la parra con el precio: 485 dólares!!! Con ello, creo que pueden olvidarse de hacer negocio vendiéndo Kindle como soporte para libros de texto de colegios y universidades. Quizás el alto precio se explique porque Amazon pierde unos tres dólares por cada libro en soporte electrónico que vende, algo de locos. Para abaratar el coste de Kindle, algunos de los grandes periódicos americanos lo venderán a precio reducido junto con la suscripción a la versión electrónica de su diario, pero claro… ¿para qué querría yo suscribirme a The New York Times? Otra razón para descartar la compra del Kindle es que este dispositivo no tendría mucho recorrido en España donde no existen casi libros en formato e-book (aunque sí hay un mundo pirata emergente en formato pdf) y donde los periódicos todavía no tienen su versión en e-book. Y la tercera razón para decirle no al Kindle es que es un dispositivo muy rígido y con pocas funcionalidades para el uso que yo querría darle.
Mi Kindle ideal debería tener pantalla multitáctil y, algo fundamental para la lectura de artículos científicos y libros de texto, debería permitir escribir sobre la pantalla (con reconocimiento de escritura, a ser posible), de forma que las anotaciones se guardasen asociadas al texto que se está mostrando y se pudiesen superponer (o no) en el mismo. Si además el dispositivo incorporase también WiFi y un navegador para acceder a internet cómodamente desde la cama o el sofá (algo así ya existe por menos de 200 dólares), sería prácticamente perfecto y su valor se acercaría más a los 485 dólares que ahora cuesta. El público potencial de este dispositivo, no sólo sería la comunidad teclaria, sino cualquier oficina donde los informes en papel estén a la orden del día (es decir, cualquier oficina). El sueño de trabajar sin papelajos sería un poco menos loco y un poco más real.
Actualmente, aunque existen otras alternativas a Kindle (Sony Reader, Papyre, iRex…), ninguna ofrece, de momento, nada que se aproxime a mi ideal. Por tanto, toca esperar a que el mercado madure. Eso serán unos añitos más sobre el papel, me temo.
P.D. No pude evitar hacer la bromita chorra con el título del post. Alternativas como “Kindle sorpresa” o “Huevo Kindle” tenían peor encaje. ![]()
June 1st, 2009 at 5:44 pm
Ya no hace falta que compres el Kindle, la biblioteca te los presta
June 1st, 2009 at 11:37 pm
Tampoco hace falta hacer bromas sobre el huevo Kinder, ya se han encargado los de “EL MUNDO”:
http://wtf.microsiervos.com/perlas/batalla-dominio-internet.html
July 6th, 2009 at 7:08 pm
Estoy con Javi en que el Kindle bueno todavía no es tan bueno como lo que necesitamos nosotros… aún así, habría que probarlo, es verdad (habrá que recurrir a la “tinta electrónica” de la biblioteca… que mamarrachada XD)
Para mi lo fundamental es eso: necesito una forma cómoda de leer artículos, anotarlos y almacenarlos de forma que luego los pueda recuperar por su contenido o por el contenido de sus anotaciones. Lógicamente esto suena a hacerlo todo en digital, pero estoy con Javi -otra vez- en que me resulta más cómodo leerlos (y guarrearlos) en papel (de hecho suelo aprovechar los trayectos sin ordenador -como cuando viajo en bus- para hacerlo).