Homo digitalis
Querido Ndugu,
Soy un teclario. Y como buen teclario me gusta utilizar los cachivaches a mi alrededor para facilitarme el trabajo. Aún recuerdo cuándo mi profesor de Matemáticas allá por el instituto nos decía que si alguno no tenía calculadora, él podía enseñarle a utilizar la tabla de senos para calcular los valores de las funciones trigonométricas. Casi ná.
En realidad eso no quiere decir que esté de acuerdo con que desde los primeros cursos de educación primaria se deba utilizar la calculadora. No señor. Los nenes deben aprender a hacer las operaciones matemáticas básicas por ellos mismos. Para que el panadero no les time. Para que no tenga que volver a escuchar a un alumno de la Licenciatura de Ciencias Físicas preguntarme “¿por cuánto tengo que dividir 33 para que me de 11?”.
Y lo mismo pienso del uso del diccionario. Es un auténtico peñazo eso de buscar en un tomaco lleno de letras la palabra “batiburrillo”, o peor aún, buscar información sobre la revolución de los comuneros en una enciclopedia, porque primero tienes que encontrar el tomo, y luego la entrada. Pero qué queréis que os diga, creo que tampoco viene mal pasar por eso. Supongo que me estoy haciendo mayor.
Pero, como decía al principio, soy teclario. Y eso significa que me gusta utilizar las máquinas para facilitarme el trabajo. Y yo nunca utilicé una tabla de senos ni de logaritmos, sino que le daba siempre a la teclita correspondiente. Y utilizo la calculadora siempre que lo necesito. Aunque no para dividir 33 entre 11.
Lo mismo ocurre cuando quiero buscar información sobre la batalla de Trafalgar o sobre Gödel. Utilizo Internet, Google y la Wikipedia. Pero no siempre fue así. Al principio del todo utilicé Encarta. Para los más nuevos Encarta era la enciclopedia de Microsoft. Una colección de conocimiento guardada en un CD que te instalabas y te permitía encontrar más de lo que necesitabas sobre la revolución de los Comuneros. Una aplicación que había que ir actualizando de vez en cuando con nuevas versiones que incluian datos actualizados. Un programa que contenía todos los datos que Microsoft había tenido a bien dar a sus usuarios, pero no más.
Pues bien, estoy hablando en pasado (”una colección que te permitía encontrar”, “una aplicación que había que ir actualizando”, “un programa que contenía”…) no por simple nostalgia y recurso narrativo sino porque desde ayer, 30 de Marzo de 2009, aquella enciclopedia que hizo más cómoda la elaboración de trabajos de instituto tiene fecha de caducidad: el 31 de Octubre de 2009, a excepción de la japonesa, que terminará el 31 de Diciembre. Y todo porque “La categoría de enciclopedias tradicionales y el material de referencia ha cambiado. Actualmente la gente busca y consume información de una manera considerablemente diferente que hace algunos años”.
Como no podría ser de otra manera, la entrada de “Encarta” en la Wikipedia lo cuenta.
Lo que muchos nos preguntamos ahora es qué ocurrirá con todo ese conocimiento. Desde este pequeño rincor, reivindico que Microsoft debería hacerlo de dominio público bajo una licencia Creative Commons. Así todos ganaríamos.
April 1st, 2009 at 7:09 pm
Muy interesante el enlace que dice lo de que en Francia, Encarta daba a entender que Waterloo la habían ganado los franceses y en Inglaterra los ingleses. Jaja, seguro que Blackthorne puede hablarnos de esas cosas…
Estupendo lo que dices de que se liberase el contenido de la Encarta. Si se queda obsoleta, pues se queda como la enciclopedia de casa y punto. Debería hacerse eso.
Otra noticia similar a esta es que se ha cerrado el buscador wikia, del fundador de la Wikipedia. No se puede ganar en todo.
Eso sí, se ve que en tiempos de crisis, los más débiles caen. El problema de que disminuya la competencia es que hay más riesgo de monopolios… y de que al final solo Google, Microsoft y empresas grandes sobrevivan
April 6th, 2009 at 10:07 pm
Me uno a la petición… y doy la enhorabuena a El Mogur por este post tan entrañable

La “Encarta”… qué recuerdos