¿Conocéis a Brian? Este año cumple 30 años. Es un tipo con una historia bastante peculiar, que me gustaría contaros.

Al igual que un vástago Teclario, nació el mismo día que Jesús. Y vivió una historia paralela a éste. Cuando Brian nació vinieron a adorarle tres Reyes magos a los que guiaba una estrella (aunque su madre pensó que les guiaba una botella). Sin embargo, todo fue un error…o no.
El niño creció y se hizo hombre. Y empezó a asistir al monte para escuchar las bienaventuranzas, lo que le ayudó a descubrir algunos de sus atributos, narizotas. También asistió a alguna que otra lapidación a las que, no sé si recordais, estaba prohibido que asistieran las mujeres. Recordad también que está prohibido decir Jehová (sonido de pedradas).

La leyenda de Jesús, como la curación del leproso, se iba escribiendo en paralelo a la de Brian. Por entonces descubrió que era medio romano, ya que su madre fue violada (bueno, al principio, sí) por un centurión llamado Traviesus Máximus, lo que le hizo entrar en cólera contra los romanos.
Durante esta época hubo numerosos grupos que pretendían defender el derecho de cualquier hombre (o mujer) de ser liberados (o liberadas) del yugo romano (o romana). Brian, en su trabajo de venta de aperitivos imperialistas, conoció al Frente Popular de Judea (ojo, no confundir con el Frente Judaico Popular…¡DISIDENTES!) al que se alistó, no sin antes pasar una dura prueba de latín (“Romanos, marchaos a casa” se escribe “Romanes eunt domus”… ¿o no era así?).

Llenar todo el palacio de pintadas le hizo ganarse la confianza del Frente Popular, que aún discutía sobre lo sus reivindicaciones y sobre qué habían hecho los romanos por ellos (hermano Teclario, que te folle un pez si se te ocurre pensar que los romanos trajeron la paz). Este grupo decidió entrar en el palacio de Poncio Pilato y secuestrar a su esposa para así poder conseguir sus reivindicaciones. Sin embargo, del grupo de asalto sólo quedó vivo Brian, que fue metido en el calabozo con un viejo prisionero, algo masoca.

Más adelante fue llevado en presencia de Poncio Pilato, el máximo dirigente de Roma que, casualmente, tenía un pequeño defecto en el habla y (agárrense las vejigas) un “gran amigo en Roma llamado Pijus Magnificus“. Un despiste de los legionarios fue aprovechado por Brian para escapar de palacio (en una alocada nave espacial) y llegar hasta la sede del Frente Popular con medio ejército romano pisándole los talones.
En esta huida descubre su nueva vocación: la de profeta y hacedor de milagros. El primero de ellos fue hacer hablar y cantar (aba-nabila-aba) a un ermitaño. Esto atrajo a un gran número de creyentes, que querían escuchar las palabras del Mesías. Tras uno de sus sermones los romanos vuelven a atraparlo, esta vez con el propósito de crucificarlo.

Su última esperanza es el indulto de Pilatos. Pero los intentos de Judith para liberarlo son ahogados por el descojone general de la chusma ante las palabras de Pilatos y Pijus Magnificus (aziztente al acto).
Brian es llevado a la cruz. Ya no tiene salvación… o sí… o no. Primero sus compañeros del FPJ y, más adelante, el escuadrón suicida del Frente del Pueblo Judaico acuden a apoyarle en su sacrificio. Brian es crucificado para que el resto podamos reir tranquilos. Nunca olvidéis su gran enseñanza: mirad siempre el lado bueno de la vida.
Y si Brian cumple ya 30 años eso significa que yo tendré que poner mis barbas a remojar.
¡Yippikayei, Teclarios!

PD: Disculpad mi torpeza en la colocación de las imágenes. Las tenía con bonitas alineaciones pero, como a menudo escuchamos: “En mi ordenador de casa funcionaba”