Querido Ndugu,

El mundo ha cambiado. Lo siento en el agua, lo siento en el aire. Mucho se perdió entonces. Pero nadie queda ahora, para recordarlo. Así es como empieza la versión doblada a español del Señor de los Anillos: La Comunidad del anillo. Aunque la segunda parte no es aún cierta (todavía queda mucha gente que lo recuerda), la primera parte es claramente verdad. En los últimos años el mundo ha cambiado drásticamente.

Mi abuela hace ya algunos años nos contaba que cuando era pequeña su propia abuela la decía, poco antes de morir, “ay hija, lo que verán tus ojos”. En aquella época, supongo, ya se veían cambios inimaginables en el horizonte. Portada del libro “The World is Flat”Y la revolución estaba en realidad por llegar.

Por poner otro ejemplo, nuestro querido humorista Gila decía en sus memorias a finales de los 90 (del siglo XX) que era realmente sorprendente lo rápido que cambiaba todo “últimamente”. Su infancia, decía, había sido prácticamente igual que la infancia de su padre, y esta a la vez, muy similar que la del suyo. Sin embargo, en el mundo de hoy en día, la infancia o la adolescencia de dos hermanos cuya edad dista solo un puñado de años es muy, muy diferente.

Y es que en las últimas décadas, este mundo en el que vivimos, esta tierra nuestra por la que Galileo y otros grandes lucharon para que todos consideráramos redonda, esta gran pelota casi perfecta en la que vivimos (comparativamente más perfecta que una pelota de ping pong), es en realidad plana otra vez.

Y no porque algún científico visionario nos haya salido con una nueva teoría revolucionaria, sino porque nosotros mismos nos hemos encargado de ir, poco a poco, aplastándola cada vez más, hasta que la pobre, exhausta de luchar contra nuestros martillazos, ha terminado cediendo.

Hoy podemos hacer cosas impensables hace unos cuantos años. Podemos comprar entradas del cine desde casa. Podemos ver si el hotel de California que acabamos de reservar está muy lejos del aeropuerto y comprobar los horarios del metro. Y otra infinidad de ejemplos que cualquier teclario puede decir.

Por ejemplo, yo descubrí que el mundo era plano cuando me senté delante del ordenador una tarde pensando que quería ir a bucear al arrecife de coral australiano (ya se sabe; iba a un congreso allí, y quise aprovechar el viaje…). Pero no sabía nada más; simplemente sabía que en Australia había sitios espectaculares para bucear, y yo quería verlos. Tras una tarde delante del ordenador, sabía perfectamente dónde estaba el arrecife, cuáles eran los mejores sitios para ir, qué aeropuerto era el más cercano, y tenía contratado un viaje de tres días y el hotel.

Sin embargo, estos ejemplos cotidianos son solo la superficie de este aplanamiento. Y explicar eso es el objetivo del libro “The World is Flat” de Tomas L. Friedman. Hacer ver al lector que hoy en día el portátil en el que escribes las entradas de tu blog tiene piezas creadas en un buen puñado de países de todos los continentes, que fueron previamente diseñadas en otros, que se ensamblaron en otro distinto, y que tú, consumidor, pediste por internet para que te fuera enviado a tu casa.

También pone de manifiesto la enorme cantidad de trabajo que hoy en día están llevando a cabo ciudadanos de otros paises distintos, especialmente India y China. Y cómo toda esa gente está, poco a poco, responsabilizándose de cada vez más y más tareas que, de otra forma, habríamos hecho nosotros de forma local. Un ejemplo que me llamó mucho la atención es cómo algunas compañías contratan a jóvenes indios para que atiendan llamadas al servicio técnico de ciudadanos estadounidenses. Les dan un curso para adaptar su acento indio al americano, les explican los sistemas, y les ponen a contestar preguntas a miles de kilómetros, pagándoles una fracción de lo que les costaría el mismo servicio en Michigan.

Lo que más me ha gustado ha sido un aviso para los padres, que creo que resume perfectamente la globalización. Cuando éramos pequeños y no queríamos terminarnos la cena, nuestros padres nos recordaban la cantidad de niños como nosotros que estarían dispuestos a cualquier cosa por esa comida que nosotros no queríamos. Hoy por hoy, dice el autor, el mismo escenario puede darse en otro contexto. Si tu hijo (cuando lo tengas), no estudia o no hace los ejercicios, dile “Hijo, estudia. En China hay un montón de niños como tú, dispuestos a quitarte tu puesto de trabajo”.

Y tú, ¿dónde estabas cuando el mundo se aplanó?

Nota: recomendable

Una Respuesta a “The world is flat (2008-22)”

  1. Interesante.

    Lo que comentas del servicio telefónico tengo entendido que también lo hacen empresas españolas. Me parece que Telefónica tiene el suyo en Marruecos y que les hacen cambiar el nombre a las empleadas por nombres españoles,

    El tema de la globalización es muy complicado y da para mucho más de un post. Lo de las materias primas es muy peliagudo porque en muchos casos no se comercia de forma justa con ellas y en otros se hacen auténticas canalladas para conseguirlas. Un ejemplo de esto último sucede con el Coltán en el Congo. Nosotros, o no sabemos o no queremos saber. Más sobre ello aquí:
    http://www.elpais.com/articulo/futuro/coltan/mineral/estrategico/elpepusocfut/20070926elpepifut_4/Tes
    http://www.pagaelpato.com/coltan/

    Con las industrias está pasando algo similar. Se llevan lejos donde la mano de obra es barata y donde no las condiciones laborales no sabemos muy bien como son o no nos interesa preguntarlo.

    Si fuesemos a esos países a hacer negocio (algo legítimo), pero mirando también el beneficio social de la gente de allí, la cosa sería mejor. Me temo que en muchos casos no es así y que esto nos acabará pasando factura en algún que otro momento…

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