Mientras clavas en mi pupila tu pupila ultravioleta…

Curación de un ciegoDos ciegos seguían a Jesús, gritando: “Ten compasión de nosotros, hijo de David”. Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: “¿Creéis que puedo hacerlo?” Contestaron: “Sí, Señor” . Entonces les tocó los ojos, diciendo:  “Que os suceda conforme a vuestra fe”. Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: “¡Cuidado con que lo sepa alguien!” Pero ellos al salir, hablaron de él por toda la comarca. (Mateo 9, 27-31)

No es para menos. La visión es el más desarrollado y característico de nuestros sentidos, y los que nacemos con cierto defecto ocular que lo limita terriblemente, estamos deseando contarle a todo el mundo que hemos vuelto a “ver”, ¡¡¡que por fin hemos sido sanados!!! :)

Pero para ser testigo del milagro lo primero, como nos enseña el Evangelio, es tener Fe. En mi caso, Fe en la Cirugía Refractiva Láser (concretamente en la famosa técnica LASIK).

A grandes rasgos (que me disculpen el atrevimiento los oftalmólogos) esta técnica consiste en levantar provisionalmente una lámina de la córnea del ojo para después “esculpir” un nivel más profundo de la misma vaporizando fragmentos diminutos a base de rayos láser “excimer”. Una vez remodelada toda esta “lente” del ojo se vuelve a poner en su sitio la lámina de la córnea que fue cortada y, pasadas unas semanas la herida cicatriza y… ¡tachán! ¡se consigue una visión igual de buena como la que puedes tener con tus gafas o lentillas!.

Esta técnica fue inventada hace más de 50 años por un español, y hoy día es la “gran alternativa” al uso de gafas y lentillas para mucha gente (con un 92-98% de pacientes satisfechos) por tratarse de una operación completamente indolora, que se realiza con el paciente consciente y sin tapar los ojos (sólo se anestesia la superficie ocular) y cuya recuperación es casi inmediata (nada más operarte ves con un 90% de nitidez y en un par de días cesan casi todas las molestias).

Pero vamos a lo que importa ¿qué hay que poner en la balanza a la hora de considerar esta operación?

Por supuesto lo primero que hay que hacer es visitar a un especialista en el tema para que estudie nuestro caso particular (¡nuestros ojos, únicos e irrepetibles como nuestra personalidad!) y nos aconseje. Normalmente la consulta es totalmente gratuita, sin compromiso alguno de operarse, y uno puede (y debe) ir libremente a tantas clínicas como desee a contrastar toda esa información.
***DISCLAIMER: Este post, por supuesto, sólo tiene carácter divulgativo y no puede sustituir en ningún caso a la información que nos proporcione el médico :) ***

En segundo lugar está el tema del dinero ($$$). El precio en “la capital” depende ampliamente de la clínica donde nos operen y viene estando entre 1000 y 1200 euros (siempre haré referencia a precios por un solo ojo), aunque en mi ciudad natal (tal vez por que apenas hay una clínica en toda “la comarca”) se subían a la parra con 1400 euros. Aún así, como veremos después, si uno quiere probar todas y cada una de las “novedades tecnológicas” que ya se están introduciendo en algunas clínicas, el coste de la operación puede ser mucho mayor.

Lo tercero, y más importante que el dinero, es conocer los riesgos de la operación. El porcentaje de éxito es altísimo (se calcula que sólo un 0′01% de los pacientes pierden visión, y sólo un 18% necesitan ser re-operados para alcanzar la visión esperada) y los peligros a considerar no son del todo “terribles”: sequedad en el ojo (necesidad de usar lágrima artificial durante mucho tiempo), hipersensibilidad a las luces nocturnas (ver “halos” de gran tamaño que dificultan la visión), tener que re-operarse (de gratis, por supuesto) y poco más… bueno, también debes tomar toda clase de precauciones para evitar roces en el ojo que puedan “desplazar o arrancar” el trozo que está aún sin cicatrizar, que no molaría nada… pero vamos lo que quiero decir es que la ceguera, la muerte súbita y la abducción extraterrestre no entran entre los riesgos asociados directamente con la operación ;)

Operación Lasik

Imagino lo que estáis pensando… si os ponéis a buscar a fondo en Internet (¡cosa que más vale no hacer antes de ninguna decisión importante en tu vida! :P) encontraréis, por supuesto, gente que desaconseja la operación y nos recuerdan -con voz de alarma- que existen casos extremos de fracaso (ojo seco crónico, imposibilidad de conducir de noche por los deslumbramientos, múltiples reoperaciones y sin visos de mejorar, cicatriz y molestias en el ojo a largo plazo, etc.) pero “lo normal” es: que el paciente deba estar unos tres meses con lágrima artificial, note ciertos “halos” nocturnos (efecto óptico al parecer inevitable, especialmente en los que tenemos la pupila enorme) y se quede bastante bien a la primera (con una cicatriz para siempre, sí, pero imperceptible).

Supongo que lo más interesante de esto puede ser conocer cómo vive uno la experiencia en primera persona. Lo contaré como si de un FPS (First Person… Surgery) se tratara:

El día de la operación entro en la sala de espera, acompañado de mi familia como si me despidieran para un largo viaje (?) y espero pacientemente a que me llamen. Cuando me toca el turno la cosa va bastante rápida: me echan unas gotas de anestesia en los ojos (actúan enseguida y dicen que me pueden picar, pero no noto nada especial…), me ponen un “gorrito de ducha” y unos “patutos” para pasar al quirófano, saludo al personal médico presente, me tumbo completamente en una camilla, me relajo (en la medida de lo posible) y empieza la fiesta. Tengo al cirujano sentado detrás de mi cabeza, quien va colocando las maquinas sobre mi cara (a veces inclinándome la cabeza o moviendo la camilla con ruedas).

La primera máquina es la que te “chupa” los ojos y realiza el corte. Me dicen que mire a la luz verde del fondo y que mantenga siempre la mirada muy muy quieta y relajada. Es difícil. Noto como se emborrona poco a poco la vista y al final veo como a través de un plástico blanco (osea, nada). Pero en unos segundos vuelvo a “ver” (las luces de la maquinaria confusa que tengo delante, claro). Cuando operan un ojo la enfermera mantiene siempre el otro tapado con un parche, así que tras acabar con el ojo derecho toca cambiar el parche y repetir con el izquierdo. Durante la operación te pregunta “¿qué tal?” y puedes contestarles, pero yo me limito a responder “sí” o “bien”… que me conozco y si me pongo a rajar gesticulo más de la cuenta ;)

Luego viene la parte divertida: me ponen bajo la segunda máquina, la del láser excimer. El cirujano me coloca una especie de “celo” en las pestañas, unas pinzas para forzarme a tener los párpados bien abiertos y luego con su instrumental me “engancha” y levanta (doblando por completo) el trozo de córnea que habia recortado la primera máquina… como si mi ojo fuera una lata de sardinas, vamos. Yo no puedo “ver” realmente lo que hace, por supuesto, tan sólo siento como si urgaran sobre un plástico insensible que estuviese apoyado sobre tus ojos, que no forma parte de tu cuerpo… a veces haciendo que mis ojos miren involuntariamente en otras direcciones. Lo único que noto firmemente apoyadas sobre mi frente son las muñecas del cirujano mientras trabaja.

Ya levantado el colgajo del ojo, el láser excimer tiene vía libre para disparar su “fuego multicolor”… huele un poco a quemado. Me insisten en que me relaje y mantenga fija mi mirada en el infinito, aunque si me moviera sé que el láser está programado para seguir mi ojo o incluso detenerse por completo, lo que me tranquiliza… pero eso sí, me concentro en estarme quieto durante el proceso (cuanto más quieto estés, antes termina). El sonido de estos aparatos es como el de una grabadora tostando CDs, con algún “bip” que otro y una voz enlatada y femenina que dice cosas chulas como “eye-suction on” o “safe distance” de vez en cuando. El “fuego multicolor” tampoco me causa especial deslumbramiento, aunque cuesta mantener la mirada fija.

Finalmente, vuelta a poner el colgajo en su sitio (de vez en cuando me echan líquido refrescante en el ojo, además de limpiármelo con una “escobilla”) y a colocar la lentilla protectora. Una vez hecho esto me quitan las pinzas de los párpados, los celos… y repetimos con el otro ojo.

Al acabar la operación, veo borrosillo y tengo los ojos mojados y “aturdidos”… en total he estado como 20 minutos en esa camilla, pero me levanto por mi propio pie, doy las gracias al equipo y salgo a un cuartito con poca luz a relajarme un rato, antes de que el optometrista compruebe mi visión y haga pasar a mis padres y a mi mujer que me miran espectantes como intentando encontrar las “siete diferencias” :)

En mi caso, tengo que aclarar que hubo algunas diferencias con respecto a la operación “estándar”:

  1. El corte de la córnea no me lo hicieron “a cuchilla”, sino usando otro aparato láser diferente. A esta técnica se la conoce como IntraLASIK y tiene la ventaja de hacer un corte más “limpio y predecible” en la córnea, aunque se realiza de una forma algo más lenta y añade casi 500 euros más a la operación (repito: siempre hablo de precios POR ojo).
  2. El láser excimer utilizado fue programado para tener en cuenta la forma irregular particular del fondo de mis ojos (gracias a un estudio aberrométrico previo), lo que permite un “tallado” más personalizado, con idea de minimizar el efecto indeseable de los “halos” nocturnos. Otros 500 euros, así a lo tonto.
  3. Antes de terminar la operación me dejaron puestas unas lentillas terapéuticas, para que la herida cicatrizara mejor (aunque la visión tarda un día más en dejar de ser borrosa). Esto es “baratito”, 30 euros o así.
  4. El fatídico día se conoce que “media Facultad de Medicina” había venido a mirar cómo se realizaban las operaciones, de manera que en el “abarrotado” quirófano seríamos como 10 personas. Afortunadamente lo mío no es el miedo escénico ;) y de hecho hasta me divertí escuchando los comentarios (no lo suficientemente silenciosos) de los aprendices y los consejos de los veteranos (algunos dirigidos “discretamente” al cirujano que me operaba.. ejem ejem).
  5. Yo me había estudiado a conciencia los panfletos de la operación, había visto imágenes y además durante la operación tuve a una enfermera relatándome todo el proceso… osea que sabía perfectamente lo que ocurría en cada momento y estaba realmente tranquilo y relajado. Aunque repito, es que realmente en la vista en “primera persona” uno se pierde lo más interesante ;)

Mis conclusiones son:

  • Hacerse las pruebas y saber si eres candidato a la operación no cuesta nada, así que se lo recomiendo a quien esté dudando. Antes de empezar a darle vueltas al asunto, visitad una clínica de confianza.
  • La operación es breve, completamente indolora y no es una experiencia especialmente desagradable. Eso ya va en lo aprensivo que sea cada uno, pero (mi mujer me matará por este comentario…) os aseguro que yo lo he pasado peor con un empaste ;)
  • La operación es cara, la verdad… aunque yo soy incapaz de poner precio a las cosas de la salud :( Lo que sí merece la pena es considerar la posibilidad de prescindir de los extras (sobretodo lo del IntraLASIK, o “corte láser”) si no va a suponer una mejora en términos de visión… en mi caso (pupila muy grande) al parecer lo del estudio aberrométrico para minimizar los “halos” nocturnos tenía bastante sentido… las novedades como es lógico siempre te las venden como “mejoras”, pero otra cosa distinta es si la diferencia en cuanto a resultados es lo suficientemente significativa.
  • Por mucho que insinúen algunos, no te hagas ilusiones: ni efecto WOW ni ves el mundo en Full HD… sencillamente ves como si llevaras lentillas pero sin llevarlas. Para los que hemos vivido infinidad de años con gafas y lentillas y hemos acabado hartos de las dos, es una ventaja… pero las cosas lejanas se siguen viendo peor que las de cerca, de noche todos los gatos son pardos (y con un ligero “halo”) y la ropa de las mujeres sigue sin volverse invisible, por mucho que te concentres ;)

Esto ha sido todo sobre mi aventura láser, mozalbetes :) Tan sólo añadir que en la clínica me pidieron el consentimiento para grabar toda la operación y… en fin, los teclarios nos debemos a la Ciencia ¿no?, así que ¡¡¡preparad un buen bol de palomitas y a disfrutar!!!

4 Responses to “Mientras clavas en mi pupila tu pupila ultravioleta…”

  1. El Mogur Says:

    Muchas gracias por compartir la experiencia con nosotros, Elina… somos muchos los teclarios con gafas/lentillas, así que es bastante útil ver tu opinión. Eso sí, no he aguantado el video entero de la operación :)

    Por mi parte, de momento me quedo con mis gafas. No por lo que cuesta la operación (todos sabemos que a los profesores de universidad nos sobra el dinero…), sino porque las gafas llevan conmigo desde los 2 años, y forman parte de mí :) No hacen solo la función de “correctores”, sino también de protectores contra el viento, lluvia o pelotas de squash (lo que los gringos llaman goggles). A veces he pensado ponerme lentillas, pero aún así creo que terminaría poniendome unas gafas con cristal neutro encima :-D

  2. Moriarty Says:

    Ala! En el vídeo se ve como te abren todo el ojete! XD

    El vídeo está plagado de homenajes a otras pelis: el primer minuto es “2001, una odisea en el espacio”, los siguientes segundos son de “[REC]”, en el minuto 1:26 te ponen un aparatejo no muy distinto del que se usa en “La naranja mecánica”, del minuto 2:30 al minuto 3:30 es una recreación de la famosa secuencia del corte en el ojo de Buñuel en “Un
    perro andaluz”, y la música es la de “Bladerunner” (o la de Informe Semanal ahora no me acuerdo ;) ). Todo ello en un corto de 7 minutos!!!

    Ahora en serio, el vídeo se ve con una mezcla de asombro y asquito que hace que no puedas dejar de mirarlo, pero está muy chulo.

    Me alegro de que te incorpores al club de los teclarios clarividentes.

  3. Elina Tonekawa Says:

    Ja ja ja, gracias por el “análisis fílmico” del post, Moriarty… ¡hay referencias que hasta se me habían escapado a mi! ;-P
    (y eso que no habéis visto la parte del otro ojo, donde el “colgajo” se le enrreda al cirujano y me lo tiene que poner y quitar dos veces… ¡me pongo de los nervios cuando lo veo! :-[)

    Entiendo lo que dice el Mogur y es probablemente el mejor argumento para no operarse. Yo os puedo confesar que es curioso: meses antes de decidirte por la operación te restriegas la nariz y las orejas y proclamas solemne que no aguantas las gafas ni un sólo día más… pero según se acerca la hora, te despides de ellas con algo de morriña :)

    En fin, ¿quién sabe si las volveré a usar algún día? Hay toda clase de “presbicias” y enfermedades oculares sueltas por el mundo… y por lo pronto ya tengo una visita obligada a la óptica: he de cambiar los cristales de mis gafas de sol :o)

  4. Teclarios » Blog Archive » Una de cal y otra de ANECA Says:

    […] mi honor Teclario puesto en duda con mis últimos posts dedicados a la narración de aventurillas personales y otras fechorías de poca importancia […]

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