Heráclito y el arte

Querido Ndugu,

Cuando uno lleva unos pocos años en el mundillo de la informática, se da cuenta de que está contínuamente cambiando. Por ejemplo, si quieres eficiencia, lo mejor es ensamblador… no, ahora lo mejor es C… no, ahora lo mejor es C++… no, lo mejor ahora son los lenguajes que generan código para máquinas virtuales… no, lo mejor son los lenguajes funcionales. Y con cada corriente viene la explicación fundada de por qué eso es así (con la que puedes estar más o menos de acuerdo, claro).

Ay, el cambio, el cambio. Hay una cita que dice que “lo único constante es el cambio”, o “nada es permanente a excepción del cambio”. Parece que uno de los primeros que se dió cuenta fue Heráclito al que algunos atribuyen las frases anteriores.

Sin embargo, parece que uno se resiste a pensar que cualquier cosa pueda cambiar. Por ejemplo, a uno el cuesta entender que todo aquello que estudió en la escuela de niño varie. Supongo que puede deberse a que a esa edad todo parecen verdades absolutas, y, sobre todo, porque si esas verdades absolutas cambian estás reconociendo que ha pasado mucho tiempo desde que las estudiaste y que ya estás mayor…

Por ejemplo, me entero ahora, buscando información sobre Heráclito que incluso la mismísima frase atribuida a él “nadie se baña dos veces en el mismo rio” parece ser en realidad de una versión de Platón de la frase (esta sí) de Heráclito “En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]” (francamente prefiero la versión de Platón).

Con respecto a lo que estudiamos en E.G.B. (y que, como todo cambia, ahora se llama “educación primaria” y “educación secundaria obligatoria”), la primera novedad que llegó fueron las tildes, palabra que venía a sustituir a lo que de toda la vida se llamaba acento. Ahora, si quieres seguir viviendo en el pasado y seguir utilizando esa palabra, le tienes que poner como coletilla “ortográfico“, o “prosódico“.

Después vino lo de Plutón. ¿Alguien me puede explicar qué les ha hecho Plutón a los astrónomos para que ya no sea un planeta? El pobrecito estaba allí, viendo el Sol a 5 mil millones de kilómetros que lo deja a 44º Kelvin, girando “despacito” en su órbita de más de 248 años, y van y de buenas a primeras le dicen que es un planeta enano primero y un plutoide después. ¿No había otro nombre más feo? Hace unos años descubría que mi abuela al listar los planetas se quedaba en Neptuno porque cuando ella estudiaba aún no se había descubierto. Ante nuestras risas cariñosas, ella nos decía que eso era lo que ella había estudiado. “Abuela, pero eso ¡ha cambiado!” decíamos, seguros de tener la razón. Heráclito vino a salvar a mi abuela de nuestras risas y a darle la razón. Ahora resulta que eran nuestros libros de texto los que estaban mal.

Pues bien, ahora se suma a esta lista “El Coloso” de Goya. ¿Goya? ¿Goya? Pues no, ya no es de Goya. Hoy mismo los responsables del museo del prado, de cuyas paredes cuelga el cuadro, han anunciado que el cuadro no lo pintó él, sino un tal Asensio Juliá, uno de sus colaboradores.

Para que las editoriales cambien sus libros, la Wikipedia sus páginas (a esta hora ya lo ha hecho como puede verse en el diff…), y los que ya hemos dejado la escuela nuestra idea, se basan en unos símbolos que había en una esquina que parecían un “17″ y que ahora interpretan como “AJ”, las iniciales del ayudante. El Coloso
También dicen que los brazos del coloso no muestran los tendones a pesar de que el maestro era un perfecto conocedor de la anatomía al haber diseccionado cadáveres. Añaden a la lista las nubes que aparecen a la altura de las caderas del coloso, pintadas con espátula algo nunca visto en Goya. Y por si no nos convencemos, nos hacen notar la forma de caerse del caballo de un personaje en la esquina inferior izquierda. Parece ser que no sigue las leyes físicas, algo que no podría haber hecho nuestro genial pintor.

Yo, que me reconozco absoluto ignorante del arte, que soy incapaz de distinguir lo genial de lo mediocre en lo que a pintura se refiere, que no sé dibujar un árbol si no es binario, lo único que puedo hacer es ser un poco sarcástico.

En la rueda de prensa que he visto en la televisión la responsable advertía que el hecho de que El Coloso no fuera de Goya no rebajaba en ningún caso la genialidad del maestro, pero ¿qué pasa con el cuadro?
¿Ahora ya no vale nada? Desde el punto de vista artístico, ¿es ahora mediocre? ¿Que fué de “Esta obra es un preludio de lo que pronto el artista va a multiplicar en las pinturas negras“? ¿O de “técnicamente se inicia aquí el ciclo de lo que serán las pinturas negras” y “El cuadro debió de pintarse muy de prisa, en tres o cuatro sesiones, lo que contrasta con las técnicas lentas, estudiadas, sometidas a retoques continuos, de los pintores académicos. El detalle de las pequeñas figuras en caótico movimiento permite observar la evolución técnica del artista hacia un procedimiento de extraordinaria libertad, basado en una técnica de empaste de color en manchas deslavazadas y violentas.”? ¿Donde van todas esas palabras ensalzando la obra? ¿Son ahora menos verdad porque ésta no salió de los pinceles de un artista con renombre?

Pero no tachéis aún la página en vuestra enciclopedia hardware (si la tenéis), porque algún historiador aún se muestra reticente a aceptarlo (¿demasiado viejo para aceptar que estas cosas cambian?). Alega que “el cuadro es demasiado audaz para ser de Asensio Juliá [si el pobre Asensio levantara la cabeza…], por su composición centrífuga y su fuerza icónica”.

Espero que no me hagan los mismo con El Guernica y que en vez de Picasso sea de un artistucho sin renombre que haga que su valor baje y se empiece a decir que es feo. Lo tengo en un puzzle de 3000 piezas y llevo tres meses intentando terminarlo…

2 Responses to “Heráclito y el arte”

  1. Elina Tonekawa Says:

    “¡Oh, dios mío! ¡Han matado a Plutón!… ¡¡¡Hijos de plutaaaaaaa!!!”

  2. Moriarty Says:

    ¡Bravo! Muy buen post. Bien largo. ¡Y de actualidad!

    Creo que lo clavas: lo que aprendes en la infancia se graba a fuego en el cerebro como una verdad absoluta e inmutable.

    Cualquier cambio te hace sentir estafado. O, casi peor, pensar que se equivocan y para ti las cosas seguirán como hasta ahora. ¿A qué te vas a agarrar si todo cambia?

    Nos hacemos viejunos, amigos. La resistencia al cambio es sólo el primer síntoma.

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