Informe Tailandia & Bali 0.1

tailandia.JPGCon intención de redimirme por no haber posteado este verano (¡después de haberlo prometido tan sinceramente!), voy a compartir con vosotros la experiencia “PhileasFoggeana” de haber pasado 15 días conociendo Tailandia y descansando en la famosa isla de Bali (Indonesia).

Antes que nada, un aviso importante: no soy aficionado a viajar. Aunque hoy día asumimos que todo el mundo adora los viajes, los libros y las experiencias exóticas, lo cierto es que para mi 15 días sin Internet (y sin ese consuelo del sofá y la tele antes de dormir) representan un sacrificio excesivo que en muy pocas y extraordinarias experiencias puede encontrar compensación >:)

Mi condición de “no travel freak” tiene una serie de ventajas e inconvenientes. Una ventaja es que (aunque este post parezca indicar lo contrario -véase ególatras en la Web 2.0 :-) no soy de los que disfrutan presumiendo de lo exclusivo de sus viajes, ni de los que me dedico a aburrir a la gente con abrumadores detalles de todas y cada una de las anécdotas irrelevanes que suceden en ellos… por otro lado, los verdaderos amantes de los viajes tal vez echen en falta un poquito más de entusiasmo y detalle al relatar estas historias, fruto de sacarle el mismo partido al trayecto de lo que lo podría sacarle un turista “casual” cualquiera :-/

Espero que por lo menos mis vivencias en el sudeste asiático os resulten entretenidas :) Para no enrrollarme las condenso en X puntos (al estilo de estas guías que te dicen “las 10 cosas que no debes de dejar de hacer si vas a Tailandia”). Quien quiera más información, que pregunte :P

  • Belleza natural. Sin desmerecer a las tailandesas (suaves y juveniles rostros asiáticos, cuerpos tal vez demasiado estilizados para mi gusto…) la belleza del “País de las Sonrisas” está en su flora (y en su fauna, para quienes les gusten los bichos). Darse un paseíto en elefante por la selva, o montar en lancha por los mercados flotantes, o conocer a las tribus venidas de países vecinos -como las mujeres “jirafa” son actividades apetecibles y (sobretodo esta última) verdaderamente “especiales”.
  • Belleza “cosmopolita”. A quien les guste la urbe, que se queden con Bangkok (más de 10 millones de habitantes, comercio infinito, atmósfera agobiante y pegajosa, motos, tuk-tuks y vehículos de todo tipo atestando las calles…), yo prefiero ciudades más pequeñas y fresquitas como Chiang Mai, más manejables. Aunque indudablemente Bangkok estará lleno de rincones ocultos y misterios deliciosos por descubrir… ¡para quien tenga el tiempo y la habilidad para encontrarlos!
  • Compras. Tailandia (y supongo que otros tantos países asiáticos) debe ser algo así como el “mercadillo” del planeta… los nativos han descubierto que no hay nada mejor ni más sencillo para aprovecharme del turista capitalista que venderle cualquier cosa. Ya de por si la vida -vista en euros- está muy barata allí (sueldo medio como 1/4 del mínimo español), pero además el negocio de las imitaciones y las “chucherías” de todo tipo inunda casi cualquier calle de casi cualquier ciudad del país. Hay que regatear, y mucho, pero se consiguen cosas baratas en todas partes. Si os gusta y se os da bien esto del shopping, ¡comprad maletas de sobra!
  • Cultura y religión. Mandee? Ah! Sí, la tierra de Sagat (vease esta mierda de post en Wikipedia) es un país de tradición budista, con muchos templos de culto “theravada” (siglo XI en adelante) adornados con figuras estilizadas con una característica llama de fuego sobre la cabeza de Buda (seguro que la habéis visto). En su historia se han visto bastante influidos por los chinos (11% de la población actual) y en sus tradiciones hay una mezcla de influencias de países cercanos, pero nunca de influencia directa occidental, al ser uno de los pocos países de Asia que no fue colonia europea.
  • Gastronomía. Yo diría que similar a la china ligeramente “estandarizada”… el arroz es el rey de muchos platos, incluso para elaborar pasta como los tallarines. Carne de todo tipo (matar animales está mal visto, pero todos se pueden comer si te los mata el carnicero musulmán de turno), especiada con la mala leche que sólo la influencia india (¿indonesia?) puede traer consigo, je je. Para el postre, PIÑA, para el niño y la niña; te la encontrarás en cualquier parte, aunque hay multitud de frutas tropicales exóticas que probar, algunas muy interesantes. Y postres de arroz, aunque poca bollería interesante (el café y el pan, como siempre: como en España, no lo hay en ningún sitio). En general, bueno y sabroso, ummm… aunque no dimos con nada que realmente nos hiciera caer de espaldas (bueno sí, mugrientos puestos ambulantes, cucarachas a la romana, cubalibres de pitón y otras delicatessen que nos abstuvimos de probar… ejem)
  • Política. Mejor no hablar: un rey que lleva 60 años en el trono, dueño de media Tailandia, muy amiguito de diversos grupos militares que cada ciertos años dan un golpe de estado y enderezan la constitución “a su manera”. Malgasta millones de euros en autobombo y es una figura intocable por ley (¡cuentan que a un turista que se marcó un grafiti en uno de sus carteles le han caído 20 años!). Hay que llevarse bien con este tipo… pues la pena de muerte sigue vigente en el país, aunque sólo para crímenes más “brutales”.
  • Seguridad/Salud. En el país no se respira tensión contra los extranjeros ni parece haber más delincuencia que en otras partes del mundo. Las zonas visitadas habitualmente por turistas no entrañan mucho riesgo, pero es cierto que el agua corriente no es recomendable (de hecho en muchos sitios ni siquiera es potable) y que en la jungla fronteriza con los países menos desarrollados hay mosquitos que pueden contagiar enfermedades como la malaria. Nosotros fuimos a pelo (¡con dos cojones!) y volvimos sanos y salvos (una gastroenteritis de rigor que atajamos enseguida y listo)… aunque eso no significa que ir prevenido sea perder el tiempo ;)
  • Anécdotas. Algunas, no demasiadas… como la de los monos encabronados de los templos, adiestrados en el robo de gafas, pendientes y collares a los turistas; o la de los “falsos maleteros” que te llevan la maleta con ruedas dos metros y medio y pretenden cobrar 5 euros (las propinas, aunque casi obligatorias, son en realidad mucho más bajas); etc.

Bali (¡por mencionar algo de Indonesia!) resultó ser una isla encantadora, con una cultura propia, monumentos hermosísimos y gente incluso más simpática que en Tailandia. Toda una sorpresa: nosotros fuimos en plan “resort”, a darnos a los lujos del turista remolón, para descansar tras la parte más dura del viaje… pero la excursión por la isla mereció mucho la pena (sus gentes se liman los dientes para “pecar menos”, celebran los funerales con gran jolgorio y hacen que la isla entera se paralice con el más riguroso luto cuando llega la fiesta de Año Nuevo).

Como dije antes, una pena no ser aficionado al surf, al senderismo, al “snorkelismo” y todos esos entretenimientos que se pueden disfrutan por la zona… ¡ah, también las puestas de sol -dicen los románticos y entendidos en fotografía- son fuera de lo común! Aunque para mi lo realmente fuera de lo común fue desayunar arroz tres delicias, tortilla de patatas y genuinas torrijas en un mismo desayuno (¡ÑAAAM!).

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.