La Enésima Puerta
Una historia de terror basada en hechos reales sobre la torpeza y los peligros derivados de convivir con un tesinando con reblandecimiento cerebral.
- Dedicada al Mogur, mi verdugo y mi héroe, y a mis compañeros teclarios (I love you, guys. Perdonad este estreno tan fuera de tono en el blog y disfrutad la sin pudor la anécdota veraniega)
(uuuuuhhhhh uhhhhhhhhhhhh - sonido fantasmagórico para entrar en ambiente-)
PARTE I
Un servidor se presenta en su despacho compartido con otros teclarios cosa de las 14:00 (empezamos bien, horario científico de verano). Dice “vaya, no hay ni Dios” (ya ves tú que raro) “estarán todos comiendo, voy pa’bajo”. Antes de bajar a comer deja su bolsa con sus cosas en el despacho y pasa a echar una mirada al casillero. “No hay correo, que sinvergüenzas son los de la revista EDGE España que nos deben 4 números atrasados desde diciembre >:( En fin, a comer”.
En la comida gozo de la compañía de los pocos frikis ¿respetables? que aún quedan en la Facultad de Informática y siguen currando a finales de julio. Mogur, Hugo de Payens, Moriarti, el Beclario, etc. están acabando de comer, pero justo llega el boss (director de tesis) así que la conversación y la sobremesa se torna animada y se alarga (”la tesis para ayer!!!” “sí, sí, ya está casi casi casi”… en fin, lo de siempre).
Tras un buen rato de cháchara, vamos a ver si nos dignamos a empezar a currar antes de que se ponga el sol y salga la luna llena: me dispongo a aparecer por el despacho. Al llegar, ahora la puerta está abierta, el Beclario está dentro, pero…. mi mesa vacía… ¿y mi monitor?… ¿y mi puñetera bolsa??? ¡¡¡¿Y MI PUÑETERA BOLSA CON TODAS MIS COSAS QUE DEJÉ EN MI MESA ANTES DE IR A COMER?!!! Dios, hablo de la cartera, el disco duro portatil con todo, mis correos, la tesis, mis programas, mi documentación, la tesis, mi dinero, mis cuadernos de notas, LA TEEESSSSIIISSSS, la la la cartera con todo… Dios. Alguien ha entrado en el despacho y se ha llevado mi monitor y mi puñetera bolsa CON TODO DENTRO!!!
Voy a ver al director del departamento y al de mi tesis. Debo estar pálido o azulado, por la cara con la que me miran. “Estoy preocupado… no está mi monitor ni mi bolsa”. “¿Tú bolsa?” “Sí, mi bolsa con… todo! … incluso LA TEEEESSSIISS. No está. Alguien ha debido entrar… alguien ha debido dejar la puerta abierta”.
Vamos los tres al despacho, el Beclario flipa: “¿han entrado a robar un monitor de 21 pulgadas - modesto armatoste- y tu bolsa? ¿y mi PDA y mi superportátil de medio kilo de los de antes que estaba justo aquí al lado no los cogen? Ummm… no tiene sentido”
Los dos directores y el Beclario van lanzando hipótesis, “¿y si el tipo cogió tu bolsa sólo para ocultar el monitor? Tal vez esté tirada por ahí, en una papelera, un baño de la Facultad, un contenedor de basura”. “Claro, lo malo no es el monitor, lo malo son tus cosas”. No parece que vaya a ser fácil de encontrar. “Mierda, alguien ha dejado la puerta abierta… ¿y si he sido yo? La madre que me pa…” Voy a buscar, voy a buscar por todas partes. Dios -me sorprendo a mi mismo- los dos pensamientos que dominan mi mente son: “mi teeeesssiiiis”, y “que ladrón más elegante, fíjate: ha ido ha robar JUSTO al que probablemente tenga la culpa de que la puerta quedase abierta”
Si es que me lo tengo merecido. Sí, fui yo… ¡cuando fuí a mirar el correo! Eso es: esperaba recoger correo, por lo que no llegué a cerrar la puerta del despacho mientras que iba a registrar mi casillero, pero no había nada, así que extrañado maldige a los de EDGE y no regresé al despacho sino que bajé directamente a comer sin cerrar la puerta. La cagué, amigos, lo siento… puse vuestras pertenencias en peligro y ahora me toca pagar por mis pecados :,-(
…
El director del departamento: “Beclario ¿tú encontraste la puerta abierta al subir?” “No, estaba cerrada”. “Ummm…” Mientras yo me dispongo a peinar los arrededores de la Facultad, el director decide llamar por teléfono al Mogur y a Hugo de Payens a ver si ellos la encontraron abierta, para saber cuando fue el momento del robo.
Y efectivamente, sí, Mogur responde con toda naturalidad: “Claro, la encontramos abierta. Y le escondimos (a mi) sus cosas detrás del armario. Pero vamos, que le dejé un post-it… y pensaba llamarle cuando estuviera en casa >;) ” :-OOOO Jaarrrrllll. De la alegría de reencontrar mi monitor y mi bolsa me entra el síndrome de Estocolmo “¡Qué alegría, Dios!, Mogur… tio, eres un colega: ¡te debo una!”. No me lo puedo creer: está todo :-DDD Los demás se parten.
El Beclario: “ya veo el postit, mira, miralo ahí, casi DEBAJO de la mesa. Vaya hijoputas, menuda lección te han dao” XDD
Y que lo digas.
PARTE II
Horas después, estamos charlando tranquilamente en el despacho, habiendo asimilado el pánico, luego la alegría, luego la risa y luego agradeciendo la colaboración a los buenos de los directores y el Beclario (y Mogur, que sigo viéndole como a mi salvador).
Moriarty: “Hombre, a quien no le ha pasado alguna vez? Siendo la puerta de aquí, del despacho, y no de casa, pues…”. Yo: “No, si es que también me ha pasado en CASA”. Todos: “¿¿Cómooo??”
¿Os imagináis lo que es subir en ascensor a casa y ver TU PUERTA DE TU NUEVA CASA, blindadita y maciza ella, abierta DE PAR EN PAR, como si fuese la de una tienda de todo a cien. Sí, me pasó. Y con dos cojones me dispuse a hacer frente a unos presuntos ladrones (inexistentes) armado con la primera arma que uno puede aferrar cuando accedes a una vivienda desde el exterior: EL PARAGUAS. Un arma letal en manos de alguien entrenado para matar. Técnicas conocidas por todos como el hablar en voz alta, explorar cada habitación minuciosamente siempre con el arma en la mano por si aparece un ex-militar ladrón de un país del este a atacarte, al tiempo que dejas un pequeño márgen en el pasillo para la facilitar una posible huida del islamista terrorista y suicida que podría estar oculto en el dormitorio. Ese trayecto dura hasta la cocina, ¡se te hace eterno! donde uno coge EL CUCHILLO DE CARNICERO (arma de + 25 cuerpo a cuerpo) con el que ya sí te sientes realmente seguro y te creces para registrar hasta debajo de las camas, detrás de las cortinas, etc. Ni los geos habrían registrado tu domicilio en menos tiempo y con tanta efectividad. La adrenalina obra milagros.
Para cuando acabas te dices a ti mismo “y si voy a cerrar la P*** PUERTA DE MI CASA, NO TE PARECE???” Ya vale de que el vecino de enfrente me vea hacer el corki desde la mirilla, que se estará pegando una panzada de reir al ver al Jean-Claude Van Damme casero del paraguas y el cuchillo de carnicero en las manos, pegado entre las esquinas de su propia sala de estar. Demasiado Counter-Strike… y luego menuda tarde más tensa… ¡hasta que no volvió mi señora a casa sentía como una sospechosa presencia en cada rincón… un misterioso aliento en el cogote que helaba la sangre! ¿y si ÉL, lo que quiera que sea, sigue ahí escondido?
…una presencia maligna, que hoy día pienso probablemente sea la DEMENCIA que causa el agotamiento del doctorando compulsivo, que en mi caso se manifiesta en dejar TODAS LAS P**** PUERTAS ABIERTAS tras de mi ¿Será fruto de mis deseos inconscientes sobre lo que creo más conveniente para mi futuro profesional? ¿no hay que cerrar la puerta a la empresa? ¿a qué tenemos miedo, de qué huimos los teclarios? uuuhhhhhhh uhhhhhhhhhhhhhh:)
Hoy la del despacho, ayer la de mi casa… mañana, amigos míos… ¿cual será la de mañana?
Si me invitas a ir a tu casa a una fiesta, o me llevas a conocer el chalecito de tus padres en la sierra, o a entrar en la guardería de tus hijos… TIEMBLA, pequeño, TIEMBLA… tal vez una puerta, la enésima, quede ABIERTA TRAS DE TI.
July 28th, 2007 at 1:03 pm
Bueno, eso está bien. Te comportas como un cochino traidor, haciendole una jugarreta de la leche a tu compañero de despacho y encima te lo agradece
En serio, no pretendía que la broma llegara “tan lejos” y te preocuparas tanto por el tema.
La idea era que cuando subieras de comer, se supone que yo iba a estar, tú te dieras un sustillo, y a los 20 segundos contártelo… pero como dices en la entrada, te entretuviste hablando, y claro, yo me fui, y el calvario se alargó
En mi defensa, tengo que decir que puse el post-it… aunque es cierto que “un poco escondido” para que no lo vieras nada más entrar, sino cuando buscaras la bolsa como un desesperado
En cuanto a tus despistes… Bueno, me recuerda a la anécdota convertida en chiste o chiste convertido en anécdota:
Un profesor va pensativo caminando por el campus cuando un estudiante le para y le hace un par de preguntas. Cuando terminan, al despedirse, el profesor antes de empezar a andar dice:
- Oye, perdona, cuando nos hemos encontrado ¿de dónde venía?
- Pues venía de allí - dice el estudiante señalando.
- Ah, vale, entonces ya he comido…
Aunque es un chiste famoso (basta con buscar en google la frase “entonces ya he comido”), un profesor de nuestra facultad que suele dejar caer unas perlitas que no tienen desperdicio se lo hizo a un alumno hace ya algunos años, para regocijo de los estudiantes (entre ellos yo
).
Aunque en realidad, como decía, no sé si es un chiste o es una anécdota real reconvertida a chiste, porque en el libro “Una mente prodigiosa” de Sylvia Nasar (que dió lugar a la película “Una mente maravillosa), leí la misma anécdota atribuída a un profesor de Standford…
–
… Vivir en las nubes no es malo. Lo malo es bajar.
July 29th, 2007 at 9:10 pm
Del post:
El Beclario: “ya veo el postit, mira, miralo ahí, casi DEBAJO de la mesa. Vaya hijoputas, menuda lección te han dao” XDD
Menos mal que el autor de la lección estaba al otro lado del teléfono y sabe de primera mano que mi reacción fue mucho más mesurada…
July 30th, 2007 at 9:25 am
¡Bravo por el post! No sé cuál de las dos historias es mejor.
Y joder con los métodos docentes de El Mogur. ¡Cómo deben de sufrir sus alumnos!
Yo también soy un despistado como Elina Tonekawa, pero mi hipersensible paranoia evita que me deje las puertas abiertas porque soy capaz de volver desde la calle a comprobar si la he dejado abierta o no.
A todo esto, ¿Elina Tonekawa? ¿de dónde ha salido ese nombre? ¿es alguna transformista japonesa? ¿no había nicks más comunes? ¡Madre mía qué raritos sois!
September 6th, 2007 at 12:34 pm
JAJAJA Coño, si es que me forzásteis con lo buscar un nick… leí el “Abdul Alahasahaui” de Miki (o lo que sea) y me hice caquita ¡os lo juro!… ¿¡cómo demonios podría dar yo con un nick así de chungo!? así me creé un frankestein de nombres con personajes frikis de los mangas que más me han gustado.
Osamu Tezuka es mi autor favorito, os recomiendo leer cualquier de sus obras (por ejemplo Fenix, que tiene una parte de ciencia ficción)… aunque yo creo que ni leyendo todo eso podríais sacar todas las piezas del nick… estoy enfermo XD