Querido Ndugu,
No sé si te lo he dicho alguna vez, pero supongo que por los otros escritos míos y de otros teclarios habrás deducido que los caballeros de la Santa Tecla que por aquí pasamos estamos relacionados con la Universidad, bien como “personal docente” o como bec[L]arios. Y, por cierto, el uso de “personal docente” en lugar de “profesor” no es por casualidad, pues resulta que la figura docente “Ayudante” es ayudante a secas, y no “profesor ayudante”.
Pero bueno, que me voy por las ramas…
Ya hemos hablado alguna vez sobre lo que nos cuesta (en dinero) hacer algunas cosas; en particular, ya comentamos lo que cuesta una tesis e incluso lo que cuestan nuestros artículos, pero hoy vengo a hablar de otra cosa: la burocracia. Y, matizando más, no voy a hablar de los papeleos que tenemos que hacer cuando tenemos que enviar un artículo a un congreso, inscribirnos en él, buscar vuelos y hoteles, pedir permisos de desplazamiento y bolsas de viaje o justificar los gastos. No. Tampoco vengo a hablar de la creación de fichas docentes, rellenado y firmado de actas de notas, solicitud de alta en la Wifi de la Universidad, solicitud del complemento retributivo, solicitud de compra de libros a la biblioteca, memoria de actividades, o PDA. No. Vengo a hablar de la burocracia con mayúsculas. Vengo a hablar de la ACAP a la que ya hemos nombrado alguna vez.

Bajo estas siglas se esconde la “Agencia de Calidad, Acreditación y Prospectiva de las Universidades de Madrid”. Para los profanos a esto, la ACAP es una agencia externa que evalúa al aspirante a formar parte del “personal docente” de una Universidad, o a los que, estando ya dentro, aspiran a cambiarse a una categoría profesional mejor. La idea es la siguiente: si quieres optar a una plaza convocada por una Universidad la ACAP debe haberte evaluado favorablemente para esa figura; si no, no puedes optar a ella. Para terminar la explicación, diré que la ACAP es prima-hermana de la ANECA, siendo la mayor diferencia que la primera atañe únicamente a la Comunidad de Madrid, mientras que la segunda es nacional (es decir, si la ACAP te permite presentarte a una figura concreta, sólo lo podrás hacer en las Universidades de la Comunidad de Madrid; si quieres optar a una plaza en otra comunidad, tendrás que tener el permiso de la Agencia Nacional, o de la “agencia local”, si es que existe).
Bien, pues hoy se acababa el plazo para solicitar la evaluación. Y eso es lo que he hecho esta mañana. He estado en el registro donde he entregado una descripción de toda mi vida desde que entré a estudiar Informática, con una cabeza plagada de sueños y los bolsillos llenos de juventud. Y como lo tengo reciente aquí van mis reflexiones.
En principio, la solicitud es básicamente una hoja en la que pones tus datos personales y qué solicitas (figura para la que quieres la evaluación). Después de la hoja, viene tu Curriculum Vitae. Cuando salí de la carrera, creía que un CV era utilizar el asistente del Word y poner ahí las cuatro cosas que tenías. Pero no. En la ACAP hay que rellenar un curriculum normalizado, en el que fijan exactamente qué cosas les interesan de tí (tus entradas en este blog no les importan, por ejemplo; tu título de grado inicial de música tampoco).
Hasta ahí, lo veo razonable. Los evaluadores así tendrán uno montón de solicitudes, pero todas ellas con el mismo formato. La convocatoria, además, da unos baremos en los que aparece cuántos puntos (como máximo) se pueden dar por cada línea que pongas. Es casi como corregir un exámen tipo test.
El currículum, aparentemente sencillo de rellenar, esconde un agujero negro: la columna “Justificante Número“. Tienes que dar justificantes de todos los méritos que pongas, numerarlos y entregarlos ordenaditos. Porque:
- No te vale decir que eres doctor. Tienes que justificarlo fotocopiando el título o el impreso de haber pagado.
- No te vale indicar qué asignaturas has impartido. Tienes que proporcionar un certificado firmado por el Decano o Secretario de la Facultad a la que pertenece la asignatura. Y si has dado clase en tres Facultades distintas, tendrás que molestar a los tres Decanos/Secretarios.
- No te vale decir que das clases en un máster. Tienes que adjuntar un certificado firmado por el Vicerrector responsable del título propio que lo acredite. Para que éste lo haga, tendrás que llevarle un certificado del director del máster que es, al fin y al cabo, el que sabe cuántas clases has impartido.
- No te vale con decir que has dado N asignaturas con sustancial diferencia de programas entre ellas. Tienes que adjuntar las fichas docentes de todas (aunque las impartieras hace 5 años), firmadas o selladas por la Secretaría de Alumnos o algún otro poseedor de sello oficial.
- No te vale decir que has dirigido algún trabajo. Tienes que dar un certificado firmado por Secretario/Decano o Vicerrector responsable del título en el que lo has dirigido.
- No te vale decir que has estado involucrado en un Proyecto de Innovación Educativa. Tienes que dar un certificado firmado por el Vicerrector asociado.
- No te vale decir que has estado en un proyecto de investigación. Tienes que adjuntar un certificado firmado por el investigador principal, y una copia de la carta de concesión del proyecto.
- No te vale decir que has escrito un artículo en una revista (con o sin índice de impacto), libro docente, traducción, capítulo de libro o ponencia en un congreso. Tienes que adjuntar la portada del libro/revista, el índice y la primera y última página del artículo. Además, si añades información que refleje cuán importante ha sido esa contribución para el mundo, la cantidad de prestigio que tiene esa revista y/o lo duro que son los revisores, más posibilidades tendrás de que la puntuación final de esa línea de tu CV se acerque al máximo que te pueden dar dentro de la horquilla del baremo.
- …
La lista sigue incansable por todos y cada uno de los puntos del currículum, involucrando no solo tu trabajo en la búsqueda de toda esa información, sino también molestando a las “manos que firman” para que te hagan los certificados oportunos, de los que, menos mal, únicamente el certificado de notas y los títulos cuestan dinero (afortunadamente no hay que entregar los originales…).
Para darle aún más emoción al asunto de rellenar el currículum, resulta que hay que utilizar una aplicación Web para hacerlo. Este año han hecho un manual así que deberíamos estar contentos porque hace dos años la aplicación fallaba tanto que se perdían los datos a cada rato (yo opté por hacer el curriculum a mano…).
En cualquier caso, el uso de esta aplicación Web supone aún más tiempo de dedicación a la elaboración de la solicitud, y tiene infinidad de deficiencias y pegas, algunas de las cuales detallo aquí:
- Si rellenaste el Curriculum en la convocatoria del año pasado, los datos se conservan, pero “la ACAP advierte que el nuevo Curriculum Vitae no coincide plenamente con el anterior, por lo que cada solicitante deberá revisar que los datos importados corresponden a sus méritos” (¡¿algún trasgu informático?!).
- La página de entrada no pide contraseña. Estamos metiendo todos y cada uno de nuestros datos, toda nuestra vida profesional, y no estamos protegidos por contraseña. Nuestro usuario es el DNI y fecha de nacimiento, y lo que hace las veces de contraseña es el número de solicitud que, por supuesto, cuando lo rellenas no aparece con los típicos asterísticos de contraseña.
- La página sólo funciona en Internet Explorer. Cuando en la ACAP te dicen “Optimizado para Internet Explorer” están queriendo decir “Únicamente funciona en Internet Explorer”.
- La página te da una incorrecta sensación de seguridad. Cuando vas añadiendo líneas al Curriculum, debes pulsar un botón con un símbolo de “Tick” que te hace pensar que la información se ha grabado en sus bases de datos… pero no. Hasta que no le das al botón “Guardar” que hay al final de la página no se graba. Si llevas un buen rato copiando datos dando al Tick, y finalmente das a Guardar, es posible que la sesión haya terminado, y te redirija a la página de “login”, perdiendo todo aquello que tú creías ya a buen recaudo.
Pero lo peor son los números de los justificantes. Si en algún momento, cuando ya estás rellenando el “otros méritos” (la última parte del CV) te das cuenta de que se te ha olvidado añadir un artículo, significa que tienes que añadir una nueva línea en el medio del curriculum. La aplicación te deja hacerlo perfectamente, pero… ¿qué ocurre con el número de justificante? La normativa indica que éstos deben estar ordenados. Eso significa que no vale poner el último número por el que ibas cuando terminaste los Otros Méritos, sino que tienes que poner el número siguiente al de la línea anterior … y hacer un renum cambiando una a una todas las líneas para que tengan bien los números. La otra opción es no numerar los justificantes hasta el final. En cualquier caso, cambiar el número de un justificante implica dar con el ratón tres botones y poner el nuevo número (no va a funcionar el teclado para dar a los botones, no te molestes en preguntar).
Espero que con esto te hagas una idea de lo que supone en tiempo. Tiempo que no dedicamos a investigación. Tiempo que no dedicamos a prepararnos nuestra clases. Tiempo tirado a la basura. Tiempo pagado por el estado. Tiempo perdido que nunca vuelve a encontrarse. En otros méritos me vi tentado a poner como mérito adicional el haber rellenado la solicitud. Al fin y al cabo en ese tiempo podía haber estado investigando para tener una línea (o media, o un cuarto) más en el curriculum, pero ahora no la tengo.
Y a ese tiempo hay que añadir recursos materiales. Mis justificantes han ocupado, entre fichas docentes, BOEs, artículos y certificados, cuatro bonitos tomos de papel que terminará en el mejor de los casos en un contenedor de papel reciclado. Estimo que esta mañana he entregado más de 500 hojas para justificar todo lo que decía haber hecho. A eso hay que añadir todas las que he “desaprovechado” en el proceso, imprimiendo copias temporales del Currículum, para comprobar si estaba todo bien, BOEs con baremos, preguntas frecuentes, explicaciones sobre los baremos, currículums anteriores, etc.
Y ahora multiplicad esos gastos de tiempo y recursos, por todos los becarios, Ayudantes, Ayudantes Doctores y Colaboradores de la Comunidad de Madrid que hayan solicitado la evaluación (según las publicaciones de la ACAP en 2004 fueron 3844, en 2005 3129 y en 2006 1671). Tiempo que no se ha dedicado a mejorar la forma en la que damos las clases, o a la investigación. Dinero que se ha tirado por la borda.
Y ahora queda la otra parte, la que ya los solicitantes no vemos. Toca establecer los comités que nos evaluarán, la gestión de todos esos Currículums que ya están viajando hasta la sede central en Gran Vía, el propio proceso de evaluación… La ACAP reconoce en las mismas publicaciones que los gastos e inversiones que ha tenido que hacer han sido de 133.050€ en 2004, 134.550€ en 2005 y 99.600€ en 2006. Encima, los documentos no aclaran si eso sólo ha sido los costes directos de los evaluadores, o también el resto de costes…
Y ahora queda la ANECA.